Dopaje y ciclismo, un tándem inseparable

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La semana pasada el ciclismo pasó a la actualidad de nuevo, y no por temas exclusivamente deportivos: el ciclista Bjarne Rijs, ganador del Tour de Francia de 1996, admitió haber consumido EPO en el año en el que se hizo con el maillot amarillo de la ronda gala. La UCI arremete ahora contra el belga exigiéndole que devuelva el trofeo francés. A la vez aprovecha para hacer un llamamiento a los corredores para que desvelen posibles casos de dopaje. Respondiendo a esa petición George Huber, médico alemán, ha asegurado que durante los 80 se dedicó a dopar a jóvenes pedalistas.

De nuevo el dopaje cierne su sombra sobre el ciclismo. El deporte más castigado y perseguido, por los que buscan hacer de esta actividad un hábito saludable y sin trampas, ha vuelto a destapar nuevos casos de adulteración de resultados por métodos ilícitos, ya sea a través de EPO o de manipulación sanguínea. El último de ellos y el más llamativo ha sido el del ciclista belga Bjarne Rijs, vencedor en 1996 del Tour de Francia. El corredor ha asegurado que consumió EPO durante ese año. Con esa espectacular declaración ha abierto la caja de Pandora, de la que esta vez parece que más de uno está invitado a salir junto con el resto de males. Ese es el mismo llamamiento que ha hecho la Unión Ciclista Internacional tras la rueda de prensa de Rijs: ha invitado a que sean más los que se atrevan a confesar sus acercamientos a este tipo de sustancias. También le ha sugerido al belga que haga el favor de devolver el maillot amarillo y el leoncito galos.

Como siempre basta con que uno levante la piedra para que salgan de dos en dos: Un médico alemán George Huber se ha sumado a Rijs y ha asegurado que durante la década de los 80 se dedicó a dopar a futuras promesas con testosterona. Con éste ya son tres los sanitarios germanos que han confesado haber utilizado material dopante. Y es que el tema del dopaje no entiende de fronteras. Es de orbe internacional, y eso se demuestra con la cantidad de casos que están surgiendo en muy diversas áreas, pero sobre todo en Europa y Estados Unidos, principales suministradores de profesionales del deporte de la bicicleta. La cruzada contra las prácticas ilícitas, como la abierta en nuestro país por medio de la Operación Puerto, ayudan a vislumbrar el problema tan importante para el deporte en general, pero no sólo para éste sino también aún más importante: para la salud de los propios competidores.

Mientras, otros siguen declarando su inocencia y haciendo oídos sordos a las advertencias de los propios organismos oficiales. Entre éstos casos se encuentran el italiano Ivan Basso y el alemán Jan Ullrich, al que le crecen los enanos: la pasada semana Jef D’Hont, ex masajista deportivo, afirmó haber inyectado EPO al pedalista durante 1997, año en el que ganó el Tour de Francia. La explicación que da para su actuación resulta aún más sorprendente: “Era lo que todos hacían”. 

Con ello se demuestra que no se destapa todo lo que hay detrás de esa caravana publicitaria que persigue a las principales carreras europeas, tras las que hay muchas inversiones e intereses escondidos. Sí que llama la atención que cada vez que llega a nuestros oídos un nuevo caso de dopaje coincide con el comienzo o desarrollo de una de estas competiciones, en este caso el Giro. ¿No será que alguien está intentando cargarse el ciclismo o son los propios corredores inconscientemente los que han matado este deporte por un afán que les ha superado?

Fotos: Marca

2 Comentarios

  1. la noticia esta mal expuesta con muxos errores (deliberados o no; no tiene gracia)primero Rjis noes belga sino Danes de Dinamarka y el mismo confeso doparse desde 1993 hasta su expulsion 1998 y Jef D’Hont perdio el jucio y fue incriminado por difamacion y obstaculizar una investigacion con mentiras buscando notoriedad en prensa

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