De qué hablamos

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… “cháchara” elevada al rango de tumor. En suma el deporte es la aberración máxima del discurso “fático”, y por tanto es la negación de todo discurso, y por consiguiente es el principio de la deshumanización del hombre, o la invención “humanística” de una idea del hombre falseadora desde el principio.

[…] Pero el atleta como monstruo nace cuando el deporte se eleva al cuadrado: es decir, cuando el deporte, de juego que era jugado en primera persona, se convierte en una especie de discurso sobre el juego, el juego como espectáculo para otros y, por tanto, el juego jugado por otros y visto por mí. El deporte al cuadrado es el espectáculo deportivo.

[…]Pero este deporte al cuadrado (objeto hoy de especulaciones y mercados, bolsas y transacciones, ventas y consumos coaccionados) genera un deporte al cubo, que es el discurso sobre el deporte en tanto que deporte visto. En primera instancia, ese discurso es el de la prensa, pero genera a su vez el discurso sobre la prensa deportiva, y por consiguiente un deporte elevado a la potencia n. El discurso sobre la prensa deportiva es el discurso sobre un discurso acerca del deporte ajeno como discurso.

[…] Y puesto que la cháchara sobre el deporte proporciona la ilusión de interesarse en el deporte, la noción de hacer deporte se confunde con la de hablar de deporte: quien parlotea sobre el deporte se cree deportivo, sin advertir que no practica deporte alguno. Así no se da cuenta siquiera de que no podría practicarlo, porque el trabajo que hace, cuando no parlotea, lo debilita y le resta la energía física y el tiempo que serían necesarios para practicar un deporte.

(Fragmentos del artículo de Umberto Eco, titulado La cháchara deportiva y recogido en el libro La estrategia de la Ilusión)

Me enamoré de este escritor con El nombre de la rosa y tras la lectura de este artículo me gusta más. Como no se puede poner todo el texto, igual hay partes que no se entienden y parecen muy crudas, pero les invito a que, si pueden, lo lean. Estoy convencida de que les gustará y lo entenderán a la perfección.

He usado estos fragmentos porque expresan una realidad aplastante y muy bien explicada en el mismo. Umberto Eco intenta definir en ese artículo cómo es el deporte cuando ya no es deporte. Cuando es espectáculo, beneficios económicos e intereses de distinta clase. Cuando pierde la esencia, cuando ya no es lúdico sino oficio. Y sobre todo cuando es tratado y maltratado por los periodistas, los deportivos y también el resto. Porque al final todo el mundo habla de deporte en algún momento, porque como bien dice Umberto : “ el Deporte es el Hombre, el Deporte es la Sociedad”.

Por supuesto son los periodistas especializados en deportes los que más machacan el juego, es su trabajo. Hay pocos que lo hagan bien, hay menos a los que les dejen hacerlo bien y hay muchos que lo hacen mal. Pero a la postre es un negocio, así que el fin justifica los medios. No importa la calidad del producto deportivo que se ofrece, sino la cantidad y la aceptación que recibe. Como todos los medios funcionan igual, se equiparan unos a otros, al final de todo lo malo siempre tendemos a lo menos malo. Y ellos creen que se les elige porque son los mejores, ya saben, no hay más ciego que el que no quiere ver.

En esta ocasión pondré varios ejemplos de lo que, a mi entender, es un mal trato de la información. Empezaré por la reciente operación Galgo, encaminada a desarticular una red de dopaje. Se están realizando las investigaciones y las detenciones pertinentes. Hasta el momento han sido ocho las personas detenidas y puestas a disposición del juez para declarar, entre las que destaca la atleta española Marta Domínguez. El caso está en todos los medios y es transmitido con profundidad por los espacios deportivos. Lo curioso, y dañino, es que al sacar imágenes del tema predominan las de la atleta palentina. Quizás para muchos esto no es significativo, pero tiene gran peso. Primero porque da la sensación de que ella es la única encausada, cosa que no es cierta y da a interpretar que es culpable cuando la imagen se acompaña con ciertas palabras. La presunción de inocencia es un derecho básico, la repercusión que puede tener un delito de este calibre en la carrera de un profesional lo saben pocos y por tanto hay que cuidar la reputación de los acusados. El asunto es grave, pero no se ha dictaminado ninguna sentencia. Y eso no hay que olvidarlo. Por tanto, para mí, es una manipulación de una información que hay que tratar con delicadeza. No soltando las cámaras a la calle en cuanto se conoce el caso para preguntar a los paisanos, nada más y nada menos, qué les parece.

