De integraciones sociales

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Hace unos días, concretamente el día 14 de enero, el lendakari Patxi López lanzaba unas declaraciones interesantes. “Debemos hacer posible la integración en el sistema democrático de los colectivos que hasta la actualidad han mantenido posiciones totalitarias y cercanas a la violencia”, afirmó el líder del Partido Socialista de Euskadi (PSE). Sin duda alguna, se trata de unas palabras con notable trascendencia, pues son símbolo de un acercamiento, no a los malvados terroristas que quieren destruir España, sino a una parte importante de la sociedad vasca que, nos guste al resto o no, existe.

Para aquel lector que dude de ello, el señor López se aseguró en esa misma intervención de dejar claro que es Batasuna quien debe cambiar, quien debe dar los pasos necesarios para aborrecer de una vez por todas la violencia etarra, y, ¡oh sorpresa!, que el gobierno vasco seguirá defendiendo el Estado de Derecho, las libertades fundamentales de la sociedad española y el rechazo absoluto a toda negociación con terroristas.

Volvamos a las declaraciones del principio. Por una parte, reconozco que suenan atractivas y he de decir que Patxi López no es de los políticos que más desprecie. Creo que hacer esas declaraciones en público es, al menos, un paso, un pequeño paso para dar a entender que desde una parte del conflicto se está por la labor, no de negociar -eso no se lo perdonaría la oposición nunca, aunque supusiese el fin de todo esto-, pero sí de aceptar algún cambio. Y creo que eso es positivo. No porque quiera que acabe el conflicto debido a que esté preocupado y piense que esta sangría debe terminar ya por el bien de todos –sinceramente, ni ETA ni los nacionalismos están destruyendo España-, sino porque más bien estoy cansado de todo el teatro que hay montado en torno a dicho conflicto, teatro que no me creo dado que claramente es un juego político que aprovechan tanto unos como otros.

La invitación a la integración de esa parte de la sociedad vasca es fundamental si uno se considera representante del Estado de Derecho. No integrarla es negarla, es silenciarla, es hacer como que no existe, cuando sí que existe. Por mucho que suponga un problema para el Sistema porque engendra ideas más radicales o menos acordes a la tranquilidad que propone el Estado, no darle voz o intentar callar a sus representantes, no va a conseguir ni mucho menos hacerla desaparecer. Porque es una realidad latente.

No obstante, llevando las palabras del lehendakari a la práctica, a la realidad que importa, me resultan difíciles de creer. ¿Por qué? Porque creo firmemente que el gobierno en particular y el resto de partidos en general harán lo posible porque no se presente en muchos años ningún partido que tenga la más mínima relación con el hijo de un primo del vecino que vendió pan a un etarra en febrero de 1997. Así que esas palabras, por el momento, no pueden gozar de mi total aceptación, gratitud, asentimiento o llamadlo como queráis. Los hechos hasta la fecha de hoy me empujan a ser precavido, prudente y desconfiado siempre que se trate de la voz de un político.

Ahora bien, si hay algo que me irrita más que ver a un político mentir, es ver a su colega de la oposición echándole más morro que los gorrinos. Escuchar en la radio una entrevista a Sáez de Santamaría en pleno proceso de recuperación de su caída navideña y prestar atención a la respuesta que brinda hacia las palabras del lehendakari, son para mear y no echar gota. Como era de esperar, escupe pestes hacia la integración de los amigos de los terroristas. ¿Cómo vamos a integrar a unos asesinos que han matado y aterrorizado a toda España? “A ETA no hay que integrarla, hay que desintegrarla y para siempre”. La primera en la frente. “La democracia y las instituciones democráticas son para los demócratas, la gente que rechaza la violencia y que hace política exclusivamente con la palabra” y añade, los que asesinan, los que extorsionan y los que no cumplen las reglas del juego no pueden tener hueco en las instituciones democráticas ni pueden tenerlo”.

Mis preguntas entonces son las siguientes: ¿Por qué no se desintegró la extrema derecha que gobernaba con Franco y que automáticamente pasó a formar parte de las filas de “partidos democráticos”, entre ellos Alianza Popular? ¿Se convirtieron en demócratas de la noche a la mañana? ¿Pasaron de la violencia a los votos en un año? ¿O es que vieron que era una forma de perpetuarse en el poder solo que ahora en un sistema “democrático”? Es verdad, cumplieron las reglas del juego para tener hueco en las instituciones democráticas (recurriendo a la expresión de la portavoz del PP). Básicamente porque fueron ellos –acompañados- los que montados en el antiguo burrito del poder construyeron el nuevo modelo en el que hoy en día vivimos.

La señora Sáez de Santamaría debería recordar que su propio partido en sus orígenes salió adelante precisamente por la aceptación que la sociedad quiso tener con ellos, a pesar de los 40 años de extrema derecha que tuvo que vivir el país. Y digo orígenes equivocadamente, porque aun hay en sus órganos directivos personajes de aquella época, cuando no hijos, yernos o sobrinos de los mismos. Aquella integración si estuvo bien vista, esta no. No sé la desintegración de quién vendría mejor al país, la verdad.

Fuentes del texto:
http://www.publico.es/espana/356317/patxi-lopez-aboga-por-integrar-en-el-sistema-a-batasuna
http://www.cope.es/espana/16-01-11–saenz-de-santamaria-en-cope—a-eta-no-hay-que-integrarla-hay-que-desintegrarla-227114-1
Fuentes de las imágenes:
http://www.psoe.es/contents/showResource.do?urlRsr=/000000186500/000000186919.jpg
http://blogs.lavozdigital.es/blogfiles/antoniomontilla/soraya.jpg

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