Drogas, ¿legalización o represión?

0
169

El fracaso de cuarenta años de políticas penales y represoras para combatir el tráfico de drogas. Eso es lo que ha empujado a Barack Obama y al resto de líderes americanos a debatir, en la VI Cumbre de las Américas, nuevos métodos para reducir el consumo de estupefacientes y terminar con la violencia y el narcotráfico. Ante los estrepitosos resultados de las estrategias mantenidas por los gobiernos de Estados Unidos, el continente se pregunta: ¿De verdad es ésta la mejor solución?

La VI Cumbre de las Américas, celebrada en Cartagena de Indias el pasado 15 de abril, ha servido para que presidentes como Juan Manuel Santos (Colombia), Evo Morales (Bolivia), Laura Chinchilla (Costa Rica) y Otto Pérez Molina (Guatemala) se unan para proponer políticas distintas a la mera represión en la lucha contra las drogas. Expresidentes, intelectuales y exfuncionarios de múltiples países latinoamericanos defienden la legalización como solución, a la vista de que la militarización de la seguridad pública no ha dado resultados. Algunos, queriendo cercar el amplio escenario de la legalización, han introducido la idea de la “regulación”, señalando que no es lo mismo que legalizar: “Regular es crear las condiciones para la imposición de todo tipo de restricciones y límites a la comercialización, propaganda y consumo del producto, pero sin ilegalizarlo”.

La posición de Barack Obama ha sido firme y contundente: no ve la legalización de las drogas como solución a la violencia del narcotráfico. Defiende que podría provocar “un comercio masivo de drogas que dominaría muchos países, sin límites para sus operaciones, y esto podría ser mucho más dañino que las condiciones que existen en este momento”. Aun así, el pasado el 16 de abril, un día después de la celebración de la cumbre, Obama presentó un nuevo Plan Nacional sobre drogas cuyo objetivo prioritario no es la detención y condena de los consumidores, sino la prevención de la drogadicción, lo que implica un cambio radical con respecto a los años anteriores y la introducción de soluciones alternativas.

Estados Unidos puede haber cambiado su política sobre drogas para acercase más a América Latina. Una región muy prometedora en términos comerciales, en donde el Tío Sam pierde cada vez más influencia debido a la reciente penetración de China. La asociación con América Latina podría abrir nuevos mercados a los estadounidenses, algo que indudablemente se transformaría en un elevado número de votos en las elecciones del próximo mes de noviembre. Pero, al margen de las razones que hayan movido a Obama a interesarse por América Latina, el debate debe ser bien recibido, ya que ayudará a saber cómo afrontar un problema que amenaza la seguridad nacional y la estabilidad democrática de América Latina.

Hablar de legalización suena utópico e incluso anárquico, ya que el marco es demasiado ilimitado. ¿De qué legalización hablan los latinoamericanos? ¿Legalización de la dosis mínima? ¿Legalización del consumo o del tráfico? ¿Y las penas de los narcotraficantes ya encarcelados? ¿Se perdonarían? Sin embargo, ha quedado demostrado que es imposible encontrar una solución fuera de la legalización, por lo que ya se puede asumir la imposibilidad de acabar con la droga.

Para Estados Unidos, esta situación supone fundamentalmente un problema de salud pública, pues es el mayor consumidor mundial de drogas. Sin embargo, los estupefacientes en América Latina son sinónimo de violencia, corrupción y muerte. La legalización no disminuiría el consumo de drogas, pero sí reduciría el poder de las mafias, porque el tráfico es lo que alimenta el crimen organizado. Así se entiende la postura de las diferentes partes, pero desde las penas de cárcel o de muerte para los consumidores, por un lado, y hasta la legalización de la producción y distribución de estas sustancias, por otro, podrían existir varias soluciones intermedias. La despenalización del consumo, con la introducción de límites en el tráfico que prevengan un total descontrol, es una solución a medio camino que podría complacer a todas las partes.

Fotografía: César Carrión-Sig

Dejar respuesta