Del mal de oído

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En las emisoras de radio suena la misma canción. Todas me suenan a la misma cosa bailable lista para empaquetar y poner en discotecas o en cualquier cadena y repetirla hasta la saciedad. Las canciones que suenan hoy son las que sonaban hace 3 años, a las que desgraciadamente se les añaden las nuevas, que son igual de malas o peores. Pese a todo, lo que más me irrita es el acotamiento mental que provoca este fenómeno en la gente. Está en la mano de cualquier persona buscar su propia música y definir un gusto propio, pero la mayoría de la población echa mano de lo fácil, que en este caso es encender la radio o poner la MTV. Y en esos canales lo que se ve es la repetición incesante de los mismos cantantes y de los mismos géneros. Es una sucesión de estereotipos que ejercen un efecto tremendamente pernicioso para el receptor, que termina asimilando esos estímulos como lo normal. Estamos expuestos a la prostitución de nuestro oído, que se maleduca a medida que interioriza esas melodías. Los ritmos a los que nos referimos suelen ser suaves, de forma que se repita siempre la fórmula del éxito asegurado: temática amorosa y estribillo pegadizo. ¿Alguien se habrá parado a pensar que todas las canciones hablan de amor?

Me pregunto si piensan si somos idiotas. Entiendo que tengan la convicción de que es arriesgado cambiar algo si ese algo funciona, pero me parece flagrante por nuestra parte que sigamos encendiendo la radio para seguir alimentando lo mismo: nuestra estupidez musical y sus estándares. El “adolescente global”, como lo llama Naomi Klein, vive en la MTV. Se fomenta una forma de vestir, de pensar y de actuar proyectada por las nuevas estrellas y puestas en manos del consumidor a través de los centros comerciales en cualquier parte del mundo.

Nuevas estrellas
Llama poderosamente mi atención el sistema de creación de estrellas que pone en marcha la gran industria discográfica. Hace varias décadas que surgió el fenómeno fan alrededor de un grupo trascendente en la historia de la música como fueron The Beatles. Pero desde entonces, a medida que ha pasado el tiempo ha ido aumentando la artificialidad, tanto de la creación de grupos lanzados al estrellato como el seguimiento visceral de quienes los escuchan. Los grupos de los que hablo van desde Spandau Ballet a The Back Street Boys, pasando por Take That, las Spice Girls o ‘N Sync. Y si algo tienen en común estas bandas es que se han visto propulsadas por grandes multinacionales que les han permitido alcanzar cifras de ventas brutales. No entro a valorar su calidad musical, pero cuanto menos me hace sospechar que hay manos invisibles que crean a este tipo de formaciones no sólo para vender, sino para situarlas como el modelo a seguir. A este paso hemos llegado a la aberración completa de cualquier dimensión que tenga que ver con la música. Disney Channel debe sentirse muy orgulloso de ser el padrino de pesos pesados como Justin Bieber, The Jonas Brothers o Miley Cyrus. Mi más profundo asco para todos ellos. Ya no es cuestión de que gusten o no, de que tengan éxito -que lo tendrán seguro- o que se estrellen; sino que, a fuerza de crear miserias de este calibre, nuestra época está abocada a constituir un vacío en la historia de la música. Si en los años 50’ fue el rock, en los 60’ la música popular, en los 70’ el punk, en los 80’ el metal y en los 90’ la música electrónica, ¿qué será del siglo XXI?, ¿qué grupos actuales van a pasar a la historia? Desde luego, me niego a pensar que El canto del loco sea uno de ellos.

