Estados Unidos y el peligro norcoreano

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Estados Unidos ha advertido a Corea del Norte que retirará la ayuda alimentaria si no renuncia a su idea de lanzar en abril un cohete al espacio con motivo del centenario del nacimiento de Kim Il-Sung. Por su parte, China y Rusia también han censurado la actuación del regimen de Pyongyang y se habla de una violación de las resoluciones de la ONU, cuando nadie las tuvo en cuenta durante las maniobras efectuadas por estadounidenses y surcoreanos en 2010.

El panorama internacional está más revuelto que de costumbre y ahora se añade otra complicación: el pasado 29 de febrero, Estados Unidos y Corea del Norte llegaron a un acuerdo por el cual el segundo se comprometía a suspender su programa nuclear a cambio de 240.000 toneladas de alimentos. Ahora, el régimen de Pyongyang ha anunciado que, entre el 12 y el 16 de abril, lanzará un satélite al espacio para conmemorar el centenario del nacimiento del líder fundador de la dinastía, Kim Il-Sung.

La comunidad internacional ha visto en este acto una amenaza a la seguridad mundial, sospechando que se trata en realidad de un misil de largo alcance capaz de transportar cabezas nucleares. Como es obvio, la reacción de Estados Unidos no se ha hecho esperar, amenazando con la retirada de la ayuda alimentaria si se efectúa el lanzamiento del cohete. Al país norteamericano se ha unido también China, que se compromete a trasladar a Pyongyang la preocupación internacional, y Rusia, que ha pedido al régimen que reconsidere su decisión.

Washington ha apuntado que el lanzamiento del cohete viola las resoluciones de la ONU y el pacto alcanzado en febrero. No obstante, y en previsión de lo que pueda ocurrir, Corea del Sur desplegará dos buques para interceptar el satélite y Japón activará su sistema de defensa antimisiles. Hay que recordar, entre tantas otras maniobras, las realizadas por Corea del Sur y Estados Unidos en julio de 2010, con el uso del portaaviones George Washington, una veintena de buques de guerra y cazas de combate F-22.

Entonces, Estados Unidos contaba con 28.500 soldados desplegados en la península coreana como “poder disuasorio”. Por lo visto, y según los norteamericanos, en ese momento nadie violaba ninguna resolución de la ONU, ni mucho menos podría calificarse de provocación, aunque así lo consideró el gobierno norcoreano. Parece que solamente son amenazas a la paz mundial las maniobras llevadas a cabo por regímenes contrarios a los integrantes de la OTAN, tal y como se considera a Corea del Norte o Irán.

Como a este último estado, la comunidad internacional tampoco cree a los norcoreanos cuando aseguran que el lanzamiento del cohete a mediados de abril tiene carácter exclusivamente científico, defendiendo su derecho al uso pacífico del espacio. Sin embargo, todas las grandes potencias confían ciegamente en los gobiernos norteamericano e israelí cuando consideran la posibilidad de una guerra contra Irán “por la paz y seguridad mundial”, sin caer en la enorme paradoja que ésto significa. O cuando se invade un país, violando el derecho internacional, para “democratizarlo” o atrapar al “mayor terrorista de la historia”. Entonces nadie dice si se violan o se dejan de violar resoluciones de la ONU. Es más, en muchas ocasiones, las propias Naciones Unidas respalda estas acciones. Es lógico, teniendo en cuenta el poder que el Tío Sam ostenta en la organización.

Un agravante a esta situación es que todo son suposiciones, ya que nadie sabe realmente el arsenal nuclear que posee Corea del Norte. En el acuerdo de febrero, además de paralizar su enriquecimiento de uranio, se comprometía a permitir el acceso de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), como también lo permitió Irán y que, sin embargo, no permite Israel. Se trata de una situación delicada, auspiciada no solo por los estados etiquetados como “malos de la película”, sino también por muchos otros que les provocan por detrás.

Fotografía: Steve Jurvetson

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