El ‘Chachismo’ como modo de vida

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Sergio Rodríguez lanzando a canasta.
Fuente: A. Villalba (ACB Photo)

Bote con la izquierda, pase entre las piernas, bote con la derecha, mirada al tendido y Slaughter sólo tiene que machacar. Esto se está convirtiendo en rutina en el Real Madrid. El Chacho siempre saca una sonrisa a la gente.

Un verano de 2004, Sergio Rodríguez Gómez maravilla en el Europeo Junior donde España se colgó el oro. Un joven muchacho, aún con esa barba incipiente de 17 años, con pelo corto y con cara de ir a misa todos los domingos, el de La Laguna sobresalía entre los fuertes jugadores lituanos, quienes después le corearían: “¡MVP, MVP!”.

De ese torneo también saldría su apodo, el Chacho, algo que se le ha quedado y que algunos han modificado para crear una especie de religión. Quizás no llega hasta ese extremo, pero la vida de Sergio Rodríguez se ha vuelto a unir, en el mismo punto donde empezó su magia. Si en aquel Europeo se empezó a rumorear con su salida a la NBA, no lo es menos en estos momentos.

“He comprado una entrada para ver jugar a Sergio”, “no me arrepiento de sacarme el abono sólo por ver en directo al ‘Chacho’” o “es un lujo ver cada semana jugar a este hombre” son algunas frases habituales de aficionados en el Palacio esta temporada. Y es que el showtime ha vuelto a lo grande a Madrid, de la mano de Sergio Rodríguez.

No es extraño verle cada semana en las jugadas destacadas, ni de servir en bandeja canastas a sus compañeros. El grancanario hace las veces de bailarín de claqué, sus pases por la espalda son como un molino de viento que saca agua y sus pases entre las piernas parecen llegados de la mismísima NBA. Además, la dificultad para quitarle el balón se asemeja a la dificultad con la que una anciana intenta coger una mosca con la mano.

Él tiene gran parte de culpa de que los de Pablo Laso lleven 21 victorias consecutivas. Está, sin duda alguna, en el mejor momento de su carrera; porque los grandes jugadores siempre resurgen de sus cenizas. Él lo ha hecho, ha madurado mucho tras los golpes sufridos, tras los pitos de aquellos que ahora no tienen más que rendirse ante su calidad. Ya tomó la mala decisión de irse a la NBA hace siete años. El Palacio le grita que se quede, el Palacio le grita que traiga la Novena.

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