El atletismo español, tocado y hundido

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46 atletas en los Juegos Olímpicos de Londres y ninguna medalla, idéntica cosecha que la obtenida en la edición de Pekín. Tampoco son halagüeños los resultados logrados en los últimos Mundiales y Europeos. El atletismo español se ha convertido en un erial, sin opciones reales de éxito en el corto plazo y con un equipo directivo, encabezado por José María Odriozola, enfrentado con muchos atletas. Dos candidaturas, además de la del actual presidente, se enfrentarán en las próximas elecciones a la federación; decisivos comicios que se celebrarán antes de fin de año.

Marta Domínguez es el único mito del atletismo español en activo

Los Juegos de Londres han terminado con cuarenta países ganando alguna medalla sobre el tartán del estadio de Stratford. España, una nación con un notable nivel económico, social y también deportivo no ha logrado inscribir su nombre en tan grueso grupo. El deporte rey olímpico, cuando se trata del caso español, no brilla. De hecho la participación en atletismo, con solo cuatro diplomas olímpicos, es la peor desde los Juegos Olímpicos de Montreal en el lejano (casi prehistórico, dada la notable evolución deportiva del país) 1976.

La falta de resultados en este deporte mina la positiva percepción global sobre el deporte español. La eclosión del atletismo nacional tuvo lugar en Barcelona’92, cuando se consiguieron cuatro medallas, entre ellas, los dos únicos oros olímpicos españoles, con Daniel Plaza en 20 kilómetros marcha y Fermín Cacho en 1.500. Antes de aquello, solo hubo éxitos esporádicos basados en el talento individual, como las medallas de Jordi Llopart en marcha o José Luis Abascal en mediofondo a principios de la década de los ochenta. España suma un total de once medallas olímpicas en atletismo, un muy pobre resultado histórico en la categoría deportiva que más preseas reparte.

A partir de los únicos Juegos organizados en suelo español los resultados en atletismo han ido menguando. Si aquellos triunfos, los que se obtenían en los Juegos de finales del siglo pasado, ya eran magros y poco numerosos, la gloria hoy es sencillamente inexistente. Así, en la recién terminada edición de 2012 los españoles apenas han rozado el podio. El listón para el atletismo español estaba bajo tras los Juegos de 2008; sin embargo, en Londres los resultados han sido aún peores. Únicamente Ruth Beitia, cuarta en salto de altura; Miguel Ángel López, quinto en 20 kilómetros marcha; Frank Casañas, séptimo en lanzamiento de disco; y Beatriz Pascual, octava en 20 kilómetros marcha, han conseguido un diploma en estos Juegos.

José María Odriozola (1939) ocupa el sillón rector de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA) desde el año 1989. El gallego fue el artífice de la renovación de este deporte, alcanzándose durante sus primeros años de mandato los mejores momentos del atletismo español. Sin embargo, la cita olímpica griega de 2004 marcó, tras el éxito en el Europeo de Múnich de 2002 con 15 medallas, el punto de inflexión en el que todo empezó a torcerse. Lejos quedó aquel tiempo feliz en el que el presidente, cual gurú de su deporte, establecía en los días previos al inicio de cualquier Europeo, Mundial o Juegos su pronóstico de medallas en multitudinarias ruedas de prensa. El ambiente era relajado, feliz, casi triunfalista.

La RFEA sigue siendo una de las federaciones mejor tratadas en el reparto de subvenciones estatales. El organismo dirigido por Odriozola ingresa más de seis millones de euros, cantidad muy superior a la que reciben el piragüismo o el taekwondo, disciplinas que han bañado de gloria al deporte español en la última cita olímpica. De igual manera, la cifra que recaba el atletismo dobla a la que ingresa el baloncesto, federación modélica en cuanto a la incorporación de financiación privada y muy exitosa en el plano deportivo, tanto en los equipos absolutos como de cantera.

Es probable que España haya acudido con sobrerrepresentación de atletas a los últimos Juegos. Gran parte de los deportistas, una treintena de los que han competido, no tenían posibilidad alguna, ni siquiera una mínima opción de pasar de ronda. Si de casi cincuenta atletas solo cuatro llegan a las finales, el problema puede radicar en el sistema de selección, en la implantación de unas mínimas muy asequibles que se obtienen en campeonatos de escasa competencia celebrados en períodos que pueden perjudicar tener un nivel óptimo en las grandes citas que se disputan los meses posteriores.

