La educación interviene en la formación personal del niño como el factor fundamental sobre el que arraigar su conducta. La mala praxis, tanto en el ámbito escolar como en los cuidados que se procuran al niño en el hogar, repercute negativamente en el desarrollo de su conducta. Entra en juego, entonces, el concepto de criminalidad, que es la deriva más inmediata a la convergencia de factores como la falta de comunicación entre padres e hijos, la disciplina férrea, el acoso escolar… que contribuyen a agravar el problema. La conjunción de estos factores provoca la aparición de anomalías conductuales que se traducen en altas tasas de fracaso escolar. Abordamos este problema haciendo hincapié en los diversos factores.

La educación es fundamental en cualquier civilización para poder llevar una convivencia con todo nuestro entorno. Por ello, a lo largo del tiempo se han ido implantando diferentes leyes educativas con el objetivo de crear una educación de calidad para todos los ciudadanos.

El sistema educativo español se encuentra por diversas razones entre uno de los peor posicionados de la Unión Europea. Esto es debido, entre otras cosas, a los altos porcentajes de abandono escolar, los pocos alumnos brillantes, los elevados índices de problemas que se dan en las escuelas, etc. A ello se suma que en las aulas el número de alumnos por clase se ha incrementado, el de profesores ha sufrido disminuciones periódicas, hay escasez de infraestructuras, etc.

Actualmente, nos encontramos bajo la ley educativa de la LOMCE. Se trata de un derecho universal del niño/a, que garantiza el acceso de las personas a la enseñanza. En España su obligatoriedad alcanza hasta los 16 años, lo que ha provocado grandes polémicas por parte de profesores, tutores y estudiantes, afirmando que se trata de una ley de ideología clasista e injusta. En estos momentos, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha insertado una serie de reformas para que la nueva reválida otorgada a bachillerato sea similar a la Selectividad. También la evaluación de 4º de la ESO cambiará para ser semestral, aunque solo algunos centros educativos elegidos por las propias comunidades realizarán la prueba.

La educación obligatoria en España consta de:

  • Educación Infantil: centrada en la etapa de preescolar y dividida en dos ciclos: el primero es opcional que comprende entre los 0-3 años y de pago, donde las familias tienen la posibilidad de hacerse cargo del niño. El segundo, sin embargo, va desde los 3-6 años, es gratuito y es obligatorio, ya que forma parte de sistema de enseñanza.
  • Educación primaria: compuesta por seis cursos, empezando a los 6 años hasta los 12 en caso de no repetir. El objetivo es el de dar a los estudiantes una educación básica, común y sólida en ámbitos como la cultura, expresión oral, lectura, escritura y aritmética.
  • Educación secundaria: Los estudiantes deben realizar la E.S.O que generalmente dura desde los 12 años hasta los 16. Una vez que superado el último curso se pueden elegir tres vías: continuar su etapa académica por bachillerato, por formación profesional o incorporarse al mercado laboral.

Una vez alcanzada la educación obligatoria, muchos jóvenes deciden no continuar la preparación académica, incluso se dan casos en los que se abandonan los estudios obligatorios antes de tiempo, alcanzando así los altos índices de fracaso escolar que son notables en las estadísticas, de los cuales se hará referencia más adelante.

En cuanto a los acontecimientos históricos que rodean el sistema educativo, se recopilan en la siguiente línea temporal:

Relación entre educación y criminalidad. Factores.

A lo largo de los años, la relación entre la educación y la criminalidad se ha ido definiendo gracias a los estudios que los vinculan. Uno de ellos es el realizado en 2014 por la fundación UNAM. Lochner, su creador, hace hincapié en la importancia de la educación en las sociedades. Dicho estudio consiste en estudiar numerosos casos reales, alcanzando la conclusión de que en aquellos donde existe una mayor preparación académica, la delincuencia se ve reducida considerablemente.