Segundo ejemplo, el Real Madrid. Mejor dicho, la incoherencia periodística o la memoria selectiva. Hace escasas semanas se enfrentaron el Barça y el Real Madrid, era un partido esperadísimo y híper-explotado por los medios y los periodista. Nunca se había visto un enfrentamiento tal, en todos los puesto había grandes jugadores. El final del partido no lo olvidarán los seguidores blancos y mucho menos los azulgranas. Se demostró algo que era obvio: el Barcelona juega muy bien y el Madrid no. Lo sabíamos todos, excepto los fanáticos y los periodistas. Que el Barcelona no iba a tener rival estaba cantado. Los aficionados lógicos, aquellos que no solo quieren resultado sino méritos, vimos el partido con la esperanza del milagro que no ocurrió. Tras dicho baño de juego, los comunicadores y periodistas comenzaron a resaltar el mal juego blanco o la ausencia de él. Todo estaba mal en Chamartín y los cegados por el resplandor de la leyenda aun defendían lo indefendible. Ahora, pasados los días y los partidos, resulta que el Real Madrid ya no es un desastre. Ahora son, perdonen la expresión, la re-ostia. Han goleado y CR7 es el gran rival de Messi por el pichichi, ahora “Benzemalo” es bueno y todo está bien. Ya no son malos porque no ganaron al Barcelona, ya no hay cosas que arreglar porque este Madrid funciona y golea. ¿Se acuerdan ustedes de un tal Capello? Era un entrenador italiano eficaz. Dos veces estuvo en el Real Madrid y en las dos ocasiones prometió que se ganaba, al menos, un título. En ambas lo cumplió. Es un entrenador que prefiere los resultados a la belleza del buen juego. Era criticado por todos, yo me incluyo. A mí un entrenador que mata el futbol por las matemáticas jamás me ha de gustar. Pueden hacerse por tanto una idea de lo que opino de Mou. Bueno, a lo que iba, fue criticado casi crucificado por los entendidos: el Real Madrid era efectivo pero no jugaba bien. ¿Y ahora en qué se diferencia? Resultados apabullantes, juego inexistente. Es lo mismo, pero con futbolistas y un entrenador nuevo que conoce bien el negocio. ¡Ojo! Digo negocio y no deporte. Quien ame realmente este juego no puede preferir que un equipo no luzca las capacidades y dones de sus integrantes. Cosa que está pasando en el Madrid. Por tanto, segundo caso en el que los periodistas buscan un beneficio, un morbo, olvidando la sensatez y funcionando como seguidores y no como profesionales.

El tercer y último caso es Rafa Nadal, un gran tenista y sobre todo una persona con una gran fuerza de voluntad. Cayó en el Torneo de Master en Londres. Es un chico joven que lleva desde bien pequeño machacándose físicamente y eso, no lo cuenta nadie, también pasa factura. Porque gracias a que el deporte es un espectáculo, las pruebas que tienen que superar son cada vez más exigentes. Los meses de competición son muy duros y los de preparación también. Ya no tiene que correr rápido, ahora tienen que volar. No tiene que jugar bien, tiene que hacerlo como los Dioses. A mí no me sorprende que alguno caiga en el error de doparse, la exigencia del espectáculo, no la del deporte, es máxima. Al ser derrotado, bueno, al estar lesionado. La gente, bueno los periodistas, se preguntaban porqué le pasa esto a Rafa. La respuesta es lógica: no solo es la exigencia deportiva, también es la exigencia del mundo que le rodea. Volar de un lado para el otro, firmar autógrafos, celebrar sus victorias con medida y acatar sus derrotas con ejemplaridad. Hacer anuncios, atender a la prensa, volver a entrenar. Ser perseguido por los medios, apoyado por ellos y criticado también. Saber que ya no juega solo para ganar al rival, juega también para demostrar a todos los que le vemos que es mejor. ¿Cómo terminarían ustedes mentalmente si supieran que todo el mundo les observa mientras trabajan? Yo terminaría desquiciada. Los medios son una ayuda para los deportistas, pero también son un peso. Y desde que el deporte es un show la carga cada vez es mayor. No deben preguntarse los periodistas porqué un chico tan joven y sanote, en un momento dado, hace plof, deben preguntarse cómo hemos ayudado nosotros a que este chico haga plof.

