El cambio climático es un hecho

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La temperatura de la Tierra aumentará 0,7 grados sobre los 0,8 que ya alcanza. Esta estimación de 1,5 grados traerá nefastas e irreversibles consecuencias para la calidad de vida terrestre.

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Un preocupante informe amenaza nuestra calma

Esta imperturbable calma se ve seriamente amenazada a raíz del nuevo informe que ha publicado el Banco Mundial recientemente. En él, no solo se señalan una serie de graves e inminentes daños que afectarán directamente a la vida humana, sino que se anuncian para antes de mediados de siglo.

Dicho informe, basándose en las emisiones de gases invernadero pasadas y futuras, establece una subida de hasta 1,5 grados centígrados en la temperatura atmosférica. Esta medida se obtiene en relación con la previa a los procesos industriales, es decir, en menos de 150 años, la tierra ha experimentado una subida de temperatura sin precedentes en la historia del globo, algo insostenible para su ciclo vital.

¿De qué hay que preocuparse?

Parece que las continuas advertencias tanto climáticas como de la comunidad científica no han hecho mella en el empeño del ser humano por destruir el planeta. Nuestra codicia unida a una egolatría histórica no han permitido que los procesos industriales cesen en su labor de enviar partículas contaminantes a la atmósfera.

Y es que, ¿a quién le importa la desaparición de unas pocas miles de especies o ecosistemas cada año? Nada ha de perturbar la impunidad que caracteriza a los actos del ser humano. Si las consecuencias de esta serie de acciones no las llegamos a ver en vida, no hay nada por lo que temer.

¿Qué significa que la temperatura media del planeta se incremente en 1,5ºC?

La cifra de 1,5 grados nos puede resultar indiferente, ya que si la añadimos a la temperatura de una jornada estival, apenas nos despeina. Pero algo muy diferente es lo que ocurre cuando la añadimos a la temperatura media del planeta.

Para empezar, la temperatura del permafrost y de los glaciares subiría provocando su inminente deshielo, esto se traduce en una subida no solo del nivel del mar, sino también de su temperatura, haciendo que miles de especies y ecosistemas no puedan soportar el cambio. Actualmente un 90% de los arrecifes de coral está en peligro de extinción, una cifra que, sin duda, está preparada para poner los pelos de punta a más de un excéptico.

Este incremento de los flujos terrestres no solo provocará lluvias torrenciales que arrasen cosechas sin piedad, sino que, tan pronto como aparecen, se marchan dejando tras de sí tenaces sequías y temporadas de calor que harán prolíferas miles de enfermedades.

La seguridad de los recursos hídricos (ya de por sí amenazada) será la primera afectada. Quizá la perspectiva de una guerra por el agua potable, digna del argumento de cualquier película de ficción, ponga en marcha la concienciación de algunos. Lo que sí está claro es que los fenómenos atmosféricos extremos incrementarán su violencia poniendo en grave peligro el flujo de las estaciones.

¿Queda alguna esperanza?

Desde luego, “proyectos” como el protocolo de Kioto, no nos llenan de tranquilidad. Las continuas emisiones de gases como el PFTBA, el CO2 o el Metano, no cesan pese a las continuas alertas aún a riesgo de convertir el planeta en un microondas. El progreso de la economía mundial, monopolizada por un puñado de individuos, no comulga precisamente con un desarrollo sostenible. A pesar de que existen crecientes consensos sobre lo adecuado para el planeta, como el grupo IPCC u organiaciones como Greenpeace, lo cierto es que las estadísticas dejan mucho que desear, haciendo que la relación entre los términos desarrollo sostenible y utopía sea cada vez más estrecha.

Fuente de las imágenes: Wikimedia CC

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