El Barça deprime a Cristiano

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José Mourinho, por Carlos Rivaherrera
No hay manera. Este Barça de Guardiola le ha tomado la medida al Real Madrid y la supremacía se incrementa partido a partido. Poco importó el tempranero gol de Benzema, porque el resultado fue el mismo de encuentros anteriores: victoria culé y la sensación de que esta racha no ha tocado a su fin.

 

Nadie salió más perjudicado del 1-3 que José Mourinho, el técnico contratado a bombo y platillo para acabar con la hegemonía del eterno rival. ‘The Special One’, según afirman todos sus acólitos, es un hombre de segundas temporadas, cuando su manual de estilo cala en la plantilla y los títulos caen como fruta madura. La realidad es que se ha enfrentado al Barcelona en ocho ocasiones desde que ocupa el banquillo madridista, con el triste balance de una victoria, tres empates y cuatro derrotas.

Lo ha intentado el técnico luso por todos los medios, con propuestas cobardes o intenciones valientes, con macarrismo dialéctico o modulando su discurso, pero se ha mostrado incapaz de desentrañar un arcano que, para un hombre de éxito como él, puede acabar derivando en una úlcera sangrante.

Con todo, Mourinho no es sino otra víctima de este Barça único e irrepetible. Juande Ramos y Manuel Pellegrini también palidecieron ante las huestes de Guardiola, aunque ellos no gozaron de la paciencia que se reclama para el actual entrenador blanco. El Real Madrid tiene hoy la mejor plantilla de su historia, superior incluso a la del Barcelona, pero ‘Mou’ no ha conseguido ensamblar un equipo que funcione de forma coral.

Se deprime la parroquia merengue con esta nueva demostración de fuerza por parte blaugrana y ningún jugador representa mejor ese decaimiento que Cristiano Ronaldo, un fenómeno de la naturaleza que todavía no ha firmado una sola actuación destacable ante el club del Camp Nou. Marcó el tanto que daba la Copa del Rey de 2011 en una acción aislada y repitió en el encuentro de vuelta de la última Supercopa de España, pero su bagaje en los choques frente al Barcelona solo puede calificarse como mediocre.

Capaz de anotar cuarenta goles en una misma temporada, CR se desdibuja cuando delante tiene a Víctor Valdés. Pero no solo pierde capacidad rematadora, sino que su influencia en el juego desciende a mínimos preocupantes. El choque del sábado no fue una excepción y Cristiano volvió a naufragar, mostrándose egoísta, demasiado acelerado con el balón en los pies y más pendiente de protestar las decisiones de Fernández Borbalán que de buscar soluciones al entuerto en que se hallaba su equipo.

Cristiano Ronaldo, por Carlos Rivaherrera

Desde su llegada al ‘star system’ futbolístico, el delantero de Madeira no se ha prodigado en encuentros de relumbrón; ha disputado mundiales, eurocopas y finales de Liga de Campeones, pero en ninguna de esas ocasiones se ha visto al Cristiano depredador, el que pelea con Leo Messi por la consideración de mejor jugador del mundo.

Uno y otro, Mourinho y CR, tienen ante sí un reto de dimensiones mayúsculas. Su condición de ganadores no casa con la sequía de títulos importantes, y menos en una institución como el Real Madrid, que devora a sus ídolos con la misma rapidez que los encumbra. Se había prometido una campaña repleta de alegrías, en todos los mentideros se hablaba del poderío merengue, las goleadas ante equipos de medio pelo hicieron soñar al más pintado… Y en esas llegó el Barça al Bernabéu y lo dejó todo como estaba. La afición de Concha Espina necesita un poco de esperanza.

Ilustraciones cedidas por Carlos Rivaherrera / Fotografía: Jan SOLO (Wikipedia/).

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