De todo menos actividad paranormal

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Paranormal Activity, de Oren Palin, se presenta como una buena idea, pero difícil de explotar y, en caso de no saber hacerlo, la presente cinta, sólo da para treinta minutos de película y un montón de relleno. La historia comienza con la idea de un adinerado trabajador de bolsa, Micah, que decide comprarse una cámara de video para investigar-grabar los extraños acontecimientos que ocurren en su casa, en la que vive con su pareja, Katie.
En la primera parte del filme no ocurre absolutamente nada y la trama se basa en discusiones que la pareja tiene sobre la obsesión de Micah por grabarlo todo. A medida que avanza la cinta, las noches empiezan a contener algo de acción y la cámara empieza a registrar sucesos paranormales cada vez más movidos. No obstante, siguen sin producir el espantoso horror que se pregonaba.

Es la chica, Katie, la que tiene detrás al ser que cada noche penetra en su casa. Al hilo de esto la película, sin quererlo, también incluye algunos momentos cómicos, por ejemplo, cuando ella manifiesta que se olvidó decirle a su novio antes de vivir juntos que este tipo de situaciones le venían ocurriendo desde la infancia y en todas y cada una de las casas donde ha vivido. Pequeño detalle sin importancia, claro.

Parece que la vida de la pareja está basada en una de cal y otra de arena acerca de la dichosa cámara, él quiere grabarlo todo y ella está cada vez más molesta por la presencia del aparato. Los protagonistas no salen en ningún momento de casa y da la impresión de que tienen una vida completamente resuelta y dedicada por entero a la filmación y conversación acerca los de fenómenos paranormales. Los veinte minutos de interesante filme para los que hubiera dado la idea se rellenan con estas discusiones.

El incombustible Micah piensa que su cámara y él van a conseguir resolver la situación, o eso parece a tenor de los retos que le envía continuamente a la presencia. El héroe y su aparato se niegan también a consultar a un exorcista especializado. Y resulta que, cuando deciden hacerlo, éste percibe malas vibraciones en la casa de Micah y Katie y huye. En otro alarde de imaginación del director, resulta que la única salvación que existe se va corriendo porque le da miedo, algo totalmente comprensible viniendo del mejor especialista de la zona.

La extraña presencia se va haciendo cada vez más patente, con apariciones mucho más violentas y ruidosas, aunque sin tener demasiado sentido. Unas veces se manifiesta en la parte baja de la casa, otras decide acompañarlos en la habitación, incluso meterse a su cama. El verdadero terror del que hablan comienza a hacer aparición cuando el extraño ser arrastra a la joven protagonista por la planta hasta conducir la atención de la pareja hacía la típica puerta situada en el techo de una despensa, en la que en medio de una gran cantidad de una sustancia no identificada aparece una fotografía de la niñez de Katie quemada. Pero si se espera una explicación acerca de qué ocurre con dicha foto, las coincidencias del caso con el de otra joven hace años, o las referencias a la infancia… el resultado será el mismo en todos los casos: ninguno.

Pero, sin duda, lo más paranormal del filme se concentra en los momentos finales. La escena que Oren Palin programó como la más escalofriante de la trama se convirtió en la más cómica de su duración. Parece que todos los esfuerzos y gastos ahorrados hasta el momento se han concentrado en el instante final, lleno de efectos especiales, visuales y de sonido, que consiguen un solo propósito: un remate sobreactuado a una película poco paranormal.

Cabe decir, para finalizar, que si algo se ha hecho bien en Paranormal Activity es el marketing, porque ni para los segundos completos del trailer da la trama de la película. Aunque desde luego, los protagonistas despiertan una gran admiración entre algunos suspicaces espectadores, ¿cómo puede alguien ser capaz de dormir plácidamente sabiendo que un extraño y peligroso ser acecha cada noche?

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