Dos maneras de cambiar el mundo

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La Iglesia Católica, como institución, es mucho más de lo que parece. Y esto sucede porque no es sólo una, sino dos partes que se integran de manera inexplicable. De un lado, La Iglesia de las grandes catedrales, la que participa en el circo mediático, la Iglesia de las manifestaciones, de prohibiciones y poder. De otro lado, la que ayuda al Tercer Mundo, la Iglesia de la gente que vive sólo para los demás.
Estas dos formas de hacer las cosas conviven bajo un mismo nombre y un mismo signo. Mientras el Papa Benedicto dice en Senegal que el SIDA no se combate mediante el uso de anticonceptivos, una monja española está en este mismo país repartiendo la ayuda que recibe. Mientras el obispo Rouco Varela se parapeta tras pancartas por su concepto de familia o contra el aborto, decenas de inmigrantes esperan en las iglesias para encontrar un trabajo en estos tiempos tan duros.

Cuando se le pregunta a una monja que ha dejado lo que tenía en este país para ayudar en lugares donde faltan manos qué opina sobre el aborto, los preservativos o el dinero que recibe la Iglesia del Estado, me imagino que estará de acuerdo con lo que Roma dicta. Pero estoy seguro que se pregunta por qué se manifiestan tanto en España contra el aborto, hablando de días y semanas de gestación, y no se preocupan por los millones de niños que ya han nacido, que están muriendo en todo el mundo y que parecen no llamar la atención de nadie.

La Iglesia primera, la del poder y las catedrales, se lleva echando las manos a la cabeza mucho tiempo por cómo los musulmanes han interpretado su Texto Sagrado, alegando que lo han hecho así por su propio interés. Puede que no estén muy equivocados, pero lo dice una institución que hace voto de pobreza y vive en la opulencia más absoluta, rodeada de influencia y poder, y con una capacidad de intervención en el plano internacional de la que no dispone ninguna otra institución religiosa en el mundo.

Lo peor de estas dos mitades de las que hablo es que la Iglesia que ayuda al Tercer Mundo tiene muy poco espacio, su mitad es muy pequeña dentro de la institución, sus ingresos son mínimos y las ayudas que reciben suelen ser más bien estatales y de organizaciones internacionales. Además, la otra Iglesia, la del pecado y la familia, la utiliza como excusa para recibir ingresos, para quedar ante la opinión pública como una institución que se desvive por los demás y para que el mundo vea el trabajo humanitario que realiza. Cuando en realidad la Iglesia lo único que siempre ha intentado, y que ha conseguido en numerosas ocasiones, es conseguir influencia y poder sin límite.

Sólo queda preguntarse qué pasaría en el Tercer Mundo si esta institución al completo se uniese para luchar contra el hambre, las enfermedades, para intentar conseguir un mundo más justo. Siempre se le achaca a los gobiernos que no hacen nada por conseguirlo, pero es que la Iglesia Católica, según la Biblia, nace con este objetivo como bandera y, como los gobiernos, tampoco hace nada.

Fuente de las imágenes:
www.elpais.com
www.andaluciasolidaria.com

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