De Arequipa a Fuentealbilla

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Se acaba el 2010 y como es tradición, los medios de comunicación nos encargamos de recordar los mejores momentos del año que se va. Si dejamos a un lado la terrible crisis económica que nos regala paro y desesperación a partes iguales, los últimos 365 días se centran en dos hombres.

Uno es peruano, alto, atractivo y amigo de la palabra. El otro es manchego, bajo, no muy moreno y hermano de la pelota. Mario Vargas Llosa y Andrés Iniesta personifican el éxito absoluto. Los dos han tocado el cielo durante el último año gracias a un talento infinito y a una forma de ser cercana.

De Arequipa a Fuentealbilla pasando por Estocolmo y Johannesburgo. Si analizamos los hechos de manera cronológica, el futbolista del Barça asaltó primero el calendario. El año en que Rafa Nadal se hizo más grande, el año en el que Pau Gasol logró su segundo anillo de la NBA, Iniesta de mi vida, como le bautizó José Antonio Camacho, se colgó la medalla de número 1 del deporte mundial. El 11 de Julio, cuando toda España estaba sin respiración mirando a la tele, el Don Quijote del Siglo XXI armó la pierna con la sutileza que le caracteriza y en nombre de 45 millones de compatriotas, cantó gol. Un gol con dedicatoria especial. Ese remate iba de Sudáfrica al cielo, dónde su amigo Dani Jarque sufría como uno más por la proximidad de la siempre injusta tanda de penaltis. A muchos kilómetros de distancia, el genial Mario Vargas Llosa disfrutaba con el triunfo de “su España”. El mundial de Vargas Llosa llegó meses más tarde, cuando una madrugada neoyorkina recibió la llamada que llevaba toda la vida esperando. “Tengo el honor de comunicarle que ha ganado el Premio Nobel de Literatura”. El escritor peruano tardó en reaccionar, pero las semanas posteriores los hechos se fueron sucediendo. Cuando se cumplían cinco meses exactos del gol de Iniesta, Vargas Llosa recibía el Nobel en la capital de Suecia. Desde allí mandó un mensaje de esperanza y se acordó de su mujer, esa compañera que le guía pase lo que pase. Su nieta disfrutaba viendo como el abuelo era feliz. Tras 20 años en el olvido, las letras hispanoamericanas volvían a ocupar el lugar que merecen.

Ninguno de los protagonistas de este artículo nació en una familia rica desde el punto de vista económico. A los dos les ha costado mucho llegar tan alto. La literatura y el fútbol les permitió alcanzar un futuro mejor. No se conocen, no son amigos, pero su magia se contagia. Nos hacen disfrutar haciendo fácil lo difícil. Son los triunfadores de un 2010 en el que Mourinho cambió Milán por Madrid para cerrar su círculo victorioso y en el que Juan Antonio Samaranch nos dejó para siempre. Nuestra memoria, siempre selectiva, nos hace recordar antes los buenos que los malos momentos. Por este motivo, me siento en el sofá con El Sueño del Celta bajo el brazo y el último Informe Robinson en la pantalla. Esas pequeñas cosas que dan sentido a la vida.

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