Esta relación establecida entre educación y criminalidad puede servir para observar una serie de elementos:

  • En primer lugar, enseñar las ordenanzas y las leyes, de forma que se interioricen consiguiendo una mayor convicción de que son buenas para la convivencia. Esto ayuda a la efectividad del cumplimiento al poner penalidades por cada infracción.
  • Igualmente sirve para enseñar una manera adecuada de realizar las cosas y llegar a una buena toma de decisiones.
  • Las personas actúan a través de las experiencias y en función de los valores que les han sido otorgados, de manera que, si el entorno lleva a la práctica estos valores, el deseo y las causas para cometer acciones inapropiadas se ven reducidos.
  • No solo en la educación se encuentra el motivo de la criminalidad, sino que existen otros factores que también tienen cabida entre los posibles causantes de delincuencia. Puede ser por motivos familiares, académicos, sociales, por las características individuales o aquellas que se adquieren en grupos, así como por cualquier otro factor externo.

En primer lugar, nos centraremos en los dos ámbitos principales: La familia y la escuela.

En la familia comienza nuestro proceso de socialización y esto es un elemento fundamental en la primera etapa de juventud que caracteriza a los niños/as. De la relación que se comienza a tener con los miembros de la familia, empieza a crearse la personalidad de los individuos. En este ámbito se destaca la inseguridad, la falta o insuficiencia de la vigilancia afectiva de la primera infancia y la inestabilidad familiar. Pero, ¿Cuáles serían los factores que pueden influir en la delincuencia propiamente dicha?

  • Falta de supervisión o control de los padres: En toda familia, hay que tener un control de lo que hace el niño tanto dentro como fuera del hogar, es muy importante ser conscientes de su manera de actuar. Adquiere su propia personalidad a través de experiencias que van a ser decisivas a la hora de encontrar sus capacidades y obtener un grado de madurez.
  • Actitudes crueles, pasivas y negligentes de los padres: Puede darse el caso de que algún miembro de la familia mantenga una actitud negativa o cruel hacia el niño, incluso llegando al abuso, que suponga una mala experiencia para él. Con este tipo de tratos, se le atribuye al niño un aprendizaje que puede afectar en sus relaciones a corto y largo plazo. Entienden que la violencia es el modo de resolver cualquier conflicto.

Aquellos niños que son maltratados, se convierten en el grupo de riesgo a ser violentos, a abandonar el hogar, a delinquir, etc.

  • Disciplina férrea: El exceso de disciplina y rigidez en las relaciones familiares provocan tensión en el entorno y esto hace que adquiera una actitud agresiva con los padres, desatando su ira en ocasiones fuera del hogar. También existe el caso de que se otorgue un exceso de libertad, y hace que se provoque un sentimiento de frustración e inseguridad al no saber qué es lo que está bien.
  • Malos ejemplos conductuales: Los padres son los responsables de que sus hijos aprendan una buena conducta debido a la educación que les ofrecen. Los niños tienden a imitar ese comportamiento.
  • Falta de comunicación entre padres e hijos: Problema que se produce sobre todo en familias con mayores recursos económicos por exceso de trabajo, estrés…
  • Carencias afectivas: La ausencia de cariño al niño dificulta que tenga una sensación positiva de las acciones que realiza. Se provoca un deterioro integral de la personalidad del niño.
  • Falta de enseñanza de valores pro sociales: Se caracteriza por una falta de valores sociales, lo que prima es el individualismo. Valores como solidaridad, humanidad, tolerancia, compasión, autocrítica, empatía…
  • Marginación socioeconómica: Las situaciones de pobreza, marginalidad, hacinamiento, falta de recursos y oportunidades influyen en el desarrollo de la violencia en las familias.

Este tipo de conductas y situaciones contribuyen en gran medida a la exclusión social, y a encaminar a las personas a la delincuencia. Un experto habla sobre el tema, desde su perspectiva como colaborador en una ONG que ayuda y trata a aquellos que ingresan en centros penitenciarios, en un campo concreto como es la drogodependencia:

Por otro lado, encontramos el ámbito de la escuela, donde según el estudio de Jacob y Lefgren, se establece que los crímenes violentos entre los jóvenes aumentan con la asistencia a la escuela en un 28%. Esta violencia ha aumentado en los últimos años. El tipo de violencia que predomina en la actualidad es el acoso escolar o bullying. La responsabilidad de este problema no radica solo en las escuelas, sino que se trata de un problema que debe asumir toda la sociedad, ya que cada vez se le está dando más importancia y más visibilidad en los medios.

