El alma eléctrica de Zoé

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A las ocho de la tarde del pasado miércoles una larga cola inundaba la Calle Arenal de Madrid a la espera de conseguir atravesar las puertas de la sala Joy Eslava para ver el concierto de Zoé en un nuevo Vodafone Secret Show organizado en colaboración con la plataforma social MySpace.

Ante todo hay que reconocer que Zoé demuestran con su directo ser carne de cañón de grandes festivales veraniegos de música. Necesitan de una asistencia multitudinaria a la que hacer vibrar de forma contagiosa, y con ello triunfarán de forma definitiva en nuestro país, y si no tiempo al tiempo. Si alguien quiere apostar, los mexicanos recorrerán en el mercado hispano el mismo camino triunfal que en su día iniciaron Editors, mientras que la industria discográfica o ellos mismos no lo impidan.

Con una producción audiovisual muy cuidada y un sonido impecable comenzaba el concierto de los mexicanos pasadas las nueve de la noche, abriendo “No hay dolor”, un tema sellado con luminiscencias electrónicas. El repertorio rondó la hora y cuarto repasando parte de su discografía, aunque algunos se empeñaran en querer escuchar más temas de sus primeros Zoé y Rocanlover.

La mayoría de los asistentes eran jóvenes paisanos mexicanos y curiosos españoles que ofrecieron un llenazo de entrada gratuita en la Joy para un concierto más que eléctrico en el que Zoé realizaba, paradójicamente, la presentación mundial de su disco MTV Unplugged titulado Música de fondo. Esa misma dicotomía sucedió entre artista y un público muy atento pero con poco bailoteo en el cuerpo. Era algo,…, incomprensible.

El graderío coreó con bramidos compatriotas la nacionalidad de Zoé y el grupo agradeció con respeto para corresponder con la canción “Sombras”, en la que León hizo gala de un falsete de suculento paladar entre ciertos problemas de sonido en monitores que no consiguieron deslucir el espectáculo. Siguieron demostrando su buen hacer sobre las tablas en “Últimos días” y “Corazón atómico”, exquisitas composiciones con las que se mueven sin complejos entre arreglos pluriformes y reminiscencias de grandes bandas británicas de épocas psicodélicas, pero pasadas por la batidora caleidoscópica de sintetizadores delicados.

Y mientras pasaban los minutos llegó “Nada”, su estandarte en España, que esta vez no contó con la inestimable colaboración de Enrique Bunbury. Fue a partir de entonces cuando el gentío pareció salir de su escondite absurdo para saltar, danzar y cantar lo que hay que elogiar que es una exquisitez sonora.

Sombrero de copa para trovar “No me destruyas”, y la Joy se mueve, se mueve,…. Y revivió el rock de la mano de “Soñé”, el preludio de un eterno final, de un bis plagado de buenas canciones como “Poli”, con la que lanzaron un guiño verbal a los seguidores españoles. Con impresionante electrónica vistieron a “Dead”, a la que dio relevo “Love” para terminar un concierto a ritmo de ácido psicodélico mezclado de aire reggae y aromas a playas jamaicanas.

Son un conjunto que consigue sonar sólido en todo su concierto, con un sonido duro, claro y portentoso que brindan a su público entregado. Una demostración de un elaborado directo que la banda ejecuta con soltura y seguridad en sí misma. Estructuras de elegante pop-rock electrónico y psicodélico, junto a refinadas melodías inflamantes entrelazadas con guitarras elevadoras. Nada más y nada menos, les guste o no.

Crónica: Óliver Yuste.
Fotografías: Raquel Campos.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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