4830052009_9926f0dd3fCuando tenía cinco años pedía un aspirador de juguete, que mis padres siempre me negaron argumentando que ya tendría tiempo de usar uno auténtico cuando fuese mayor. Ahora les doy la razón, es ver el aspirador apoyado en su rincón y poco más y me entra urticaria.

Cuanto tenía diez años jugaba con los maquillajes de mi abuela y le robaba los zapatos a mi madre mientras soñaba con pintarme los labios con carmín rojo y con calzarme doce centímetros de tacón de aguja. Ahora cada mañana pierdo un cuarto de hora de sueño por usar mil potingues, seguramente innecesarios, y me calzo unos razonables tacones deseando que llegue el final de la jornada para caminar descalza por mi pasillo lleno de pelusas.

Con quince años imaginaba cómo sería terminar la carrera y encontrar mi primer trabajo, que seguramente sería un puesto estupendo, donde estaría encantada. Hoy sigo esperando que llegue ese momento, pero ahora me da miedo.

Mi ansia por crecer se ha estancado. Dentro de unos meses me enfrentaré definitivamente al mundo de los adultos y por primera vez en mi vida desearía poder retrasar las manecillas del reloj. Tengo ganas de tener una estabilidad, formar una familia y convertirme en una mamá que no regale pequeños electrodomésticos a sus hijos; pero lo que pueda pasar de aquí a unos meses me asusta.

Los jóvenes de hoy nos enfrentamos a un futuro complicado y como yo, todos los que pronto nos graduaremos tenemos miedo. Miedo a no valernos por nosotros mismos, a no conseguir el trabajo por el que llevamos años estudiando; miedo a que la sociedad de hoy en día no nos dé la oportunidad que necesitamos.

Los veinteañeros del 2014 vivimos rodeados de un pesimismo incontrolable. La gran mayoría asume ya que engrosará las listas del paro, y tan sólo quedamos unos poquitos que esperamos que nuestro título universitario llegue con un pan debajo del brazo.

Somos jóvenes preparados, pero estamos desperdiciando nuestra mejor cualidad. Precisamente nuestra corta edad es lo que tendría que destacar en nuestros currículum, las ganas de vivir, de luchar y de perseguir nuestros sueños. Esa fuerza que deberíamos tener se está viendo aplastada por la nube negra de la crisis, de la inestabilidad.

Pensemos que la cosa no puede ir a peor, que hemos tocado fondo y poco a poco iremos reflotando. Pensemos que aunque despidan a miles de personas, aún hay gente que encuentra un empleo. Pensemos que si nosotros, con nuestras ganas, fuerzas y juventud, no sacudimos la cabeza y miramos adelante, nadie lo hará.

Por una vez, y aunque sea complicado, seamos positivos. Es la única forma de seguir queriendo crecer. Ahora que ya tenemos aspirador, para nuestra desgracia, tacones y maquillaje, lo que necesitamos es un trabajo.

Imagen cedida por Síndrome Feliz

1 Comentario

  1. Hola Sofía,
    mi comentario es para tí porque te conozco personalmente pero también para todos los jóvenes que se encuentran en tu misma situación.
    Yo no puedo evitar que sientas el vértigo de hacerte adulta, porque eso es una experiencia que todos tenemos que atravesar. Estás en ese momento en el que piensas: “bien, vale, ya no soy la niña de papá y mamá, soy una mujer que quiere realizar sus sueños”, pero en el fondo, fondo algo aún te susurra: con lo a gustito que estoy en brazos de mami, para que quiero irme…..?
    Tus ansías por construirte una vida (separada, pero no distanciada, de tu familia) y por encontrar ese trabajo soñado durante los años de preparación y estudio, te harán sentir convulsa interiormente y asustada, pues como bien dices la coyuntura económica que os ha tocado para echar a volar no es la más idónea, pero, Y AQUÍ VA MI MENSAJE: NO DEJES NUNCA DE LUCHAR, NO DEJES QUE EL PESIMISMO DE LOS DEMÁS ARRUINE TU POSITIVIDAD Y TU ESFUERZO. Desde siempre los que trabajan duro por las cosas son los que las logran. Los cobardes nos quedamos en tierra.
    No tengas miedo, mira siempre de frente, confía en tí como persona y en tu capacidad como profesional, no te alejes de tu familia porque serán un buen faro que te guíe y persigue tus sueños (o vuestros sueños pues ya formas parte de un equipo) hasta donde la vida o las circunstancias te dejen. Y si algún obstáculo se pone en el camino, no te pares: rodéalo o saltalo, pero siempre sigue, sigue y sigue.
    Un beso enorme !

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