El tipo de maltrato no solo es físico, sino que también es psicológico y verbal. Estadísticamente el más predominante en este ámbito es el emocional, que afecta en el modo de actuar de los niños, sobre todo en la entrada a la adolescencia. Lo que consiguen con el acoso escolar es provocar intimidación en las víctimas, provocándoles inseguridad, ya que siempre suelen ser considerados como más “débiles”. Este suceso, provoca en la mente del niño secuelas psicológicas que le afectan a la hora de relacionarse y tomar decisiones.

El acosador, en cambio, suele caracterizarse por tener ausencia de empatía y algún tipo de distorsión cognitiva, suelen ser personas que han visto violencia con regularidad en su entorno y han aprendido este tipo de actitudes desde la infancia.

A continuación, una representación gráfica de la cantidad de veces que se produce de cada tipo de acoso en términos porcentuales:

En cuanto a los tipos de acoso, el profesor Iñaki Piñuel y Zabala y Araceli Oñate destacan los siguientes:

  • Bloqueo social: Lo que se pretende con este tipo de maltrato es el aislamiento social y la marginación de la víctima impuesto por conductas de bloqueo. Un ejemplo de esto puede darse cuando se le prohíbe a un niño jugar a algún juego con un grupo de niños en el colegio.
  • Hostigamiento: Consiste en mantener acciones de hostigamiento y acoso psicológico con lo que se demuestra desprecio y cuyo fin es ridiculizar a la víctima.
  • Manipulación social: el acosador tiene como objetivo manchar la imagen de la víctima influyendo en la relación que mantengan con él el resto de niños. Toda acción que lleve a cabo será utilizada para provocar el rechazo en los demás.
  • Coacción: Buscan que el niño actúe en contra de sus principios. Quieren ejercer un poder sobre él dominando todas sus acciones.
  • Exclusión social: Aíslan a la víctima impidiendo que pueda socializarse con el resto de los compañeros. Influyen en su deseo de participar en las actividades.
  • Intimidación: Provocan un sentimiento de miedo en el niño mediante la intimidación y la amenaza.
  • Amenaza a la integridad: el acosador actúa contra la integridad física del niño y su familia, utilizan la extorsión.

Para contextualizar la temática que abordamos respecto al acoso escolar, entrevistamos a Rosa, coordinadora del programa de prevención de acoso escolar del IES “Hoces del Duratón”, para esclarecer los entresijos del tema del bullying.

Consecuencias del acoso: el fracaso escolar

El fracaso escolar es la incapacidad del estudiante de lograr los objetivos medios estipulados para su edad o nivel escolar.

El fracaso escolar se traduce en el número de suspensos del alumno, puesto que las calificaciones o notas son los únicos baremos para medir el nivel del estudiante. El concepto de fracaso escolar entra en juego cuando el número de suspensos sobrepasa el umbral de lo que se puede considerar suspenso eventual.

Las causas que generan los índices de fracaso escolar van desde trastornos de aprendizaje o trastornos emocionales a factores externos al alumno como el bullying o acoso escolar. Solo el 2% de la tasa de fracaso escolar corresponde a los factores intelectuales, mientras que el 29% se debe a trastornos de aprendizaje como la dislexia. Un 10% de las cifras de fracaso escolar se asocia con desórdenes emocionales, entre los que destaca de déficit de atención con hiperactividad (TDAH). El fracaso escolar a causa del bullying se establece en un 1%.