La generación actual de atletas está terminando un ciclo. Además de los pésimos resultados que han obtenido, la edad empieza a ser un impedimento de cara a la alta competición. Sirva como botón de muestra que de los cuatro finalistas en Londres, tres tienen treinta años o más: 33 han cumplido Ruth Beitia y Frank Casañas, y 30 Beatriz Pascual. La cifra tampoco ha servido para que, salvando unas pocas excepciones como Kevin López, la delegación se haya nutrido de jóvenes prometedores buscando que estas promesas adquirieran experiencia competitiva.

“El atletismo necesita un cambio. Estamos dirigidos por un anciano por muy feliz que esté con un marcapasos nuevo”, dijo Jesús Ángel García Bragado sobre José María Odriozola nada más finalizar el marchador madrileño su prueba de 50 kilómetros marcha. Presidente y atleta acumulan varios enfrentamientos en los últimos años ante la negativa del presidente a asumir que su etapa, después de 23 años al frente, puede haber expirado. Por su parte, el propio Odriozola también ha criticado a los atletas ante la falta de resultados. Así, tras los Europeos de Barcelona de 2010, Odriozola explicó el bajo número de metales por un “aburguesamiento” de los atletas, ya que “en España se vive muy bien”.

José María Odriozola, Vicente Añó y Fermín Cacho –este junto a Martín Fiz– son las tres candidaturas que optan, por el momento, a la presidencia de la federación. Las elecciones se han convertido en un plebiscito sobre el actual presidente y su proyecto. Odriozola ya ha anunciado que se presentara a los comicios que se celebrarán antes de que termine 2012. El actual máximo dirigente parece dispuesto a continuar, y a “no abandonar el barco”. A su favor juega el control que puede tener, dado su dilatado período en el poder, de las federaciones territoriales y clubes, claves en el resultado de las elecciones. En contra, el casi clamoroso rechazo que ha generado la pésima actuación del atletismo en estos Juegos y su huída, con raras excepciones, del escaparate mediático.

El valenciano Vicente Añó, vicepresidente de la federación durante muchos años y mano derecha de Odriozola, pretende sucederle en el cargo. Es un buen gestor que organizó el Mundial de Sevilla de 1999. “José María ha hecho grandes cosas por el atletismo, pero no ha sabido retirarse a tiempo. La situación es mala y se necesita ilusión. Si soy elegido designaré un director técnico porque no creo que el presidente deba involucrarse en la elección de atletas”, dijo el candidato a As. García Bragado se ha situado junto a la candidatura de Vicente Añó. Tras los Juegos, el marchador reveló que mantuvo conversaciones con Marta Domínguez, otra disidente de la jerarquía federativa tras su implicación en una red de dopaje –luego desmentida judicialmente–, sobre el futuro de este deporte. Domínguez, quizás el único mito en activo del atletismo español, aún no ha exhibido su vinculación con nadie.

El atleta más icónico de la historia de este deporte en España, Fermín Cacho, también ha manifestado su intención de participar en los comicios y proclamarse presidente. El soriano quiere que su proyecto sea “un revulsivo” que sirva para “recuperar la ilusión y dar un aire nuevo” al atletismo español. Si la candidatura resultara elegida, Cacho sería el presidente, mientras que Martín Fiz, campeón mundial de maratón, sería vicepresidente y director técnico. Abel Antón, bicampeón del mundo en la misma prueba también ha expresado su deseo de “renovación total” en el atletismo español aunque no ha dicho qué proyecto apoya.

Ana Peleteiro, Eusebio Cáceres, Dídac Salas, Julia Takacs, Javier Cienfuegos, Alberto Gavaldá o Gabriel Navarro, son algunos de los nombres llamados a protagonizar el relevo a una generación, la actual, que lleva años agotada. Esos atletas y el proyecto que surja en las elecciones que habrán de celebrarse este otoño tienen que alumbrar un cambio en el atletismo español. El deporte más asociado a los Juegos Olímpicos no puede seguir mostrando a España como un país de segunda o tercera fila. Urgen cambios que traigan resultados en los próximos campeonatos internacionales.

Fotografía: Alba Rincón

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