El champán espera enfriándose

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La selección francesa de rugby acumula tres derrotas en otros tantos partidos de la actual edición del VI Naciones. Al desastre por los malos resultados le acompaña el bajo nivel de juego. La pobreza del actual XV del Gallo se ve reflejada en la magra cifra de puntos anotados, solo 37, y en la consecución de solo tres ensayos, dos frente a Italia y uno contra Inglaterra. La gran favorita antes de empezar el torneo tiene como objetivo próximo reencontrarse consigo misma y evitar la humillación de la cuchara de madera, dudoso galardón que recibe quien pierde todos los partidos.

Tres partidos jugados, tres partidos perdidos. Esta tarde en Dublín, frente a una irregular Irlanda (18.00 horas), Francia tiene la penúltima oportunidad, convertida casi en una obligación, para cerrar la fea herida que se le ha abierto. Ni frente a la débil Italia, ni contra Gales en París, ni logrando la machada en Londres: en ninguno de estos choques han respondido les bleus, favoritos por camiseta y plantel contra cualquiera de los combinados del Viejo Continente.

El último éxito de los galos en el VI Naciones data de 2010. En aquella edición, Francia alcanzó el título con un incontestable Grand Slam y una abrumadora sensación de superioridad sobre los rivales. Desde entonces, las actuaciones del equipo francés en el vetusto torneo del invierno europeo han sido decepcionantes: dos derrotas en cinco partidos en 2011, otras dos y un empate en 2012 y el actual desastre, susceptible de hacerse aún mayor, en este año. Solo la buena actuación en el Mundial de 2011, donde fue subcampeón por detrás de la anfitriona Nueva Zelanda, mitiga la sensación de pobreza.

Recaen las críticas del 2013 en la pareja de cerebros que jugó frente a Italia y Gales, Maxime Machenaud y Frédéric Michalak, medio de melé y apertura respectivamente. Pero en los últimos años han desfilado por esas posiciones jugadores tan distintos como Morgan Parra y François Trinh-Duc (ambos de inicio contra Inglaterra), Julián Dupuy, Lionel Beauxis y Dimitri Yachvili entre otros. Tampoco la primera línea, ni la segunda muestran su potencial destructor frente a la delantera rival. Y el paquete de tres cuartos, exquisito de calidad, parece chirriar con la presencia del potente Mathieu Bastareaud.

El debate sigue abierto en torno a dos ideas que aún no han convergido sobre la hierba. Potencia y choque o juego abierto y a la mano. La Francia de principios de siglo fue olvidando su hermoso juego encadenado y prefirió mejorar las prestaciones físicas de su quince. Los títulos llegaron; también la pregunta sobre la idoneidad de ganar así. Dejaron la dirección gala Bernard Laporte y su sucesor Marc Lièvremont, acusados de haber desnaturalizado el flair francés. Llegó el pasado año Philippe Saint-André, adalid de la exquisita propuesta de la década de los 80, pero el equipo no ha mejorado ni se ha reencontrado.

La delantera francesa en el partido contra Galés. Fuente: FFR
La delantera francesa en el partido contra Galés. Fuente: FFR

Dinamismo, velocidad en la transmisión, plasticidad, arte. Términos que resuenan antiguos viendo a la Francia actual que genera su (escaso) juego sobre la capacidad física de sus hombres. La propuesta, rácana y desnortada, no gusta en un público que ha visto mejores tiempos, mejores ideas. Se aleja el rugby champagne, se pierde la esencia. Ni siquiera los resultados sirven como coartada.

Pero la identidad no es solo el problema de esta última Francia. El país galo dispone de un elenco abrumador de jugadores con nivel suficiente como para ser seleccionados, pero no encuentra un equipo. No hay pegamento ni espíritu que haga funcionar a tal abanico de figuras. Uno por uno, posición por posición, el equipo galo es el más poderoso de todo el torneo. Pero la superioridad no se ha plasmado en ningún marcador. Tampoco en actitud y entrega se han impuesto a ningún contrincante.

El XV del Gallo se paseó en los últimos test matches de noviembre imponiéndose a tres grandes selecciones del hemisferio sur, si bien dos de ellas, Argentina y Australia, acudían a Europa en el final de sus temporadas y tras la disputa del Rugby Championship, torneo que enfrenta a los mejores combinados australes. La ventana de otoño insufló a los galos favoritismo para el VI Naciones, condición que no se ha visto ratificada. Contra Irlanda, la Francia de Saint-André intentará descorchar la botella.

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