Desilusión periodística

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Formamos colas. Provocamos alborotos donde vamos. El qué recibimos a cambio es nuestro único interés. Periodismo en decadencia podría ser el título para resumir el “ahora”. Pero la desilusión va unida a la dejadez que se respira durante años en los pasillos de nuestra facultad y creo que no es el periodismo quien esté en decadencia. Esto va unido a la impotencia de muchas personas para intentar lograr encender la curiosidad y no la ambición, de los demás. Esto ronda por mi cabeza desde principios de curso y acabo de encontrar unas notas que recogí este septiembre. Las di por perdidas y comenzaban así: “Las oportunidades son pocas. La meta se acerca. Pero no salimos de la mediocridad. Cinco años para aprender y para vivir. Pero si alargamos la vista y conseguimos apreciar la luz en el túnel, vemos que nuestro recorrido no ha sido aprovechado. Horas y horas tiradas. Si la mayoría de los que me rodean quieren convertirse sólo en un fenómeno televisivo sin aprender nada, ¿qué conclusión se puede sacar de estos años? ¿Cinco años malgastados? Hoy vemos que de los escándalos o desgracias ajenas se puede comer. ¿Queremos que esto cambie?”. En ese momento puede que estuviera eufórica porque viví el periodismo cara a cara durante un verano y al llegar a la Universidad volví a ver a esos jóvenes conformistas y sin muchas inquietudes. No se puede cambiar la realidad pero ésta evoluciona y se ha de estar preparado para acercar la verdad, para demostrar y sobre todo, para demostrarnos, lo que podemos llegar a conseguir. En ese momento recuerdo que quería subirme a la mesa de la cafetería y gritar: ¡tenemos el mundo a nuestros pies, vamos a ser periodistas y podemos contar e incluso cambiar tantas cosas…!

Pero no lo hice. En su lugar me limité a observar. A día de hoy sigo observando. Esta semana al escuchar a distintas personas y al estudiar sus comentarios, quejas, etc., aún no llego a ninguna conclusión sobre esto, pero sigue en mi cabeza el pensar que mis próximos compañeros o contrincantes son meros sujetos pasivos que miran el reloj sin parar y suspiran como si su trabajo fuese tan duro como el que es minero o una madre pluriempleada. No podemos olvidarnos que estamos en la línea cercana de los llamados generación “ni-ni”. El esfuerzo será recompensado, pero no sé a qué precio. Puede que el maquiavelismo y su “el fin justifica los medios” sea, en algunos casos, la radiografía que se pueda hacer. Pero si le damos la vuelta a la tortilla y recordamos por qué estamos aquí, podemos despertarnos y salir de esta caverna.

La contradicción aumenta día a día. Los que nos animan a seguir, los que no creen en nosotros, los que nos tratan como máquinas de escribir, los que nos estimulan para ser mejores día tras día sólo para conseguir un buen sueldo, los que ven un número al lado de un nombre… No sabemos cómo comportarnos o reaccionar cuando se nos tiende la mano, no estamos acostumbrados. Claro que las relaciones cambian y se van haciendo menos estrechas cuanto más pase el tiempo, pero no olvidemos que seguimos siendo personas y aunque no seamos capaces de comunicar nuestro estado de ánimo, no hay que olvidarse que somos discípulos y que cometeremos errores, los cuales, conseguimos repararlos cuando seamos capaces de mirar algo más que nuestras propias sombras.

3 Comentarios

  1. Quizá nuetsro error fue pasárnoslo tan bien durante las prácticas y sentirnos ya periodistas. La vuelta a la realidad, y concretamente, a la realidad de la facultad, está siendo más duro de lo que esperábamos… ¿ lo bueno? que somos más de uno en esta situación y que después de dos meses de curso, ya nos reímos cuando escuchamos algún sermón o tenemos que hacer una práctica de última tecnológía! 😉

  2. Muy buen articulo María del Mar, la verdad es que comparto tu opinión totalmente, lo peor es que no solo en la carrera de periodismo ocurre esto, sino en la mayoría de las carreras. Parece que la gente a perdido la viveza y el afán de aprender, simplemente se conforman con tener un puesto de trabajo y un buen sueldo el día de mañana, es muy triste eso. Pero creo que el asunto es más grave en vuestro caso, pues sois los encargados informar a la sociedad, y si poco a poco hay menos gente que sepa hacerlo correctamente y con profesionalidad, acabaremos siendo unos incultos de lo que ocurre a nuestro alrededor.
    Así que no pierdas la esperanza de llegar a ser una gran periodista, porque lo único que se necesita es ser un poco curiosa y muchas ganas.

  3. A pesar de todo, estos años de carrera son un mero trámite, en el que puedes aprender más o menos, o incluso nada.
    Yo me quedo con los contados buenos profesores que hemos tenido y sobre todo con la vivencia irrepetible que supone ir a la Universidad en el plano personal, es decir, me quedo con la gente que te acompaña en este trámite, la gente que te escucha cuando te indigna que nada funcione en la facultad, la gente que está ahí cuando no paras de indignarte ante la poca competencia y profesionalidad que te rodea constantemente, la gente que te pone al día cuando estás desorientado, la gente que en exámenes trata de calmar tus nervios… en resumidas cuentas, aquella gente que pasaron de ser meros compañeros para convertirse en grandes amigos.

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