Difícil reto, difícil relevo

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Carlos Moyá asume la capitanía del equipo español de la Copa Davis con el objetivo de revalidar en 2014 un título que ha esquivado a la selección nacional en las dos últimas ediciones. El ex número uno del mundo dispondrá de un plantel repleto de talento pero mermado por la base: el brillante elenco de jugadores que ha dado al tenis nacional sus mejores años no encuentra relevo en las generaciones más jóvenes.

Feliciano López (32) durante una eliminatoria en la Copa Davis 2009. Foto: Nacho Martínez Castejón (flickr)
Feliciano López (32) durante una eliminatoria en la Copa Davis 2009. Foto: Nacho Martínez Castejón (flickr)

El 31 de enero de 2014, Moyá debutará como seleccionador español en la Copa Davis. La visita a Alemania será el primer obstáculo que afrontará la ‘Armada’ en su camino hacia la reconquista. El equipo de los Rafa Nadal, David Ferrer, Feliciano López, Marc López y Tommy Robredo entre otros, buscará recuperar la Ensaladera, el trofeo más preciado del tenis por naciones. La idea no es otra que continuar con la racha gloriosa que descorchó el inicio de siglo. Desde el año 2000, cuando estrenó espacio en el palmarés de la Davis, España se ha consolidado como la gran potencia mundial de la raqueta, con cinco títulos.

Moyá recala en la dirección del combinado después de un complicado 2013. La selección fue eliminada prematuramente y hubo de asegurar la permanencia en el Grupo Mundial recurriendo al concurso de Nadal. Para el próximo ejercicio, el recién nombrado capitán afronta el reto del regreso a la cima rodeado de muchos de los mejores jugadores del planeta. “Somos España, tenemos al uno y al tres del circuito, a varios entre los 20 primeros y a dos parejas entre las cinco primeras del mundo”, afirma el balear en una entrevista concedida a la web oficial del Mutua Madrid Open.

La exuberancia convence al seleccionador. Ningún país atesora semejante arsenal; ni en calidad ni en cantidad. Pero la actual hornada envejece y varios de sus puntales sobrepasan la treintena. Verdasco acaba de celebrar tres decenios, Ferrer y Robredo cumplirán 32 la próxima primavera y Feli se encamina hacia los 33. Cuatro de los mejores jugadores españoles, decisivos en muchas eliminatorias, encaran la recta final de sus carreras. Por detrás de ellos, y de Nadal (27), Almagro (28) y Marcel Granollers (27), no se adivinan sustitutos capaces de reemplazar el nivel de los tenistas actuales.

Se secó el caudal de una cantera prolífica en las décadas precedentes. Desde las categorías inferiores no llegan los frutos suficientes. El tenis español, acostumbrado al éxito encadenado en los últimos veinte años, se topará, previsiblemente, con el vacío en el medio plazo. Pocos nombres para presumir y ninguno para soñar. El horizonte para la disciplina de la raqueta en España se dibuja nublado, sin jugadores jóvenes sobresalientes ni presencia destacada en los torneos ‘challenger’. Las promesas de la raqueta no sólo compiten con los demás compañeros de circuito, también se enfrentan a una época de gloria que amenaza con extinguirse sin sus exponentes actuales.

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