Demos paso a los servicios publicitarios

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La máquina del tiempo. Viaje al pasado para averiguar cómo nuestros antepasados anunciaban a la “audiencia” sus productos. Allí nos espera un “guía” que nos cuenta que desde que el hombre comenzó a crear productos y a comercializar con ellos existe la publicidad. No entendida como hoy en día: no había tanta variedad de productos ni esa necesidad, creada precisamente por los anunciantes, de consumir por consumir. Era diferente, pero con un mismo objetivo: entrar en los hogares para vender lo máximo posible.

Al igual que ocurría con las noticias, la publicidad era pregonada. Se anunciaba la llegada de barcos cargados de varios enseres y alimentación como vino y distintos víveres. Más tarde llegaría la imprenta, gracias al siempre mencionado Gutenberg, y con ella la inserción de anuncios en los periódicos. Todo un negocio para sacar adelante la venta de las hojas impresas. A veces, si un periódico estaba formado de ocho páginas, tres eran de “publicidad”. Una publicidad que nada tiene que ver con la de ahora, sobre todo, se comunicaba alimentos, medicamentos y servicios.

Ya en el siglo XX aparecería una caja, que la asignarían como tonta. Aunque de tonta no tendría nada. Más bien sería una cajita llena de sorpresas. Las empresas de publicidad verían en ella un gran negocio debido a la gran repercusión y a la amplia cobertura de audiencia que supondría. De ahí, que en nuestro siglo XXI las pantallas se copen de muchísimos creativos anuncios.

El 3 de octubre de 1989 la Unión Europea aprobó la Directiva de Televisión sin Fronteras con el fin de “preservar objetivos importantes de interés público como la diversidad cultural, la protección de los menores (medidas contra los programas violentos o pornográficos) y el derecho de réplica. También se han establecido normas detalladas sobre el contenido y la periodicidad de la publicidad televisiva”. En diciembre de 2005 se pidió una revisión de esta directiva para no quedarse atrás con la evolución de las nuevas tecnologías. Y ahora, en noviembre de 2006 se pide otra observación en lo referente a la publicidad. Quieren modificar: se suprime el límite máximo de tres horas de publicidad, los 20 minutos mínimos hasta el próximo bloque de anuncios se eliminan. Antes por cada 45 minutos de película se hacía una parada de anuncios, esta reforma pretende que sea cada media hora. Por lo demás se mantienen los 12 minutos de publicidad por cada hora y que tanto los telediarios,  los documentales, los programas religiosos y los programas infantiles cuya duración programada sea inferior a 30 minutos no podrán ser interrumpidos por la publicidad. De esta manera, lo que se pretende es dar una mayor flexibilidad a los anunciantes a la hora de insertar los cortes publicitarios. Aunque también se endurece con respecto a la colocación de marcas y productos en programas de televisión( product placement ), que queda prohibido, salvo que el Estado miembro lo autorice.

Las distintas asociaciones que amparan a los ciudadanos como la Asociación de Usuarios de la Comunicación, la Organización de Consumidores y Usuarios y la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios han puesto el grito en el cielo con esta nueva modificación que los Estados miembros quieren llevar a cabo.

La verdad, es que no se de que se extrañan cuando, por lo menos en España, ninguna de esas reglas se cumple. Por ejemplo, lo de los 12 minutos aquí no se cumple, ya que un solo bloque de publicidad dura unos 15 minutos y entre publicidad y publicidad no pasa más de 20 minutos. Una película de 2 horas se convierte en una de 4. Al final que ocurre, que ni ves la película ni ves los anuncios. Te pones a hacer zapping que cuanto menos es más divertido. Y en diciembre ya veremos como queda la Directiva.

Fuente texto: El País, http://europa.eu.int
Fuente fotografía:
www.elmatecreativos.com

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