“Dos días, una noche” de Luc y Jean Pierre Dardenne

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Deux jours, une nuitSinopsis. Sandra (Marion Cotillard) dispone sólo de un fin de semana para ir a ver a sus colegas y convencerlos de que renuncien a su paga extraordinaria para que ella pueda conservar su trabajo. Su marido (Fabrizio Rongione) la acompaña para apoyarla

Cierto día Sandra…. su odisea va a acontecer….Dicha odisea, narrada desde el punto de vista de nuestra heroína, permitirá a los cineastas acercarse a pie de calle a las tribulaciones que sufren los trabajadores.

La cinta, por tanto y como hemos apuntado, sigue a Sandra en su particular puerta a puerta para conseguir los votos suficientes para no ser despedida. Ella, o bien acude al hogar de sus compañeros, o bien a sus lugares de ocio con el fin de discutir con cada uno de ellos sobre la decisión que han de tomar, y que sin duda afectará a su futuro, el de ella, el de su marido, y el de sus hijos.

El marco en que se sitúa la narración, y del que parte el drama, gira alrededor de una decisión que va tomarse en una pequeña empresa. Esta decisión tomada por los realizadores es clave. Por un lado evita que el conflicto laboral se pueda centrar en una manida y consabida discusión entre empresarios y sindicalistas –rehúyen de mostrar la misma-, por otra, esta misma nunca resultará aleccionadora dentro de los márgenes de lo políticamente prefabricado (esta cinta refleja el espíritu que constituye la filmografía de sus realizadores, la responsabilidad ante un dilema ético).

El conflicto aquí no incumbe a un solo personaje. El conflicto incumbe a todo un pequeño grupo, no una colectividad. Se desarrolla entre dos vertientes: por un lado, queremos apostar por un puesto laboral o perder una parte del sueldo; por otro nos decantamos por la solidaridad o por el mantenimiento de un precario estatus social. Desde luego ese grupo nunca se establece como colectivo, sino como una suma de individualidades, cuyas razones para decantarse en apoyar a la compañera son diversas, inesperadas además. Esto ocurre en tiempos de crisis económica. Los realizadores se detienen a escuchar los porqués de cada uno, no hay mítines.

Es verdad que existe un intento de los cineastas de apostar por un retrato social complejo con escasas pinceladas, sin embargo algunas reacciones de los actores secundarios resultan precipitadas, en otros casos resultan inverosímiles. En algunos casos se hace notar en demasía cierto equilibrio de fuerzas para evitar lo que podríamos llamar lo políticamente correcto, sin estigmatizar a ciertos grupos de obreros.

Los hermanos Dardenne tienden a revindicar, en este drama, la importancia del ejercicio no profesional de la política, revindicando el derecho a decidir. Los realizadores nos hablan de lo urgente que es regenerar los procesos democráticos y cómo incentivar la participación en estos. También lo hacen de la importancia en reactivar las redes de comunicación entre los obreros (hasta el último de los votos cuenta)

Ya no hay mítines, no hay consignas, la protagonista solo viene a promover una consulta entre los compañeros, contacta con los mismos, les explica su posicionamiento, escucha las reacciones de estos, acepta la decisión última. La importancia no reside en la decisión final, sino en recuperar la capacidad de autoestima como trabajadora; la dignidad reside en la decisión de Sandra de luchar hasta el final, mantenga el trabajo o no.

Imágenes: Les Films du Fleuve

 

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