Depedro, el profeta del costumbrismo

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Si mencionamos unas gruesas patillas y una veterana guitarra como elementos que llaman la atención en un primer golpe de vista. Pero si nos seguimos fijando veremos también el aplomo y la seguridad de que la experiencia dota a los artistas encima del escenario. Si pasamos al sentido del oído, una remezcla de ritmos africanos y latinos y una voz rasgada, son los ingredientes centrales con los que Depedro defendió cada tema este viernes en la madrileña sala But.

Depedro presentó su tercer disco en la sala But de MadridLos teloneros elegidos para la ocasión fueron dos: Olivenza, que rompió el hielo con sus temas cargados de un folk con letras portuguesas y con la agradable y cálida voz de su vocalista; y Pez Mago, que introdujo a la noche unos ritmos positivos y pegadizos, a la vez que dio muestra de la maestría de sus músicos para bordar el uso de todo tipo de instrumentos. Los vítores y pitidos ensordecedores preveían la aparición es escena de Jairo Zavala o Depedro, que sólo había puesto medio pie en el escenario cuando ya estaba siendo aclamado por su incondicional público. Sin más escudo que su guitarra, el cantautor se arrancó con una “canción pequeñita” como él define a sus canciones cortitas: “De cómo empezamos”.

Una vez ya acompañado por el resto de sus músicos, algunos de los cuales, ya habían tocado unos minutos antes como teloneros para sus respectivos grupos, el siguiente y pegadizo tema elegido fue “All the way to the groud”, otra de las canciones del último álbum de Depedro La increíble historia de un hombre buenoY llegó el momento para “Hombre bueno” el tema que mejor refleja el espíritu de este reciente álbum. La narración de la cotidianeidad y de las vicisitudes de ese hombre “con abrigo y sombrero que miraba a la calle y veía desierto”, que bien podría ser nuestro vecino, padre o abuelo. O nosotros mismos.

Depedro en conciertoPero los temas de hace cinco años, cuando Depedro lanzó su primer álbum en solitario, no se olvidan. “Te sigo soñando”, melancólica y susceptible, es casi un himno para su público. Los alaridos desgarradores de la trompeta llevaron a Jairo a situarse al filo del escenario, que de un momento a otro se transformó en un precipicio bajo el cual un oleaje fuertemente revuelto resonaba con su ir y venir.

Con la tónica general de ritmos bailables, pausados, de los que se degustan a conciencia, y configurados a raíz del mestizaje musical y de las influencias de la música de medio mundo que Jairo Zavala ha insuflado a su propia creación, iban sucediéndose tema tras tema. Y en la cabeza quedaban resonando los acordes de la anterior canción. Tras “El Pescador” y sus ritmos latinos, Depedro tomaba unos minutos de descanso, pero a la vuelta todavía quedaba por interpretar la mítica “Diciembre” que en su anterior disco recibió la colaboración de Vetusta Morla. Simplemente una canción para escuchar con los ojos cerrados.

Como el padre que obsequia a su hijo con la última chuchería, Jairo regalaba a su público otra “canción pequeñita”, “Miguelito”. Y como despedida la rumbera “Comanche”. Así, con la misma empatía que despierta un profeta hacia sus más exacerbados seguidores, Depedro se tenía ganado a su público. A este auténtico profeta del más puro costumbrismo musical, no le hicieron falta a lo largo de la noche muchas palabras, “lo suyo es más tocar”, y a los asistentes con eso les bastó para dejarse las manos hinchadas de tanto aplaudir.

Fotografía: Inocencia Donoso

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