De melodías contagiosas y adherentes

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A penas un centenar de personas tuvieron la suerte de disfrutar ayer del directo de la banda irlandesa Delorentos. Sus virtudes, muchas. Guitarreos trepidantes e hipnóticos, magnetismo rítmico, una tremenda potencia sonora y una dualidad alternante en la faceta vocalista perfectamente empastada.

Por eso es difícil llegar a entender el porqué un grupo de calidad y fortaleza, sea patrio o foráneo, como es este caso, realiza un concierto en la sala El Sol de Madrid y la asistencia es nimia. Más si cabe cuando se trata de una banda que destila pedigrí por los cuatro costados. Es, cuando menos, enigmático.

Arrancaron su actuación con la energizante “Hallucinations”, pero aquello se diluyó por momentos tras los tres temas siguientes ante un frío ambiente inicial entre los asistentes. De mucho les valió su insistencia y persistencia sobre las tablas, se nota que tienen oficio de sobra para elevar el potencial de sus cadencias sonoras para delirio del gentío, amén de los continuos descensos de sus vocalistas al coso, avivando un espectáculo de temperatura ascendente.

Sin lugar a dudas se trata de una formación con enormes posibilidades, que presentaron un par de temas nuevos del que será su próximo disco, y se lanzaron a mezclar canciones de sus dos trabajos discográficos editados hasta la fecha. Sus melodías son contagiosas y adherentes, con elaboradas capas de matices sonoros en canciones como “You say you’ll never love her”.

Calor y más calor en un habitáculo insoportablemente ardiente. Eso y la electricidad que descargan los irlandeses en directo subió la temperatura hasta explotar en temas como “Any other way”, “Eustace street” o “Sanctuary”. Pero el momento de química absoluta entre fans y banda llegó con “Secret”, un vibrante himno generacional con el que terminaron el set principal.

Unos segundos para descansar y volvieron para presentar otro nuevo tema. Y lo quisieron hacer de manera especial e intimista, en pleno acústico integrados entre el público. También hubo tiempo para “Stop”, una de las canciones más vitalistas y enérgicas de su discografía. Poco después enfilaban el final de su directo que dejó un inmejorable sabor de boca, porque es una banda que se deja la piel en el escenario y porque es capaz de traducir sus canciones grabadas en estudio a un portentoso espectáculo directo y arrollador.

Crónica: Óliver Yuste.
Fotografías: Carmen García.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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