Djokovic consigue su tercer Open de Australia ante Rafa Nadal

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El tenista Novak Djokovic consiguió su tercer Open de Australia -quinto ‘Grand Slam’ de su carrera- ante Rafael Nadal en un partido dramático que se resolvió en cinco sets (5-7, 6-4, 6-2, 6-7, 7-5). Durante casi seis horas, los números uno y dos del ‘ranking’ ATP ofrecieron uno de los mayores espectáculos jamás vividos en la Rod Laver Arena, con alternativas en el marcador que finalmente se decantaron, por séptima vez consecutiva, del lado del serbio.

Novak Djokovic se impuso por séptima vez consecutiva a Nadal

La rivalidad deportiva entre Rafa Nadal y Novak Djokovic necesitaba un último empujón para equipararse a la que el tenista manacorí había mantenido con Roger Federer en el último lustro. Ese impulso llegó sobre el asfalto de Melbourne, tras casi seis horas de agonía deportiva en la que las dos mejores raquetas del planeta mostraron todo su repertorio, adentrándose de lleno en la madrugada para firmar la final más larga, y probablemente más inhumana, nunca disputada en el ‘Grand Slam’ que inicia la temporada.

Nadal quiere deshacerse esta temporada del bloqueo mental que le aborda cada vez que se enfrenta a Djokovic, capaz de derrotarle en seis finales consecutivas en un solo año. Con la de Australia suman siete, pero el tenista español ha mejorado tanto su juego que la diferencia entre ambos, a día de hoy, es nula. La jornada de descanso extra de Nadal y la dureza de los partidos que había tenido Djokovic -en cuartos de final ante David Ferrer y en semifinales ante Andy Murray- hacían pensar que el balear sumaría su duodécimo título de ‘Grand Slam’, sensaciones refrendadas tras un primer set muy trabajado que se apuntó en 88 minutos.

El camino hubiera sido más llano de no ser porque enfrente se encontraba el número 1, un Novak Djokovic que ha tenido una progresión brutal hacia la cima del tenis, consciente de sus capacidades y con hambre suficiente para seguir escribiendo historia. Las ganas del serbio y un ligero bajón físico del español se unieron para empatar el choque en el segundo set por 6-4, lo que dio más alas si cabe al jugador balcánico, que sacó por momentos a Nadal del partido, encarrilando bastante el resultado a su favor en los siguientes minutos, cuando añadió el 6-2 del tercer set al marcador. 

Volvían entonces las peores pesadillas, la insultante superioridad física y psicológica que Nole ha venido ejerciendo sobre Nadal y la sensación de que el guión se estaba repitiendo una vez más sin posibilidad alguna de réplica. Pesadillas infundadas cuando se trata de Rafael Nadal, que justificó sobradamente su condición de gladiador en un cuarto set en el que se agarró con uñas y dientes al trofeo. Si Djokovic quería seguir con su racha, tendría que estar dispuesto a ir más allá de los límites del español, que forzó la definitiva quinta manga tras un ‘tie-break’ tenso en el que su mejor despliegue físico fue determinante.

Psicológicamente, Nadal afrontaba el set definitivo en la cresta de la ola, mientras que Djokovic luchaba por no ahogarse, con signos evidentes de fatiga muscular tras un Open de Australia infernal. Incluso el banquillo del serbio, siempre bullicioso hasta el agotamiento, comenzaba a plantearse que a lo mejor esta vez le tocaba sonreír a Toni Nadal en el otro lado de la pista.

Pero subestimar al tenista serbio es tan temerario como hacerlo con el propio Nadal, y aunque en algunos puntos, superadas ya las cinco horas de duelo, parecía a punto del desvanecimiento, el Djoker siempre guarda un as en su manga. Nadal mantenía un perfil sereno, sabedor de que cualquier esfuerzo extra resultaría devastador para él, acumulando la poca energía que aún le quedara en esos momentos en el cuerpo. 

Los juegos avanzaban parejos y asombraban cada vez más a la afición ‘aussie’, que no recordaba una final de tal magnitud ni duración. Con ambos tenistas ya por encima de sus físicos, jugando únicamente con sus mentes y el influjo psicológico que pudieran ejercer sobre el adversario, la balanza se decantó a favor de Djokovic. No por mayor calidad, ni siquiera por mayor capacidad de resistencia o por un mayor sacrificio, sino sencillamente porque la épica lo eligió a él como vencedor de un duelo mayúsculo, igual que en Wimbledon 2008 el héroe terminó siendo Nadal ante Roger Federer. 

Djokovic suma cinco grand slams; Nadal, once; Federer aún observa a ambos desde su cómodo colchón de 16 grandes torneos; pero el que realmente suma, una temporada más, es el tenis. El año 2012 acaba de empezar con el Expreso de Basilea con cuerda suficiente para seguir dando guerra, Andy Murray dispuesto a superar la barrera de las semifinales, Djokovic convencido de que tendrá que sudar sangre para mantener el número 1 y Rafa Nadal determinado a recuperar la corona que un día fue suya. 

Fotografía: Ben Solomon (Tennis Australia)

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