  • Factores intelectuales:
    El fracaso escolar a nivel intelectual se mide en el coeficiente intelectual de una persona a través de una serie de pruebas psicológicas que determinan si se ajusta o no a los niveles medios establecidos de un modo comparativo.
    Si el coeficiente se sitúa por debajo de la media, que es de 85, estaríamos ante un caso de debilidad mental. En caso contrario, cuando el coeficiente sobrepasa la media estipulada hablaríamos de la consideración de superdotado. Aunque la condición de superdotado no garantiza el éxito escolar.
    En el primero de los casos la inadaptación al sistema educativo se traduciría en la inmadurez mental. Esta inadaptación acarrearía un atraso del estudiante respecto a sus compañeros.
    Los superdotados, por su parte, también presentan altos índices de fracaso escolar ante la existencia de un sistema educativo que no colma sus expectativas de aprendizaje. A esta deriva el estudiante pierde el interés por el aprendizaje.
  • Factores afectivos- emocionales:
    Hay estudios que corroboran que un 40% de los fracasos escolares se deben a causas emocionales. Factores entre los que se engloban los trastornos de ansiedad, la baja autoestima, la depresión u otros problemas menos usuales como la neurosis o psicosis.
    La influencia de la familia en la estabilidad emocional del estudiante es el desencadenante en la aparición de estos trastornos. Hay acontecimientos personales que marcan el devenir del alumno:

    • Situaciones especiales como la muerte o enfermedad de un familiar, el abandono por parte de uno de los progenitores.
    • La separación del matrimonio, el nacimiento de un nuevo hermano son factores que repercuten también en la personalidad del niño.
    • Estilos educacionales de los padres como la severidad, el rigor disciplinario o, en su defecto, la desprotección o la indiferencia del padre respecto a la formación del hijo, como se apuntaba con anterioridad.
    • Trastornos a causa del desajuste emocional durante la adolescencia. El control de los padres impide que los hijos caigan en el consumo de drogas o la ingesta de alcohol, lo que redundaría en perjuicio del adolescente.
    • Situación social desfavorable. En este apartado entran en juego las nociones de marginalidad, exclusión social, bullying.

Existen también diferentes tipos de fracaso escolar:

  • Primario: hace referencia a los problemas de rendimiento del alumno en una etapa incipiente o germinal. Problemas asociados a la inmadurez del alumno.
  • Secundarios: problemas originados por los cambios de personalidad que experimenta el niño a lo largo de las distintas etapas de la adolescencia.
  • Circunstancial: la vigencia de la anomalía educacional no se perpetúa en el tiempo. Es un hecho esporádico que puede ser revertido.
  • Habitual: los suspensos se prolongan durante toda la etapa educativa del estudiante.

En cuanto al fracaso escolar fragmentado por Comunidades Autónomas, se pueden observar algunos datos interesantes en los siguientes gráficos:

Enseñanza en el hogar y la educación por sexos

Los hijos son el reflejo exacto del ambiente que están viviendo en su hogar, los niños absorben todas las vivencias, emociones, problemas, tristezas y cualquier tipo de emociones que emanen de allí.

Como ya hemos visto anteriormente, prueba de ello son factores como las carencias afectivas, la marginación socioeconómica, la falta de enseñanza de valores sociales y/o de disciplina, etc.

De esta manera, debemos entender y recordar que la violencia como cualquier acto violento hacia los demás ya sea con golpes, patadas, cachetadas, rompimiento de ropas, de objetos personales o de la casa, igualmente la violencia no sólo es física también tiene que ver con las palabras humillantes, gestos descalificantes, acusaciones infundadas, y todas aquellas acciones que tengan que ver con intimidar y hostigar a la persona causando dolor interno.

En una encuesta de 5.807 estudiantes de escuela media y secundaria de casi 138 escuelas públicas de Massachusetts, los investigadores encontraron que los que tenían que ver con el acoso escolar también eran propensos a sufrir abuso de un familiar o ser testigos de violencia doméstica, en comparación con las personas que no eran ni abusadores ni víctimas.

La proporción de probabilidades de que un estudiante de secundaria es maltratado físicamente por un familiar es de 2,8 para aquellos que son víctimas de bullying y de 3,8 para los que son bully y abusadores.

En su hogar es donde aprenden a amarse y respetarse, a reconocer los errores en ellos mismos y en lo demás. Vemos que el bully o agresor tiene un perfil muy marcado a pertenecer a familias disfuncionales, con gritos y falta de respeto hacia cada uno de sus integrantes, desde la relación de los padres como la de los hijos entre sí, no existe respeto ni consideración alguna hacia los demás.

