El bálsamo de cada otoño

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La selección española de balonmano femenino encara el Campeonato del Mundo de Serbia con las expectativas altas y la moral reforzada tras su victoria en el torneo de las IV Naciones, cita preparatoria para el torneo mundial que las ‘guerreras’ cerraron con pleno de victorias frente a dos combinados daneses y la selección checa. Las chicas entrenadas por Jorge Dueñas comparecen en tierras balcánicas con la ilusión de sumar la cuarta medalla en cinco años en campeonatos internacionales. Su éxito permitiría mantener viva a una disciplina que languidece en España.

Las 'guerreras' durante su estancia de preparación en Pinto (Madrid). Foto: J. L. Recio (rfebm)
Las ‘guerreras’ durante su estancia de preparación en Pinto (Madrid). Foto: J. L. Recio (rfebm)

Cada llamada de la selección vuelve a reunir a un grupo de campeonas forzadas al exilio. Alrededor de diciembre y durante varias semanas, la diáspora del balonmano femenino español se reencuentra para vestir la camiseta roja del equipo absoluto. Diferentes clubes europeos acogen a un número cada vez mayor de las mujeres que han llevado a este deporte en España a su cota más alta, hasta cimas nunca antes horadadas. Las ‘guerreras’ son uno de los equipos más reconocidos y reconocibles del deporte español. Les jalona una continuidad de éxitos en el último lustro, germinados a partir de un bloque compacto y una actitud siempre descarada, la del ‘¡bien, coño, bien!’, su grito de guerra.

El Campeonato de Europa de 2012, celebrado también en Serbia, finalizó muy pronto para un grupo que venía de conquistar sendos bronces en el Mundial de Brasil y los Juegos de Londres. La decepción sacudió a quienes llegaban con la vitola de favoritas. Las ‘guerreras’ no pudieron franquear la segunda ronda, frontera muy lejana a los puestos de privilegio. “Miedo por lo sucedido el año pasado no hay, pero tenemos que pensar que una primera fase excelente se puede estropear en la primera eliminatoria”, explica Jorge Dueñas, seleccionador nacional. El preparador otea el peligro en el cruce de octavos, primer choque que habrá de jugarse sin reserva ni red para amortiguar una caída.

La ciudad de Zrenjanin, en el norte de Serbia, será la sede de los cinco primeros partidos de la selección española. Noruega, Polonia, Argentina, Paraguay y Angola serán, por este orden, los rivales de un equipo que defiende el bronce conquistado en Brasil. “Defensivamente tenemos que jugar para destruir los registros del rival; en ataque buscaremos el equilibrio entre velocidad y lanzamiento exterior, un aspecto que no hemos rematado en anteriores citas”, indica el preparador del combinado femenino. Con tantas chicas diseminadas por Europa, preocupa en el cuerpo técnico la coordinación entre ellas. La conjunción de estilos y la conexión entre todas las piezas se irá definiendo durante los choques de la primera fase.

España es una de las candidatas claras al cetro continental. “Montenegro y Noruega son las dos grandes favoritas, vigentes finalistas en el torneo europeo y olímpico”, afirma Dueñas. El míster de las ‘guerreras’ amplía el elenco de potenciales campeonas. “Serbia, que juega en casa, Brasil, Corea del Sur y selecciones centroeuropeas como Hungría y Rumania”, añade el máximo responsable deportivo. Se perfila un panorama abierto, con un ramillete amplio de equipos preparados para el triunfo. Las selecciones punteras en el balonmano femenino extienden su presencia por varios rincones del planeta. La misma disciplina en la categoría masculina circunscribe su ámbito de esplendor competitivo al Viejo continente.

Mañana (20.15 horas, Teledeporte), España debutará en el Mundial frente a la poderosa Noruega, actual campeona olímpica. El encuentro descorchará un campeonato al que las ‘guerreras’ acuden con el reto de sumar otra medalla. Macarena Aguilar, Eli Pinedo, Marta Mangué y Alexandrina Barbosa, entre otras, afrontan una cita internacional más. Lideran un grupo orgulloso y de gran relieve, pero sus éxitos no han podido revitalizar al balonmano femenino dentro del país. Los clubes echan el cierre, las jugadoras emigran y las estructuras de competición sobreviven esquilmadas por la escasez de recursos públicos y privados. La selección alivia un presente turbio.

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