El fenómeno Fan
La histeria colectiva acompaña a muchos de estos grupos allá por donde pasan, y generalmente, como son grupos destinados a adolescentes, la esquizofrenia es mayor todavía. Me parece que hay una gran diferencia entre seguir a una banda que te gusta, y la demencia desaforada que muestran millones de personas por productos industriales como
Tokyo Hotel o McFly. Me parece que el grado de perversión al que estamos llegando se ha burlado sobradamente de nuestra inteligencia. Por si fuera poco, en esta construcción de lo artificial también se ha integrado el movimiento musical “antisistema” a través de grupos considerados “punk” como Green Day o The Offspring, que comenzaron sus carreras en sellos independientes y terminaron reconvertidos para vender discos y gustar al gran público. Pero en el imaginario social se mantiene la idea de que se está escuchando punk, lo que concede además al sistema su cuota alternativa y rebelde. En ocasiones, esto permite contemplar una imagen tan irónica como la de un recinto abarrotado por miles de personas cantando American Idiot en un festival apoyado por entidades públicas. Pero en la sociedad del escaparate lo más profundo es el envase, como diría Eduardo Galeano.

No me queda más que mostrar mi sincero rechazo a la MTV, a los 40 Principales, a Disney Channel y a tantas plataformas mediáticas que controlan una parte inmensa de la cultura musical. Mi rechazo también al modelo de cantantes-estrella y a la línea marcada, que me niego a seguir.

“La cosa tiene su gracia, ya tenemos ídolos. Fabricamos nuestros dioses, preparamos las poses siempre atentos a la foto.” La Polla Records, Muy punk.

Fuentes de imágenes
http://www.los40.com/universo-40/revista40/
http://potq.cl/wp-content/uploads/mcfly_369987a.jpg
http://conciertosperu.com.pe/wp-content/uploads/2010/05/green-day.jpg

6 Comentarios

  1. No entiendo como llegué aquí, pero creo que tu reflexión se me hizo interesante en varios puntos. Si bien es cierto que desde que la música se volvió negocio, sólo basta tener una “cara bonita” para ser exitoso. La verdad, la música se va deteriorando de manera terrible, me pregunto en qué momento todo se estancó. Pero creo que estás sobrevalorando mucho lo underground & criticando mucho lo comercial. No todo lo que emerge de un sello independiente es bueno, ni todo lo vendido es malo. No entiendo mucho tu crítica a The Offsping & Green Day. Digo, si mantienen su misma calidad musical, si quieren pueden prostituirse, es su cuento.

  2. La verdad, es que tiene razón solo en MAYORÍA.
    Vale, cada día se valora más lo comercial y menos la música de verdad, pero eso no quiere decir que no haya grupos comerciales buenos, y también puede a ver grupos bastante malos.
    Y muchos de los cantantes que tienen “cara bonita”, y no señalo a nadie (Justin Bieber), son más feos que el culo de una mona, más vagos que la chaqueta de un guardia y tan tontos que perderían el piedra-papel-tijera contra Doraemon.

  3. La música es objeto de compra/venta, es susceptible de comercializarse. Si se hace con los alimentos, la ropa, LOS MEDICAMENTOS, LA EDUCACIÓN…. ¿Por qué no con el arte? Cuestión de oferta, demanda e intereses… Bienvenidos al sistema neoliberal capitalista (en el que vivimos).

  4. No estoy nada de acuerdo con Sara. Piedra papel o tijera es un juego que depende del azar mas que de la inteligencia de sus jugadores. Es verdad que se puede jugar con lo predecible que puede ser una persona si repite una misma jugada o si sigue un patron de eleccion comun, pero el azar siempre esta ahi y es lo suficientemente importante como para que Doraemon, por muy estupido que parezca, gane mil veces a cualquiera, incluido Vargas Llosa.

  5. No es cuestión de estupidez, el problema de Doraemon es que no tiene dedos.

    Por otro lado, crear música solo para vender me parece lamentable. En realidad, hacer cualquier cosa solo por obtener un beneficio a cambio me parece muy triste. Hay que hacer las cosas, no ya solo porque te reportaran algo bueno, sino porque de verdad aprecias el trabajo que estás llevando a cabo. Ejemplo: estudiar para un examen solo para tener buena nota. Sé que esto a la mayoría os sonará a chiste, pero es la pura verdad. En este mundo la gente solo se mueve por el beneficio personal que puede obtener a cambio, sin pararse a disfrutar el camino. Por eso me dais asco.

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