En estos hogares la vía para arreglar los problemas es a través de los gritos, insultos e intimidaciones, y son precisamente estas conductas las que hacen que el niño en el colegio intente ejercer su liderazgo de la misma manera que lo hace en su casa.

También encontramos el caso de aquellos niños que son intimidados o maltratados continuamente por sus hermanos, ya sean mayores o menores de su mismo género o no. Estos niños son los que en el colegio repiten estos patrones de conducta, buscando desahogar los sentimientos de represión y tristeza que sienten y de los que son víctimas a diario en su casa.

Los ejemplos de maltrato infantil y violencia intrafamiliar son innumerables. Como padres, profesores o adultos responsables al cuidado de niños y jóvenes, se deben cuidar las relaciones con quienes les rodean y con quienes aman, para que malos ejemplos y situaciones que ocurren en la vida diaria no sean el detonante de que los hijos o pequeños de nuestro entorno se conviertan en bullys.

Como ya hemos visto, en el caso del bullying se desempeñan dos papeles principales: el acosado y el acosador. A continuación, mostramos una serie de medidas que pueden adoptar los padres según el papel que ejerza su hijo y así poder poner solución a este problema:

  • Cuando el niño es víctima de acoso: En el caso de que los padres sospechen que su hijo es un acosado o víctima de bullying, es sumamente positivo establecer un canal de comunicación y de confianza con el hijo para que él se sienta cómodo al hablar con ellos acerca de todo lo bueno y lo malo que está viviendo. Si su hijo es una víctima, hable con él, y comprométase a ayudarlo a resolver este problema. Dígale que él no es el culpable de esta situación. No le haga sentirse culpable ni le abandone. Intente siempre algo más. Siéntese junto a tu hijo y hablen del tema. Hazle sentir que está arropado, sin estimular la dependencia. Implique a tanta gente como sea posible y siga estos consejos:

  • Cuando el niño es el acosador: Es muy difícil para muchos padres reconocer algo negativo en la conducta de sus hijos, por eso es muy importante, cuando se detecta el caso, que ellos trabajen directamente con la escuela para resolver este problema, de una forma inmediata, ya que normalmente el problema de una mala conducta suele crecer como una bola de nieve. Lo que jamás deben hacer los padres del acosador es usar la violencia para reparar el problema. Pueden ser acusados de malos tratos hacia su hijo. Estos consejos pueden ayudar a canalizar la situación hacia un lado positivo:

Pero hablar sobre el tema no ofrece una visión tan cercana como la que pudo contarnos un alumno que sufrió un caso real de bullying, donde habla de su experiencia durante unos años de su vida:

La cuestión de género podría aplicarse también a uno de los factores influyentes en los riesgos de criminalidad de las personas. Recientemente se han llevado a cabo una gran cantidad de estudios que analizan la situación actual, realizando una visión crítica hacia las formas educativas que tienen cabida en la sociedad actual, y ofreciendo una división por sexos.

En pleno año 2017 muchas personas afirmarían que la educación ha evolucionado en gran medida con respecto a las diferencias de género, y que incluso no existen ya disparidades entre la educación recibida por ellas y por ellos. Resulta evidente que a la hora de hablar del sistema educativo ya no se puede hablar de esta desigualdad que las mujeres sufrían antiguamente a la hora de acceder o alcanzar los estudios, pero el campo educativo del cual las familias suelen apartar la visión crítica de este ámbito es el de la educación desde el hogar.

Un niño no es educado en base a los mismos valores que es educada una niña. Este argumento implica que desde que nace, una persona comienza a adquirir conocimientos sobre qué adjetivos, actos o características serán aceptados socialmente durante su desarrollo, descartando todas aquellas que no entren en los “estereotipos” de género que les corresponden.

