El Ballet Clásico de Moscú aterriza en Madrid con El Cascanueces y La Cenicienta

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Si a Theodor Amadeus Hoffmann le llegan a decir hace casi doscientos años que El Cascanueces y el Rey de los Ratones iba a ser mundialmente conocido a través del Ballet, no se lo hubiese creído. Ahora es una de las representaciones junto con clásicos como La Bella Durmiente, La Traviata, Giselle o Coppelia, que son éxito asegurado para las grandes compañías de Ballet. Es el caso del Ballet Clásico de Moscú, que vuelve por Navidad para deleitar al público madrileño con El Cascanueces y La Cenicienta.
El Ballet tiene una historia relativamente reciente. Apareció en el Siglo XV con números de danza interpretados en los banquetes de las cortes italianas. Posteriormente el ballet cortesano italiano fue desarrollado en Francia, y en el siglo XVII con Luís XIV se crearía la Academia Real de la Danza, otorgándole por primera vez la importancia que merecía. Este fue el comienzo de su configuración como disciplina profesional, un arte restringido a las mujeres hasta 1681 con la obra El triunfo del amor. Después de su crecimiento imparable, llegó una época de poca producción, el siglo XIX. Sólo Rusia continuó con la tradición.

Fueron Tchaikovski y Marius Petipá los que, a finales del siglo XIX, transformaron el cuento de El Cascanueces en música y en danza respectivamente, haciendo de la literatura una proyección artística sin igual. Varias décadas después, allá por los 60 del siglo pasado, Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov se harían cargo de la compañía hasta la actualidad, procurando ser ante todo fieles y respetuosos a las obras originales como la de Hoffmann.

Pero no todo ha sido un camino de rosas. Ambos directores artísticos destacaron la “fuga de artistas” tras la Perestroika en los años 80, y la eliminación del presupuesto para la creación de un Centro Internacional del Ballet. Por ello, aunque Putin ha tratado de infundir algo de esperanza recurriendo a la diplomacia propia de todos los políticos, no es extraño que sus directores digan que ahora gozan de más libertad y menos financiación que con la URSS. De hecho, gracias al apoyo financiero y al elenco de artistas que tenían entonces guardan importantes premios que escasean hoy.

A pesar de las dificultades, no hay que olvidar que las compañías rusas supusieron el inicio del ballet moderno y que su influencia en este arte es incontestable. Por ello, sus bailarines siguen poniendo toda la carne en el asador cada vez que se suben a un escenario, demostrando que la danza no sabe de política, sólo sabe de belleza, de armonía y de reconocimiento allá donde van. Así, haciendo honor a su experiencia y al prestigio que les acompaña, actúan en el Teatro Compac de Gran Vía hasta el 4 de enero con El Cascanueces y del 6 al 17 con La Cenicienta. Las entradas están a la venta en El Corte Inglés desde el módico precio de 20 euros.

Fuentes:
www.adn.es
www.elmundo.es
http://enpuntas.iespana.es
www.biografiasyvidas.com
www.cronica.com
Fotografías:
Cristina Aibar García

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