Dos óperas en Núremberg

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Arabella, ópera escrita por Richard Strauss, es una ópera cuyo argumento se desarrolla en el seno de una familia acomodada de Viena. A pesar de que a primera vista, durante el primer acto, estamos ante una representación de cortejos amorosos, desdenes incluidos,  en esta ocasión tampoco hay que fiarse de las apariencias.  Arabella, más que una representación sobre el mundo privado de una señora que vive en Viena en el siglo XIX, es una alegoría política. Y es más, tampoco es una sorpresa. Las obras de teatro y las óperas, han estado siempre al servicio del poder político. Vamos a comprobarlo en las dos óperas que intento describir desde Núremberg: Arabella, de Richard Strauss y Judas Maccabäus and the train kept coming…de Georg Friedrich Händel y Lior Navok.

Fuente: The Opera Critic. The World of Opera. Foto: Jutta Missbach
Fuente: The Opera Critic. The World of Opera. Foto: Jutta Missbach

Al parecer Richard Strauss escribió una alegoría del nacimiento en 1867 de la doble monarquía Austro-Húngara. Arabella simbolizaría el territorio, la conquista; el territorio en cuestión sería la región del Norte de Italia. ¿Cuándo? Durante la época de la histórica batalla de Solferino. Esta batalla supuso la victoria para las tropas francesas y sardas -capitaneadas por Napoleón III y Víctor Manuel II- y una derrota para el ejército austriaco, al mando de Francisco José I.

¿Quiénes cortejan a Arabella? Un jardín de candidatos amorosos, el caballero checo, el caballero húngaro, el caballero belga. Destaca cierto pretendiente, soldado de profesión, un tal Mateo, con carácter piamontés y mentalidad prusiana. Entre todos, ¿quién conquista a Arabella? Lo desvelamos ya…Croacia, personificada en un hombre llamado Mandryka, quien gasta un acento exótico que cautiva a Arabella. El argumento se cierra, Arabella se casará con Mandryka.

Al margen de la alegoría, hacia el segundo acto, entra en escena Fiakermilli. ¿Quién es? Una cantante nacida en el siglo XIX, en el antiguo Imperio Austro-Húngaro, y que se hacía llamar “Fiakermilli”, nombre con el que trasciende a la historia. En fotografías de la época, aparece vestida con pantalones. El caso es que esta actriz, en mi imaginación, despertó imágenes de películas con Marlene Dietrich y Rita Hayworth. Los lectores de Hugo Pratt recordarán una aventura de Corto en la que aparece Melody Gael, “el ruiseñor de Bretaña”. Igual que en la fábula, “Fiakermilli” también hipnotizó al engalanado público de Staatstheatre, con su voz poderosa.

Pasamos a la siguiente ópera. Ahora es el turno de Judas Maccabäus and the train kept coming…, a la que acudí también con el pase de prensa, con el mismo propósito de seguir recorriendo un continente siguiendo la estela de su música. Es una ópera, como decíamos antes, al servicio del poder político, por los cuatro costados. “Pero las fiestas, como muchos otros aspectos de la vida social de la época, son también objeto del más riguroso control por parte del poder establecido”.

Desgranemos las ideas clave de esta ópera, a mi criterio. Representa el drama de la vida durante la guerra-genocidio y asesinato-.La pérdida de la dignidad y del respeto. La necesidad de justificar una guerra. De repente, sonidos de alarmas anti aéreas, la sala se queda a oscuras. Y pensar que esto no era más que una pantomima, de una realidad que sí sucede a diario… El escenario se había dividido en dos partes, al fondo, un coro, en primer plano, cuatro o cinco cantantes. No había una decoración, más bien abundancia de dramatización, a través de las voces y los gestos, como si no hiciera falta más aderezo que las emociones.

En los coros, se cantaban historias bélicas y de muerte, desde la segunda guerra mundial a la guerra en Siria. Pero el mensaje, en esencia, creo que es una proclama pacifista. Ideas esperanzadoras en la música de las canciones: el ser humano es por naturaleza amigo del ser humano, podemos unirnos, sin violencia, por medio del respeto… Otro momento a recordar: las voces maravillosas de dos niños. Cuando volvieron las voces adultas, graves, parecían graznidos de cuervo a su lado.

Me fijé en otro aspecto, ¿aquí en esta ciudad, se visten de una manera especial para estos eventos o simplemente lo hacen como si fuera cualquier día de diario? De diario, vestían durante el festival de ópera de Copenhague, sin etiqueta alguna. Bien, en Núremberg sí hay transformación. Vestidos elegantes y esmóquines. Como si el espectador fuera un actor que se disfraza e interpreta el papel de espectador desde la butaca.

Pasó el tiempo de las óperas en esta ciudad, por el momento, para mí. No obstante, en 2014 seguimos el viaje musical por Europa, viaje que empezó hace dos años, en los festivales de verano de Copenhague.

Y la nave va. Flotamos en la espuma de la música, transportados en un barco en mitad de la noche, en calma, con sigilo. El barco, sería el tiempo que corre. Cerca de la calle Singerstrasse, cerca de esta casa de Núremberg, un cartel sobre unas obras en construcción, señala Die Zeit läuft!

Una de estas mañanas me aventuré a callejear. Solamente recorrí Humboldtrasse, es una línea recta que parece no tener final. Mucha actividad: una fábrica de Siemens, pastelerías, cafeterías, modistas, cervecerías, dos tiendas de música casi seguidas. En una, reparan instrumentos de cuerda. Por el escaparate vi a un chico concentrado en las cuerdas de una guitarra. En otra tienda, venden violines. Un hombre moreno con sombrero de cuero me adelantó por la calle, se me quedó mirando, abrió la puerta de la tienda, entró rápidamente y cerró con llave. 

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