El adiestrador Cuerda, en formato minidosis

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Ediciones Martínez Roca ha publicado un pequeño manual de sabiduría que compila ocurrencias, reflexiones, miradas cotidianas y otros disparates de José Luis Cuerda que abarcan desde el humor y la creatividad temas como el amor, el sentido de la vida, el arte… Es un placer deslizarnos por las páginas de Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado, que vienen acompañadas por ilustraciones del propio autor.

cabraCuerda gusta, y mucho. Dos pruebas de ello son su indiscutible reputación, ganada a pulso con su colección de largometrajes firmados hasta la fecha, y la cantidad de seguidores que acumula en Twitter. A través de esta red social comparte diariamente con sus followers sus pensamientos más intransferibles, comprimidos en cómodas grageas. Este año se cumple un cuarto de siglo desde que se estrenara Amanece, que no es poco –una comedia muy patria, aderezada con un tierno surrealismo y que cosechó un tremendo éxito-  y el albaceteño, tan lúcido como aquel entonces, sigue sacando sorprendente material de su magín; pequeñas dosis de ingenio que son la marca personal del cineasta. 

No reconocer en axiomas como Si sigues a Jesús, mira a ver dónde va o Dulce amor de mi vida: mándame más latas de atún a Cuerda es imposible. Sus breves greguerías, o cuerderías, son un combinado de humor y experiencias, o tal vez ocurrentes ensoñaciones, y nos retrotraen a su actividad original –desarrollada mucho antes de empezar con el cine, como él mismo comenta en unas líneas autobiográficas-, que es la literaria. Muchas de estas minidosis no tienen un sentido explícito, y aun así se nos quedan grabadas y nos tientan a anotarlas en ese bloc de notas personal en el que recogemos los fogonazos que nos gustan, las máximas memorables que pueblan las redes sociales, los libros, incluso los medios de comunicación. Cuerda, recomendable tuitero, sabe utilizar la regla de los 140 caracteres: no es necesario extenderse para evocar un sentimiento, una idea o una reflexión.

Aunque la carga lúdica es evidente en estas páginas y la imaginación se impone a cualquier otra motivación expresiva, el título responde a una razón concreta. Cuenta el autor que, de pequeño, tanto él como sus hermanos poseían cabritos a los que fue imposible amaestrar y, siguiendo con la metáfora -el bóvido como idea, como pensamiento rebelde y sin pulir- no sacamos tiempo para amaestrar la cabra propia, si bien en algún momento de la vida sentimos la necesidad de dialogar con ella. Cuando empezó con el proceso de “adiestramiento”, el libro comenzó a tomar forma hasta acabar como un pequeño compendio de textos personales con el que ha reconquistado la simpatía y el afecto que muchos de nosotros ya sentíamos hacia una figura irreemplazable dentro del panorama cinematográfico español.

Imagen cortesía de El País

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