De obras póstumas

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1412877506_023300_1412879303_noticia_normalActualmente se van acumulando varias obras que se están publicando y cuyos autores no tendrán la suerte de ver. Diréis que esto no es novedoso. Es cierto. A lo largo de la historia no han sido pocos los que han obtenido éxito, ventas, conocimiento y nombre una vez que ellos no andaban por nuestros caminos. O por otros. No descubrimos mucho si hablamos de Van Gogh, de Lovecraft o Poe, e incluso el mismo Cervantes. Esto quizá nos serviría para recordar lo caprichoso que es el éxito, lo fugaz que es para otros; o para admirar a quien se entrega al trabajo para mostrar todo lo que lleva dentro.

Hablar de obras póstumas, hoy, despierta la polémica en torno a la oportunidad de su entorno por encontrar siempre algo más de quien tiene éxito (un cuadro más, una canción, más, un manuscrito escondido…). Y es que nos encantan las polémicas que nos dejan en la periferia. No viajamos más que a bonitos hoteles de costa, nada de entrar en las ciudades, en el meollo. Pero sin entrar en la oportunidad económica de la salida de escritos, de su beneficio o rentabilidad (tendremos ocasión de ver reediciones mejoradas, nuevas traducciones,  recopilatorios musicales…) hay que afirmar con mayúsculas que es ahora el momento en que la cultura se ha maltratado tanto y se ha ninguneado. Y no andamos sobrados de regalos. Si cualquier palabra nueva y desconocida de los grandes y de los pequeños debemos cuidarla y valorarla como lo que es: algo nuevo y valioso. Aunque sólo fuera por eso.

Y me refiero a los regalos que nos ofrecen Tabucchi (Para Isabel), Saramago (Alabardas), Sampedro (Sala de espera) y muy pronto Neruda (con esos 20 poemas inéditos encontrados entre sus notas y ya publicados en Chile). Y, seguro, muchos más. No podemos no valorar estas obras. Acabadas o no acabadas. Son, como todo arte, caricias para el alma, agua para la sed. ¿Podemos prescindir de la ternura, y de la bebida? ¿Hubiera sido nuestro mundo mejor sin el Requiem de Mozart o sin la Sagrada Familia de Gaudí?

Tenemos poderosas razones para no perder estos regalos. Y más en este tiempo. ¿No crees?

 

En la imagen, José Saramago (fuente: El País)

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