De libertades, conglomerados y comunicación

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La cuenta atrás ya está en marcha. Una imparable iniciativa reside en el seno de la Comisión Federal de Comunicación de Estados Unidos, y también en el de la Administración Bush, que en la sombra apoya y maneja los resortes para acabar con los límites de concentración de las empresas audiovisuales, los mismos que hace treinta años se impusieron para evitar la dictadura empresarial de un reducido número de magnates de la comunicación.

Si esas limitaciones a la libertad de mercado eran ya de por sí tan efímeras como lo deseara el presidente de turno, ahora ya no habrá límites que valgan, ni medias tintas para justificar amiguismos o intereses políticos. Será el momento de salir a cazar periódicos, televisiones o radios en cualquier coto privado de caza para seguir llenando las arcas de los dueños y señores feudales del sector.

Kevin J. Martin, Presidente de la Comisión Federal de Comunicación (FCC) de Estados Unidos, con el apoyo directo de la mayoría de sus miembros, en su mayoría republicanos, ha comenzado una campaña para establecer un plan de reforma con el fin de acabar con los límites de concentración de las empresas audiovisuales en éste país, que imperan desde mediados de los años setenta.

Los grupos empresariales multimedia de EE.UU. han actuado hasta el día de hoy bajo unas limitaciones anti-monopolio algo livianas en su contenido y en su forma. Unas medidas que están siendo muy cuestionadas por el sector en estos últimos años, por lo que solicitan el levantamiento de las mismas al considerar las actuales limitaciones como algo anacrónico. No obstante, hace tres años ya fracasó una iniciativa de liberación empresarial fomentada por el anterior presidente de la FCC, Michael Powell, hijo del anterior Secretario de Estado de Norteamérica, Colin Powell. Casualidades de la vida.

Uno de los argumentos más importantes que impulsa y dan carácter individual y significativo a este proyecto liberalizador actual es la migración de publicidad de periódicos a Internet, lo cual crea problemas financieros a las corporaciones que atesoran los medios de comunicación convencionales. En contra se posicionan los grupos activistas y los miembros del Partido Demócrata, mayoría en el senado estadounidense.

De llevarse a cabo estas medidas aperturistas, los grandes favorecidos resultarían el empresario y magnate de la comunicación Rupert Murdoch y su conglomerado News Corporation, que tiene algunos “problemas” para hacerse con la Fox y con el New York Post; y el inversor inmobiliario Samuel Zell, que pretende la adquisición del conglomerado Tribune, a pesar de sufrir ciertas complicaciones para alcanzar su objetivo, pero tan sólo ciertas y quizá evitables de cualquiera de las formas.

Estados Unidos es el estandarte en cuanto a número y poder de corporaciones, grupos multimedia y conglomerados empresariales de comunicación en el mundo, y ya antes de la actual limitación de concentración vivió un proceso legal de liberalización que se vio cortado de raíz ante la amenaza que suponía para los intereses políticos de este país. Y a pesar de esas restricciones los principales empresarios de la comunicación han seguido campando a sus anchas rozando la ilegalidad en muchos momentos, con el consentimiento de ciertos amiguismos políticos de según qué tendencia política imperase.

Es un peligro para el complejo entramado empresarial que obstenta los medios de comunicación de EE.UU., y para gran parte del resto del mundo, que se lleve a cabo estas medidas liberalizadoras, ya que supondría una falta de oxígeno económico y corporativo. El desarrollo de las pequeñas y medianas empresas se vería seriamente afectado, al no poder competir en igualdad de condiciones, por lo que la economía del sector se vería recortada y atesorada por unos pocos. Una experiencia que en otros campos ya resulta devastadora para los intereses generales de la economía de libre mercado, un sistema que entraría en crisis hasta su completo colapso.

La Administración Bush no dudará en apoyar esta iniciativa de la todopoderosa Comisión Federal de Comunicación, que ya tiene previsto estudiar la propuesta antes de dos meses. La economía capitalista habrá ganado una nueva batalla legal en un país que olvida con ignorancia su pasado más joven y su futuro, y que además afectará, por efecto arrastre, a muchos países del resto del mundo que no estarán dispuestos a perder el tren de las oportunidades. Y ese podría ser el caso de la Unión Europea, de la cual no olvidemos su única fortaleza y sentido de existencia, la economía.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

1 Comentario

  1. La FCC ha demostrado en más de una ocasión su ineficacia, o más bien su falta de poder, a la hora de prohibir ciertas operaciones de adquisición de medios de comunicación que sí ponían en riesgo la pluralidad de medios, fin primigenio de esa Comisión Federal. Así que esto no es más que el paso definitivo para su desparición, puesto que ya no tendría mucho sentido mantenerla.
    EEUU será el país de las libertades, sí, pero ¿libertades para todos? ¿O sólo para el gran capital?

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