“Pareces marica”, “échale huevos”, “corres como una niña”, “los niños no lloran”, “no seas nenaza”, “compórtate como un hombre”, “sé un hombre”. Frases que la inmensa mayoría de niños crecen oyendo, siendo sometidos a un proceso de represión de sus sentimientos, donde aprenden que la “masculinidad” debe estar asociada con la muestra de agresividad, de pasividad, de rechazo hacia todo lo femenino. De esta manera, a lo largo de su vida, los niños y hombres atraviesan un proceso constante de canalización de este tipo de valores, que según numerosos expertos han sido estudiados sus efectos como perjudiciales.

“La máscara en la que vives” se trata de un documental muy representativo sobre este aspecto, que muestra con claridad los tipos de problemas sociales causados en Estados Unidos por esta “masculinidad tóxica”. De esta forma, lanza reflexiones como “¿De qué manera estamos saboteando a nuestros pequeños?”, o “Hemos construido una idea de masculinidad que hace que los jóvenes se sientan inseguros de su propia virilidad y les obliga a demostrarla continuamente”. Y es que los valores sociales actuales han realizado una devaluación de todo aquello que define a una mujer, como el afecto, la empatía, la capacidad de ayudar a los demás, cuidar de otros…

La doble cara de este problema no reside únicamente en la forma en que la mujer es vista o aceptada socialmente, sino que estas actitudes y valores aprendidos resultan peligrosos para el correcto desarrollo de los varones. Construir esta idea de masculinidad provoca que constantemente traten de tener frente a los demás actitudes más intimidantes, agresivas, pasivas… todo ello, tras numerosos estudios, ha reflejado que aumenta considerablemente el riesgo de desembocar esta represión sentimental en actitudes delictivas, derivadas en rabia o frustración.

En términos porcentuales los hombres son quienes tienden mayoritariamente a delinquir, a cometer delitos de gravedad. En muchos de estos casos han sido estudiados los delincuentes y se han encontrado malos entornos de educación en sus años de juventud, que corresponden no solo a situaciones familiares complicadas, sino a este tipo de educaciones donde el hombre ve contenidos sentimientos o emociones propio de personas, no de sexos.

De esta manera se puede observar que una situación personal complicada, como la ruptura de una familia, malas influencias en los grupos sociales… no son los únicos factores de riesgo que impulsan a una persona a cometer delitos o a tener comportamientos agresivos. Todo ello implica que la educación que reciben por su entorno también afectaría a las actitudes futuras de los niños, de manera que no son solo los factores complicados los que hay que cuidar, sino también la forma en que representamos el mundo que nos rodea.

A modo de conclusión

Como se ha podido observar, uno de los pilares fundamentales en la vida es la educación, y se ha visto complicada su regulación en las recientes leyes aplicadas durante estos últimos años. La educación de hoy influye en lo que los jóvenes serán mañana, de manera que los errores educativos cometidos en su entorno influyen directamente en el riesgo de traducir estos conocimientos en violencia o delincuencia.

Es por ello por lo que su regulación cobra un papel imprescindible en el ámbito social, pero sin dejar a un lado el desarrollo y aprendizaje que los jóvenes aprenden en su entorno familiar y de amistades, que en los casos desfavorables pueden llevar por un camino descontrolado que suele acabar en actos delictivos y violentos.

Si volvemos al tema de la escuela, donde comienzan a crearse nuestros factores físicos, emocionales y cognitivos, uno de los temas que más preocupan es la violencia que se ejerce en muchos casos llamados acoso escolar o bullying. Como el alumno que nos ofrece el lado más duro de este aspecto, debemos recordar que es un problema que no todos los niños son capaces de superar.

Es en este momento donde debemos inculcar los verdaderos valores que acompañarán a los jóvenes durante su vida, teniendo en cuenta que todo influye, y la complejidad que existe a la hora de ofrecer cualquier tipo de lección a otros. Por todo ello, la educación y el respeto tienen un valor incalculable en el proceso de aprendizaje en un niño, porque somos el reflejo de lo que vemos y de lo que nos enseñan.

Solo queda decir que es muy relevante tomar conciencia y empezar a educar a nuestros jóvenes para que poco a poco mejore esta situación y el acoso deje de ser una asignatura más. Los niños quieren aprender, pero no crecer para ser esclavos de una mala educación.

1 Comentario

Dejar respuesta