De tapas en Ondiñas do Mendo

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Tetúan esconde uno de los mayores templos de tapas de la capital, al margen de las rutas turísticas del centro. Es un bar “de los de siempre”, y para muchos de sus clientes, es como una segunda casa.

Situado en la Calle Villamil, nº4, encontramos un local regentado por gallegos, y plagado de los españoles más variopintos y de todas las edades, que van a ver el futbol mientras se toman una caña y una tapa, o a disfrutar de sus recetas exquisitas en la zona del comedor.

Gallego como bien denota su nombre, este local está especializado en mariscos sin ser propiamente una marisquería. Su cartel dice “Mesón”, con lo cual se quita la fama de solo ser un bar, pero tampoco llega ser un restaurante hecho yd derecho. Es un punto intermedio, un sitio donde te puedes relajar con los amigos o donde puedes encontrar un remoto lugar para sentarte y charlar con tu pareja mientras degustas buena comida gallega.  

De viernes a domingo, se convierte en un hervidero de la juventud del barrio que se congrega para celebrar sus acontecimientos varios, o ver el futbol. La sensación al acercarte a la puerta en fin de semana, es de salen brazos y piernas por las ventanas de lo apretujados que están. Pero si entras un poco hacia el fondo, normalmente no es difícil encontrar un hueco y apostillarte en alguna barra. Se estila mucho el aparcar en segunda o tercera fila en la calle fuera, por lo que os recomendamos dejaros el coche en casa. También es una estampa habitual los grupos de gente fumando en la puerta. Incluso han surgido varios locales vecinos, que se encargan de recoger a los “no admitidos” en el Ondiñas, por estar demasiado lleno o ser demasiado ruidoso para los clientes en cuestión.

Lo mejor es pasarte entre semana, o a la hora de comer los fines de semana, para poder estar más tranquilo. Las tapas en la barra son abundantes, los precios muy asequibles. Sin embargo, el secreto mejor guardado del Ondiñas reside en su zona de comedor. Sin duda alguna, es necesario reservar con unos días de antelación para poder acceder durante el temido fin de semana, cuando se encuentra a rebosar.

Su comida no defrauda: navajas relucientes, calamares bien hechos, buenos vinos… Pero lo que os recomendamos encarecidamente es el postre de filloas, una suerte de creppes enrollados rellenos, que flambean delante de ti en la misma mesa. El sabor es sorprendente, y la textura increíble. Para cualquiera que no haya indagado demasiado en la cocina gallega, desde luego que es un buen lugar donde empezar.

Imagen de Juantiagues (Flickr)

 

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