De tierra y agua

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La sensación del barro sobre el cuerpo es extraña. Las propiedades de esta terapia residen en los minerales que contiene esa mezcla de tierra con agua. Al fin y al cabo nacemos de ahí e intentamos mantenernos sobre ella el máximo tiempo posible hasta que inevitablemente regresamos a su interior.
Es un buen momento para preguntarse sobre aquello de lo que hoy ya nadie se preocupa; ya no hay tiempo.

Río de Janeiro es una ciudad de ensueño, viva, rebosante de colores y sensaciones, pero a veces todo eso se convierte en un póster. Una imagen luminosa que vemos desde nuestra red nerviosa por la que circulamos cada día a velocidad vertiginosa. Los colores se mezclan y se convierten en uno solo, un tono bizarro, formado por todos, convirtiéndose en ninguno.

La arcilla se ha secado y la piel ha quedado tersa. Intento no moverme para evitar que el barro seco se agriete y se desprenda de mi cuerpo. Todavía no ha llegado el momento de diluirme con la tierra, por eso la piel lo rehuye.

Sin salir de los límites de la ciudad, a penas a cinco kilómetros del centro de terapia con arcilla, se localiza Rocinha. Aquí la relación con la tierra es diferente, el contacto de la piel con el barro es familiar.

En una favela resulta complicado no mancharse los pies. Caminar a través de caminos sin asfaltar es la única manera de moverse.

Cuando llueve, el barro puede llegar hasta las rodillas. A veces hay cantos o cristales que cortan la piel, pero eso sólo se ve cuando la tierra desaparece por completo. Y eso puede ser meses después.

En esta parte del mundo la tierra no llegó a separarse completamente de los hombres. Aquí se siente una relación más estrecha con la muerte.

Nadie pretende pisar la tierra. Se camina en paralelo.

Cuando hace sol es peligroso quedarse sobre el lodo, se puede quedar atrapado. Entonces, los más pequeños se sientan sobre las piedras, extendidas las piernas, hasta que el calor reseca esa segunda piel que cubre sus extremidades.

Los niños mueven los dedos de los pies para intentar desprenderse de la tierra, pero apenas se caen unos trocitos insignificantes.

Las grietas recorren la superficie, pero se la masa se agarra con fuerza. El barro ha echado raíces.

La sensación de tirantez no es agradable, al principio resulta insoportable pero se acaban acostumbrando.

Las piedras grandes y los trozos de madera son monopolio de los niños. Cuando llueve salen casi desnudos para tumbarse en ellas y lanzar las piernas al aire. El agua cae y moja las piezas que componen los frágiles cuerpecitos.

Un cuadro de acuarela mojado. Las gotas disuelven los colores que se mezclan para deslizarse hasta el suelo. Sólo así se puede apreciar después de mucho tiempo el verdadero color de la piel.

Sólo entonces pueden flotar sobre la tierra.

Fuentes de las imágenes:
www.botulinux.net
lacarreradelsiglo.blogia.com

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