Desastre de Orenga y algo más

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La derrota de España en los cuartos de final del Mundial de baloncesto destapa la ira popular contra Juan Antonio Orenga, seleccionador nacional. El técnico ha sido señalado como máximo responsable de una debacle imprevista, más dolorosa por haberse producido en casa y ante un rival diezmado por las renuncias de algunas estrellas. El Palacio de los Deportes de Madrid contempló la incapacidad del entrenador y el amargo final de una generación histórica.

Faltaban pocos segundos para que la bocina decretara el final del partido cuando el público que llenaba el pabellón estalló. La grada comenzó a gritar pidiendo la cabeza de Orenga, nominado por la hinchada con unanimidad como el máximo responsable de la derrota. La labor del preparador, ya cuestionada en el último Europeo, no estuvo a la altura del envite. Sirvan como ejemplo la diferencia de más de veinte rebotes favorable a la ganadora o los sólo 52 puntos, un guarismo ridículo, que firmó la siempre ofensiva selección local. Aquellos últimos minutos, los que deberían haber sido de remontada y cambio de tendencia, se consumieron entre la incapacidad y la falta de ideas.

Federación Española de BaloncestoEl seleccionador construyó su equipo con los doce mejores. Extrajo lo más florido del elenco de los disponibles. La convocatoria eludía las sorpresas y los ataques de entrenador. La docena que defendería la camiseta del anfitrión era la más lógica y razonable: acudía el grueso que forma el mismo bloque desde hace una década y sumaba piezas que han despuntado mientras los júnior de oro conquistaban medallas y gloria. Nadie objetó cuando Orenga leyó los nombres de los elegidos. Pero la andadura por el Mundial descubrió carencias en el conjunto.   

España alcanzó los cuartos de final sin mayores problemas, derrotando con holgura a sus rivales. Lejos de la estrechez de los finales apretados, el equipo se desenvolvió bien. Todo el engranaje gravitaba alrededor de Pau Gasol, anotador, reboteador y generador de ventajas. El poste catalán multiplicaba sus prestaciones y mientras su aportación crecía, la de sus compañeros bajaba. El juego interior español, un argumento diferencial y muy poderoso, terminó reducido a la cuota del ahora jugador de los Bulls. Del pívot ha dependido el liderazgo y la asunción de responsabilidad.

Si el análisis colectivo, responsabilidad del cuerpo técnico, es poco halagüeño, el análisis individualizado también enseña taras y malas actuaciones. Por dentro han naufragado Marc Gasol, ausente y débil, y Serge Ibaka, infrautilizado y lejos del aro. Del escaso papel de Felipe Reyes, inédito en la derrota contra Francia y sin protagonismo en la rotación, habrá de responder un técnico que acortó la rotación hasta dejarla en ocho caras. Los exteriores tampoco exhibieron mejores sensaciones: la terna de bases no impuso un estilo definido ni mostró alternativas y los tiradores naufragaron en el partido que ha supuesto la eliminación, firmando un indecente 10% de acierto en tiros de tres puntos.

La apuesta de Orenga no ha diferido en exceso de la de sus antecesores. Los mismos jugadores repiten verano tras verano. El bloque, colmado de talento, ha permanecido inalterable. Esa estabilidad, asentada sobre resultados excepcionales y en la brillantez del juego, se quebrará en los próximos torneos. Parte importante del conjunto habrá de ser renovado y los nuevos deberán asumir un compromiso que en los últimos tiempos les ha sido ajeno. En todas las historias de éxito hay malditos, protagonistas llamados a ejercer como tal pero que nunca lo fueron. En la cuneta del camino hacia la gloria quedaron varios de nivel. Argumentos como la armonía del grupo y el buen rollo entre los de siempre, además del brillo incuestionable de las medallas, evitaron cualquier debate.

No tardará en hablarse de renovación. La salida de Orenga marcará el primer paso de una sucesión de cambios que mudarán la piel de La Roja. Nuevos rostros se unirán a un proyecto que ya no volverá a ser el mismo. La Federación de baloncesto se enfrentará al reto de mantener a la absoluta masculina en la élite después del desastre en casa. Es la hora de los otros, de quienes no cargan con galones ni herencias. Francia derrocó, con espíritu revolucionario, la era de los mitos. Se abre un tiempo nuevo.

Foto: Federación Española de Baloncesto

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