De jóvenes libres a leyendas vivas

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Las memorias constituyen un gran atractivo literario, pues el subjetivismo de la autobiografía nos hace disfrutar desde un ángulo privilegiado de la trayectoria de un artista. Es el caso de “Éramos unos niños”, desde cuyas páginas nos asomamos a la niñez, adolescencia y juventud de Patti Smith, y su relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe.

portadaPatti y Robert parecían predestinados a coincidir en esta vida, aunque su encuentro fue más que casual. El título de este volumen, editado por DeBolsillo, no podía ser más acertado ya que apenas pasaban la veintena cuando se conocieron. Ambos deseaban encontrar su camino y establecieron Nueva York como punto de partida, dejando atrás una adolescencia incierta y el deseo de establecerse como jóvenes independientes y libres. Este cruce de caminos fue el inicio de una amistad y un amor que duraría hasta la muerte del fotógrafo, compañero definitivamente insustituible para la cantante, en 1989.

Asombra la capacidad de la autora para rememorar con nitidez matices vividos hace décadas: calles, nombres, olores, sabores, objetos… El texto, salpicado por los trabajos del fotógrafo y detallado al milímetro, constituye una compleja descripción del arduo camino hacia la libertad, el desarrollo profesional y las inquietudes propias de un par de jóvenes que quizá nacieron con la obsesión sobrenatural del amor sin medida a la expresión artística. Así, tenemos la sensación de ser espectadores de la paulatina crisálida en la que se absorbe Smith, que se dejó fascinar desde muy joven por la poesía y el arte y más tarde acabó asentándose en los escenarios, mientras que nos acercamos a la figura de Mapplethorpe, frágil y voluble como un crío, y en batalla continua con sus propios demonios. Por encima de todo, estas memorias destilan la gratitud de la autora hacia su amigo fallecido, por todo lo que vivieron juntos, y el deseo de que su espíritu permanezca vivo.

El magnetismo de este más que recomendado volumen estriba en que, desde un primer momento, participamos de una conexión única con la autora, que nos hace cómplices de su capacidad casi mística de perseguir el arte en cualesquiera de sus manifestaciones. Los años parecen reproducirse a cámara muy lenta a medida que avanzan los párrafos, y entre sus páginas desfilarán figuras de todo tipo: John Lennon y Yoko Ono, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Andy Warhol…  El eterno amor de la cantante por Rimbaud y Baudelaire, su pasión, sus ganas de plasmar su mundo interior, el rock and roll que abrigó tantos sueños de juventud y, sobre todo, la unión férrea entre ambos artistas constituyen la base de esta narración que nos transporta hasta otra generación en blanco y negro, efervescente de inquietud cultural. La prematura muerte de Robert constituye una emotiva despedida que cierra Éramos unos niños, obra que, en definitiva, resulta imprescindible en cualquier colección.

Imagen: Patti y Robert, por G. Malanga

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