Dos soledades juntas

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¡Cuánto silencio se respira en Lost in translation (2003)! ¡Con qué detallismo y pasión nos dibuja Sofia Coppola (Nueva York, 1971) en su segundo filme la personalidad paralela de dos seres frustrados que, finalmente, acaban encontrándose! Muy pocas veces hallé en el séptimo arte una amistad (al borde del amor, siempre al borde) tan pletórica, tan auténtica, tan perseguida por la soledad, y, a la vez (o por eso), con no pocos anhelos de compartir sensaciones, dudas, temblores, fracasos…
Un espléndido Bill Murray (tiene tanto talento que parece hablar en lugar de actuar) se presenta en Lost in translation como una especie de pasado sostenido. Es un veterano actor norteamericano de reconocido prestigio –tal vez en el ocaso de su carrera–, casado y con hijos, que huye de su monótono hogar con la excusa de anunciar, en Tokyo, una marca de güisqui. También reside temporalmente en la misma ciudad su compatriota Scarlett Johansson, que me atrapa (y me desnuda) desde el primer plano, tumbada en la cama, símbolo de un presente mediocre. No es éste el lugar adecuado para hablar de sus atributos físicos, tan repetidos (boca para el infarto, busto incontrolable, curvas vertiginosas…), ni tampoco de sus defectos, tan olvidados (no es alta, evidencia cierta pesadez en la zona trasera, tiene los tobillos un poquito gruesos…: ya saben, en cualquier caso, que para mí la Belleza no está reñida con la imperfección), pero me veo en la obligación de abordar la pasión que siento por su personaje de Lost in translation…

En esta película, Scarlett aparece en muchas secuencias descalza y con las piernas desnudas, porque no hay pantalón o falda que haga justicia a tanto fulgor y a no menos fragilidad. Scarlett es aquí un mundo que huye de otro mundo, tan asfixiante. Es, en efecto, una veinteañera abstraída (como todas las chicas que me maravillan últimamente) que conecta con muy pocas personas de su generación. Dedica gran parte de su tiempo a observar, desde la ventana del hotel en donde se aloja, los pequeños detalles de la gran ciudad. ¿He dicho ya que vive con su marido? No importa: apenas comparten experiencias (él, fotógrafo de prensa, anda ajetreadísimo…). Al parecer, ella cursó estudios de Filosofía, pero no tiene claro a qué se dedicará en el futuro. Lo intentó con la escritura y con la fotografía, pero es consciente de su escaso talento… Si yo fuera su amigo –¡ese pazguato no la merece!–, le daría todo el tiempo del mundo (¡cuánto sabe Coppola!) para que se contemplase –como el poeta que revisa sus versos–, para que nos contemplase… Eso es precisamente lo que hace ella cuando descubre (recordemos que da el primer paso, en un local de copas) al personaje de Murray. Y viceversa, “porque esto es la poesía: dos soledades juntas / y una verdad que ordena tu vida con mi vida.”, según García Montero.

Revisen cada semana, si es preciso, Lost in translation: tal vez así limpien ese sentimiento tan incomparable y traicionado –al menos en mi caso, indirectamente– que es la amistad. Deténganse en aquella secuencia de la cama: Murray y Johansson acostados (no en el sentido sexual, aunque aquí hay mucho más fuerza y ternura que en tanta pornografía barata), dando voz al silencio. Y el final… qué decir del final: ¡es de un poder arrebatador, emociona a las piedras (discúlpenme si se sienten aludidos)!

Sofia Coppola –que apuntaba muchas maneras con la sorprendente e inocente Vírgenes suicidas, 1999– fraguó con Lost in translation un clásico del presente. Sus personajes no dejan de asombrarse, pese al evidente hermetismo (la Belleza ha de mirarse a sí misma), ante el arte y la vida. Son tan tremendamente reales e irónicos que crean, en un país ajeno, un nuevo lenguaje: ¿se han dado cuenta de que he otorgado el nombre real de la actriz (Scarlett) a su propio personaje desde el principio del artículo? ¡Cuántas ganas de cambiar, poco a poco, el mundo!

LOST IN TRANSLATION. Dirección: Sofia Coppola. Guión: Sofia Coppola. Intérpretes: Scarlett Johansson, Bill Murray, Akiko Takeshita, Kazuyoshi Minamimagoe. Género: comedia-drama. EE UU, 2003. Duración: 102 minutos.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=yYAS92XPvIM[/youtube]

Fuente de la información:
FERNÁNDEZ-SANTOS, Á., “Celuloide en las venas”, El País, 13/02/2004
GARCÍA MONTERO, L.,
Poesía urbana, Renacimiento, Sevilla, 2007
Fuentes de las imágenes:
http://www.slashfilm.com
http://sangelle.files.wordpress.com

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Periodista cultural y escritor nacido en Santiso de Abres (Asturias), en 1987. Es licenciado en Periodismo por la Complutense y Máster en ‘Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación’ por la misma universidad, donde ultima su tesis: ‘La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión’. Es jefe de la sección de Folio en Blanco en LA HUELLA DIGITAL y colabora en el diario lucense ‘El Progreso’, en cuya redacción ha trabajado. Ha escrito artículos culturales para diversas publicaciones, como el periódico asturiano ’La Nueva España’ o ‘Revista de Letras’ (canal oficial de libros de ‘LaVanguardia.com’). Es autor del poemario ‘Camas de hierba’ (Vitruvio, 2011). Su lírica ha aparecido en diversas revistas poéticas y ha sido antologada en las obras colectivas ‘Amores infieles’ (2014) y ‘La primera vez… que no perdí el alma, encontré el sexo’ (2015), ambas editadas por Sial-Pigmalión y coordinadas por Antonino Nieto Rodríguez. También ha participado como narrador en ‘Cuentos y reencuentros’ (Laria, 2009), antología colectiva coordinada por Tino Pertierra. Escribe letras en gallego —su lengua vernácula— para la banda Foxnola. El líder de dicho grupo, Abel Pérez, musicó, para su anterior proyecto musical (Os Folkgazais), un poema de Acebo, ‘Desafío’.

1 Comentario

  1. Uno de esos clásicos modernos al que el paso de los años terminará de encumbrar como uno de los filmes imprescindibles para cualquier amante del cine y resto de mortales en general.

    Gran artículo compañero!

  2. La belleza con la que Sofia Coppola juntó a Bill Murray, Scarlett Johanson y Tokio es perfecta. Consigue un drama para contemplarse, perderse y reflexionar. Tengo tantas escenas favoritas que de acordarme me da sentimiento.
    Lástima que mucha gente no le entienda a la fuerza y poder sentimental que tiene esta película. De mis favoritas.

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