¿Debe irse Rajoy?

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Las elecciones han acabado. La resaca electoral se ha ido despejando poco a poco. Zapatero ya especula con sus futuras alianzas y en el PSOE cunde el optimismo. La situación es muy distinta en la sede del PP. Génova bulle: entradas, salidas, rumores, enfados, conformismo…

El sentimiento general de los populares es una mezcla entre la desesperanza y la decepción. Aunque han conseguido un buen resultado electoral en lo que a número de votos y comunidades autónomas ganadas se refiere, por ejemplo, en Madrid el resultado ha sido exultante, aunque determinados despachos se decepcionaban al no haber llegado a los 19 diputados, han perdido las elecciones. Muchos atribuyen ese fracaso a la falta de mensaje y a la oposición feroz. Y gran parte de la gente quiere reflejar la crisis en una sola persona: Mariano Rajoy. (No nos olvidamos desde estas humildes letras de todo su equipo, por supuesto)

Es evidente que, mediáticamente, ha fallado la percepción que se quería dar de dirigente afable y moderado. Esa imagen se ha estrellado contra la realidad. Rajoy ha conseguido mostrar un reflejo del PP que se encuentra alejada de los propósitos del partido, o por lo menos de la realidad que su decálogo reza. Ni el PP es extrema derecha ni es radical, ni es homófobo… pero con Rajoy esa ha sido la perspectiva que se ha visto desde fuera. También alimentada por los medios afines al partido rival.

La pregunta actual es ¿debe seguir Rajoy al frente del Partido Popular? Ha sufrido dos derrotas electorales, aunque esta última no ha sido tan horrible como algunos sondeos calculaban, y ese peso es muy fuerte para un líder político de uno de los grandes partidos de un país (no hay que olvidar que en España lo que se perfila es básicamente un bipartidismo y el PP es uno de los afortunados). Los medios no están a su favor. Esta misma mañana, el Mundo, el País y ABC coincidían en una necesaria regeneración de las cúpulas genovesas. Para los “indecisos”, Rajoy no tiene “carisma” y, lamentablemente para la verdadera política de consenso, eso cuenta mucho para que un candidato sea apreciado.

En mi humilde opinión, los resultados para el PP han sido positivos. Por mucho que intenten maquillarlos los socialistas, han sido demasiado buenos para lo que se preveía. Una salida tranquila de Rajoy le dejaría como una persona centrada. Y a lo mejor no le cerraba del todo las puertas a su carrera política de otra manera. Quizá en el poder legislativo. Es hora de cambiar el Partido Popular con un nuevo líder y un nuevo equipo. 

¿Sucesores?
Sucesores tiene muchos: personalmente, creo que es en Madrid donde están los mejores, como ya comentaba en mi ensayo de la jornada precedente. No resto importancia a los demás, pero, sinceramente, creo que son los más conocidos.

Por un lado, Gallardón es el filón del centrismo, su imagen es moderada y tranquila y tiene mucha percha para la televisión y la radio. Es un político serio, transparente y con una enorme cantidad de recursos mediáticos. Que hasta los medios rivales le respeten y le admiren es un muy buen punto a su favor. Sin embargo, dentro del partido parece que no es demasiado apreciado entre la militancia, lo que repercute en su contra.

Por otro lado está Aguirre, una persona abierta pero que no tiene recursos mediáticos, lo demostró cuando era ministra, muy populista, liberal hasta la médula y con un buen dominio de tres idiomas, algo fundamental para un líder político. Tiene a su favor que el partido la idolatra, en contra que los que no son del partido, medios incluidos, no tanto. Ni es una bruja, tal y como la pinta PRISA, ni es una delicia, como la pinta Losantos.

Desde luego, y siempre desde mi opinión, los que primero deberían salir, por la imagen que dan, son Zaplana y Acebes. Por lo menos, que salgan de la opinión pública, aunque no sea de su carrera política, que puede llegar al segundo término. El 11-M les pasó factura, muy cara. Es una lástima pero no se puede salir fácilmente de esa espiral.

Lo que está claro es que el PP necesita un cambio. A lo mejor ese cambio no tiene que llegar al extremo de modificar toda la cúpula, pero sí a algunas personas y, por encima de todo, la estrategia. No tiene que cundir el pánico. El PP es uno de los dos partidos que dominan España. Pero quizá, si se quiere modificar la imagen general del partido, hay que centrarla y acercarla al público. Puede que con la marcha de Rajoy eso se consiga. Se debatirá esta tarde.

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