De ahí la cháchara de la que habla Umberto Eco. Se habla tanto del deporte y se habla tanto de lo que se dice del deporte, que se pierde lo mejor del deporte: el juego. Todos hemos jugado, no competido, jugado. Y nos lo hemos pasado bomba. Dudo que los deportistas profesionales disfruten todos sus eventos y tengo la certeza de que los medios, la presión social y los interés han conseguido matar lo mejor de sus oficios. Lo que más les gustaba.

Fuente de la imagen:
www.formulabelleza.com

2 Comentarios

  1. Por desgracia ya no hay marcha atrás. Y sabiendo esto los padres, entrenadores y equipos deberian cuidar mucho la psicologia del deportista desde pequeño. Quizá la figura de un psicologo deportivo deberia hacerse tan habitual como la del propio entrenador.

  2. Hablemos de tres tipos: deportista, profesional y periodista.
    El primero hace deporte idolatrando al segundo; el segundo hace deporte porque el primero le idolatra y le paga por ello; el tercero, que ni hace deporte ni le pagan por no hacerlo, y beneficiándose de que el “el rio anda revuelto …“, hace dinero del segundo a costa del primero.

    Seguramente, el primero acabará dejando de jugar, viendo que el segundo le desilusiona en algun momento dado. El segundo, atendiendo a una razón muy lógica: “mejor estaré dónde mejor me paguen“, desilusiona al primero. El tercero, seguira haciendo dinero igualmente.

    El primero acabara hablando como el tercero habla, y si puede acabara también haciendo dinero del segundo, tal y como hace el tercero. Mientras tanto, el segundo seguira jugando por dinero.

    Y a todo esto … ¿en qué consiste el juego?
    Llevo jugando al balonpie …. buff … no lo sé. He jugado a baloncesto, balonmano, beisbol, natación, waterpolo, golf, tenis, pin-pon, ajedrez (sí, es un deporte), he montado en mi bicicleta, practicado boxeo y algo de senderismo y alpinismo. Si me das una bombona, seguramente me ponga a bucear.
    Y a lo largo de todos estos años he comprendido la única relación que sigue atandome al deporte:
    felicidad es a deporte, lo que el deporte es a la felicidad.

    Si jugamos sin obtener felicidad de ningun juego, lo que conseguimos es amargarnos. Y si además tenemos que atender a razones económicas, la deducción es evidente: el $ vence. Los profesionales de cualquier deporte, hoy en día, sólo atienden a una razón: al tamaño de su cartera. Y cuánto más mediatico es el deporte, menos se preocupan por el juego.

    Los habrá que no, que juegen por diversión, pero en general todos son profesionales, y todos los profesionales lo primero que miran al firmar un contrato es la cantidad de ceros que tiene la nómina.

    Y quién tiene culpa de ello: los periodistas. Hoy tenemos un partido de futbol cada día televisado o radiado, ergo los que lo disfrutamos acabamos idolatrando a los jugadores, ergo estos cobran más, ergo el deporte se convierte en un mercado de oferta excesiva y demanda incesante.

    Menos deporte en la TV, menos CR, menos “Mou” y menos Barça-Madrid. Y el deporte volverá a ser deporte.

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