El Barcelona Alusport, campeón de Europa de fútbol sala

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El Barcelona Alusport consiguió ganar su primera Copa de la UEFA al derrotar al poderoso Dinamo de Moscú (1-3) en la final disputada en el pabellón Barris Nord de Lleida, lleno hasta la bandera. El trofeo completa aún más las vitrinas de la entidad azulgrana, ya que esta era la única sección deportiva, sin contar las amateurs, en la que no se había logrado el máximo entorchado continental. 

Javi Rodríguez levantó la primera Copa de la UEFA del Barcelona Alusport

El parqué negro del Barris Nord fue testigo de un enfrentamiento en el que había muchas cuentas pendientes, con la historia y entre los jugadores de ambos equipos. El primer duelo tuvo lugar entre Wilde Gomes y Vinicius Teixeira, dos killers contrastados que, paradojas del destino, aún no tenían ninguna Copa de la UEFA en sus respectivos palmarés. La rozaron con ElPozo Murcia, pero la suerte se puso del lado, precisamente, del Dinamo de Moscú.

Fue Wilde el que empezó a saldar su deuda particular con la historia del fútbol sala con un gran disparo exterior ante el que no pudieron hacer nada los zagueros rusos ni el meta Aleksei Popov, sorprendido por un mazazo tan tempranero. Ponerse con ventaja en el segundo minuto, en casa y con un pabellón atestado de aficionados animando sin miedo a perder la voz, debe de estar en el guión de cualquier entrenador, y el Barcelona supo dominar los tiempos de la final.

Obviamente, el Dinamo de Moscú no iba a entregarse con menos de dos minutos disputados. Tino Pérez pidió tiempo muerto inmediatamente después del gol de Wilde y realizó algunos ajustes en su equipo, muy descolocado en los primeros minutos. Poco a poco, el Dinamo fue imponiendo su calidad, aunque enfrente estaba una de las mejores defensas del planeta y Paco Sedano, un gran portero con menos cartel que otros en el país, aunque de contrastada eficacia.

Entre el meta mostoleño y una paciencia a prueba de bombas, el Barcelona supo aguantar con el cero en su marcador, probando esporádicamente a Popov con disparos lejanos de Saad Assis, Igor Lima o Sergio Lozano. El propio Igor tuvo la mejor ocasión antes del descanso para poner tierra de por medio, aunque una triple parada espectacular de Popov lo impidió.

En el comienzo de la segunda parte, el Dinamo no sólo tenía el control ofensivo del partido, sino que las llegadas al territorio de Sedano empezaban a ser constantes. El Barcelona, lejos de preocuparse, respondió igual que lo hizo en el inicio del partido, con un gol en los primeros minutos. Wilde condujo rápidamente el esférico por todo el campo en diagonal, mientras Ángel Velasco Lin hacía un desmarque prodigioso que le permitió recibir solo ante Popov. El ruso llegó a tocar el balón que le pasó entre las piernas, pero no evitó que éste entrara lenta y dramáticamente en su portería. La final estaba a punto de caramelo.

Los grandes nombres del Dinamo aparecían a cuentagotas. Cirilo Cardoso mostraba su peligro, pero faltaba ese plus de otros brasileños llamados a marcar las diferencias, como Fernandinho Nascimento o Rómulo Alves, protagonistas en la semifinal ante el Marca. Los minutos iban cayendo y parecía que el Barcelona conseguiría llegar al final imbatido, hasta que en el minuto 37, ya con el Dinamo jugando ataques en superioridad con Nicolau Lima Tatú como portero-jugador, Alexander Rakhimov llevó a buen puerto una gran jugada colectiva con la firma de Rómulo y el propio Tatú

Tocaba sufrir, y sobre el parqué hizo su aparición Caetano Wagner Pula, crack absoluto del Dinamo, que sin embargo optó por emplear la final para vengarse de mala manera por la derrota de Rusia ante España en la final de la Eurocopa. Un codazo alevoso sobre la cara de Lozano fue todo lo que tuvo que aportar el ruso-brasileño, mientras sus compañeros se afanaban en empatar y llevar el partido a la prórroga. Cirilo estuvo muy cerca de lograrlo cuando, a falta de dos minutos para la conclusión, envió el balón al palo. Sedano quedó totalmente vencido, pero el ’11’ del Dinamo envió el balón alto, dilapidando las esperanzas de los escasos aficionados rusos desplazados a Lleida.

Tino Pérez seguía animando a sus jugadores, convencido de que aún quedaba tiempo para empatar, pero todo se fue al traste cuando un despeje de la defensa azulgrana fue luchado hasta la extenuación por Ari Santos, que consiguió evitar que el balón se perdiera por la banda y convirtió esa pugna en una asistencia magistral que dejó a Jordi Torras sin oposición alguna para firmar el 1-3. Y tenía que ser Torras el autor de ese firma final: un jugador de la casa que ya formaba parte de la plantilla a principios de la década pasada, cuando la sección aún estaba en pañales, y que tuvo que emigrar primero a Marfil Santa Coloma y posteriormente a Inter Movistar para demostrar su calidad por los pabellones de toda España.

Ayer el deporte volvió a hacer un guiño a la cantera barcelonista, mientras el eterno capitán Javi Rodríguez alzaba su tercera Copa de la UEFA, la primera con un Barcelona que parece no tener rival a día de hoy en Europa.

Fotografía: LNFS

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