El arte del birlibirloque

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Hay que poner los puntos sobres las íes. Esto de la inmigración es un asunto muy serio. Lo decía Mariano Rajoy en una reciente intervención en Tenerife, por eso presentaba “una apuesta contundente” en este punto.
Ante todo, debe ser ordenada. De uno en uno y sin empujones, que no entramos todos por la puerta, porque el que quiera permiso de residencia “tendrá que aceptar algunas cosas para integrarse” Todo es por su bien, para impedir que “se creen guetos en España” y por el nuestro, “que no se convierta en una pesadilla” Por su bien, el nuestro y el de ellos. Y por el de los que se abstengan.

El que venga a ganarse la vida dignamente podrá entrar, con el resto no habrá tregua. Será el fin de “mafias que trafican con seres humanos, esclavistas de nuestros tiempo modernos, que se lucran con los más pobres de los pobres” Mientras tanto, Rajoy espera la aprobación de sus aliados en la Unión Europea.

“Implacable” es la seña. Pero como “todos no cabemos” habrá que seleccionar entre los dignos. La prueba será “de puro sentido común”, aprender la lengua española, respetar las leyes españolas y asumir las costumbres españolas. Miren que es un tema de superviviencia, que somos muchos y los derechos de unos no deben perjudicar los de otros, y luego todos queremos becas, educación, comedor, sanidad pública y servicios sociales, “por eso digo que la inmigración es un tema muy importante”, insistía el popular y se comprometía a tomárselo en serio.

De Tenerife a Las Palmas. De aquí para allá, el tiempo y el espacio ya no se tienen en cuentan, el único factor a considerar es que el avión esté a punto. Las elecciones están próximas y al igual que en los juegos de magia los viajes transtemporales están a la orden del día.

Como las víctimas, que se han convertido en moneda de cambio. Parece ser que la lógica de los políticos funciona de manera inversamente proporcional, a menos muertes más votos: violencia de género, accidentes de tráfico, terrorismo…

Por eso, el Partido Popular se ha puesto las pilas en la materia. En el mítin de Las Palmas celebrado el día 28 de febrero y, aprovechando el tirón de los últimos acontecimientos, Rajoy prometía “dar la batalla contra la barbarie” de la violencia de género. Como curiosidad: entre las medidas proponía medios telemáticos.

Trabajo, seguridad, independencia y autoestima es lo que necesitan “esas mujeres que sufren lo que nadie sabe” según el candidato a presidente del Gobierno. “Es una deuda que tenemos con ellas y la vamos a pagar” acabó diciendo.

Ni un breve intento de convertirlo en política de Estado. Aquí quien gana o pierde son los de corbata, el resto continúa sin saber lo que sufren.

Entre promesas se colaron los slóganes. Un coro sistemático que se podía avanzar y se repetía en la cabeza: “para todos los españoles”, “deseos de los ciudadanos”, “crispación”… Y unidad. Esa que ha defendido el Partido Popular en solitario. “Y ahora ¿qué pasa?” preguntó Rajoy reiteradamente a su público “¿Qué pasa con ETA, con la negociación con terroristas, con los paseos de De Juana por San Sebastián?”

Pero sólo era el lazo para pasar de la violencia de género a la economía.

Porque la situación es muy grave, a ojos de los populares. Es tiempo de lamentaciones, de pagar las consecuencias, a pesar de que “el Gobierno continúe negándolo e ignorándolo” Y es que los precios siguen subiendo. Los socialistas no han sabido gestionar “la mejor herencia económica de la democracia”, provocando problemas de precios.

Pero a Mariano no le importa, si lo hicieron en el 96, está convencido de que lo podrán repetir: “sabemos hacerlo, lo hemos hecho y lo volveremos a hacer”

El candidato popular aseguró tener confianza en sí mismo, una dosis de autoestima: “estoy preparado para ser presidente del Gobierno” ¿o es que alguien lo dudaba?

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