Economía "de casino". ¡Hagan juego!

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Aunque nació hace poco más de un año, su gestación fue produciéndose meses antes a su alumbramiento, siendo ya alimentada por sus “padres”, que han conseguido que nazca muy fuerte y con energía. Pronto empezó a gatear sin salir de su país de origen y al poco tiempo echó a andar, recorriendo cada día distancias kilométricas. Cuando le salieron los primeros dientes, aprendió a morder y a hacer daño. Sus travesuras han alertado a decenas de personas dentro y fuera de su país y… la adolescencia está próxima… Su nombre, crisis. Sus apellidos, especulación y riesgo.

Ante la confusión de su posible origen, es necesario que sepamos definir correctamente por qué se ha producido esta crisis y quién o quiénes están detrás de ella. Su origen inmediato está en las ya famosas subprime, es decir “las hipotecas basura” concedidas por los bancos de EE.UU a familias con rentas justas para pagarlas. Todo esto se producía cuando Alan Greenspan, el entonces presidente de la Reserva Federal, mantenía los tipos de interés al 1%. ¿Esto qué quiere decir? Que el precio del dinero estaba muy bajo y los bancos sentían la necesidad de hacer continuas operaciones, con riesgo incluido, para generar beneficios.

Cuando un banco firma una hipoteca, se genera un título financiero compuesto por un “pasivo” (nuestra obligación con la entidad) y un “activo” (con lo que comercia el banco). Pues bien, ese riesgo que tienen las familias de no poder pagar sus hipotecas, hace que ese “activo” tenga mucho más valor en los mercados. Por tanto, no hace falta que diga la cantidad de títulos que han colocado los bancos estadounidenses a lo largo del mundo ¿Verdad? La consecuencia principal está clara: muchas familias no pudieron hacer frente a su hipoteca (algo que ya se sabía) y por lo tanto, los títulos y los bancos se contaminaron.

Se jugó con fuego desde el minuto uno. Se sabía que podía ocurrir. Se regaló el dinero en EE.UU y uno de los máximos responsables, Alan Greenspan, lo ha reconocido hace unas semanas. Pero de nada sirve lamentarse cuando durante mucho tiempo los grandes poseedores del capital han hecho de la opacidad, la falta de información y la nula transparencia sus señas de identidad. La consecuencia está clara, cientos de entidades de todo el mundo han tenido que pedir auxilio a sus respectivos países y se acogen al plan de rescate de turno, bien sea a través de la compra de activos tóxicos, sanos o la nacionalización parcial o completa.

El mal ya está hecho y ahora toca la refundación del capitalismo. Qué fácil resulta todo ¿verdad? Y qué poco queda para que se reúnan los mandamases de los países del G-20 ¿y Zapatero? (que le digan ya que va) en una cumbre que pretende convertirse en la mítica Bretton Woods del año 1944 (cuando aún no había llegado el color al mundo) donde los líderes de 44 países sentaron los bases de un sistema económico que ahora hace aguas.

Mientras tanto, que no cunda el pánico, que mientras quede algo en las Bolsas y una serie de países emergentes que puedan tirar del resto, no tiene por qué haber preocupación alguna. ¿Seguro? Mucho se ha hablado del papel de estos estados en esta crisis pero países de Europa del Este, Latinoamérica y Asia han visto desplomarse sus Bolsas, sus bonos y sus divisas. Hungría, Ucrania, Islandia, Bielorrusia y Pakistán han tenido que pedir ayuda al FMI para evitar el colapso de sus sistemas bancarios.

Lo mismo ocurre en Latinoamérica y es que la crisis también ha impactado con fuerza en países como Argentina, Brasil, Venezuela, Chile o México. Y en Asia, China se está viendo también impactada por el desplome de los precios de las materias primas. Esta semana se ha conocido que su PIB en el tercer trimestre fue de un 9%, lo que supone que por primera vez en cuatro años se economía creció por debajo de los dos dígitos. Preocupante.

Mientras todo esto ocurría, gobiernos de todo signo han movilizado ingentes cantidades de dinero para no dejar morir su sistema bancario. Sólo hace unos días, a la Unión Europea (¿o desunión?) se le ocurrió preocuparse de la economía real y trazar un plan de rescate muy genérico de momento. Y eso deberían hacer todos los países. España tiene 50.000 millones de euros bajo el brazo para comprar acciones y poner liquidez en el mercado. De esta forma, los bancos no tendrán tanto miedo a prestarse entre ellos y ni tampoco a las empresas y familias… ¿Será cierto?

Lo malo de mirar continuamente al exterior y de preocuparse demasiado por la situación de los vecinos o de querer estar en una cumbre u otra es que cuando uno mira a su propio país, se encuentra que cada día hay cientos de personas que se quedan sin trabajo, que cada vez más familias viven con menos y que ya no pueden recurrir a las entidades que son, al fin y al cabo, las entidades que provocaron toda esta crisis. Conclusión: los ciudadanos finalmente pagamos las consecuencias de unos señores que llevaron una economía de casino. Pero, no siempre se gana. Y ellos se pueden permitir un fracaso porque han amasado mucho dinero pero hay personas que con una sola derrota en una partida en la que no querían participar, están fuera de juego.

Confiemos en los políticos aunque no tengamos ganas. Y no es que seamos pesimistas. Es que uno no puede confiar, y sinceramente lo digo, en unos políticos que no acuden a su trabajo cuando se discute sobre la economía de un país. Un ejemplo ¿Pueden contar las personas que había el pasado miércoles en el Congreso en la sesión de control al Gobierno? Ese día la economía y el paro iban a ser un punto principal… Fíjense lo que les preocupa.

Fuentes del texto:
El economista (25 de Octubre de 2008)
El País (26 de Octubre de 2008)
Fuentes de las imágenes:
http://www.cotizalia.com/fotos/economia
www.publico.es

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