Dayton. A doce años del Reality Show

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Hoy se cumplen doce años del inicio de las negociaciones que acabaron con la firma en París, el 14 de diciembre de 1995, del Acuerdo-marco general para la paz en Bosnia y Hercegovina. Las conversaciones de Dayton, que se extendieron por tres semanas, significaron la consolidación del liderazgo de Bill Clinton en el panorama internacional del momento, un precedente maldito para la Unión Europea de Maastricht y un fiel reflejo de lo sucedido en la guerra que empezó en la primavera de 1992: las quejas permanentes de Alija Izetbegovic (lider de los bosnios musulmanes), los caprichos y la obediencia final de Franjo Tudjman (presidente de Croacia) y la discreción y el pragmatismo de Slobodan Milosevic (Presidente de la República de Serbia).

Lo ocurrido durante esas tres semanas en la base aérea Wright-Patterson, en Dayton, Estado de Ohio, ha creado un precedente importante y supone un hito en la historia de las relaciones internacionales. La llegada a este punto, la lamentable actuación de la Europa comunitaria y la controvertida entrada de los Estados Unidos en los Bosnia, coincidiendo con la llegada de Clinton al poder, son temas fundamentales, pero el tema técnico de la reunión amerita una reflexión aparte.

Los arquitectos de Dayton – Richard Holbrooke y Christopher Hill, mediadores de Bill Clinton – crearon un escenario que mezclaba el ambiente de una película de Hollywood con la sensación de retiro espiritual. Fue un verdadero Reality Show. La idea del alejamiento geográfico (los tres protagonistas emplearon unas diez horas de vuelo para llegar al destino) está vinculada a la necesidad de centrar las negociaciones en cuestiones marco que debían ser desarrolladas posteriormente por las autoridades locales. Intentar hacer esto mismo en Viena o Ginebra hubiese supuesto una cercanía perjudicial en el sentido de que las negociaciones podían haberse estancado en minucias territoriales, que eran las que tenían la mecha de la guerra encendida en los meses previos a la convocatoria. Bajo esta lógica, la ausencia de medios de comunicación era, pues, algo fundamental. Tener a los tres protagonistas alejados de su opinión pública fue la clave del éxito.

¿Por qué fueron precisamente ellos tres? Estaba claro que Izetbegovic sí ejercía un liderazgo directo sobre los territorios controlados por el gobierno de Sarajevo, pero Tudjman y Milosevic eran, en teoría, dos personas que no ejercían un poder directo sobre los croatas y serbios, respectivamente, de Bosnia y Hercegovina. A pesar de lo que nos ha tratado de vender la balcanología alentada por la gran mayoría de los medios de comunicación en occidente (El País sigue jugando un papel muy relevante a día de hoy en este sentido), la implicación de Milosevic fue bastante limitada y siempre en dirección opuesta a la voluntad de sus supuestos cachorros serbo-bosnios (Ratko Mladic y Radovan Karadzic), todo lo contrario ocurre en el caso de Tudjman, que siempre, por activa y por pasiva, se comprometió con sus hermanos en Hercegovina. Se obvia constantemente la continuación de la guerra serbocroata, que buena parte de la historiografía oficial da por terminada en 1992, olvidando la posterior expulsión de los serbios de Krajina y Eslavonia Oriental por parte de los croatas desobedeciendo el mandato de Naciones Unidas. Milosevic, un supuesto ultranacionalista serbio, no hizo nada.

La elección del Presidente Serbio fue un acierto en todos los sentidos y la presión ejercida sobre los líderes serbios en Bosnia para subordinarse a él representa un triunfo importante: implicaba la renuncia de mulsulmanes y croatas a tomar Banja Luka, capital de la República Srpska. El escenario estaba preparado para cumplir los objetivos que propusieron los arquitectos. Esto es, la simplificación consensuada del mapa del nuevo Estado sin caer en pequeños detalles (en los cuales hubiesen caído los líderes locales).

La aportación de Estados Unidos a las conversaciones fue vital. La flexibilidad que imprime la relativa ajeneidad de Tudjman y Milosevic hacia el problema se veía favorecida por el típico modelo gerencial de trabajo norteamericano. Slobodan Milosevic se sentía especialmente cómodo en este contexto, sobretodo por sus viajes a los Estados Unidos, bastante frecuentes a finales de la década de 1970, cuando era Presidente de Beobanka. Los asesores de Clinton supieron convertirse en verdaderos vendedores de la teletienda, haciendo ofertas, regateando por aquí y dando un poco más por el otro lado… ultimátums,  prohibición de salida del recinto (solo violada, claro está, por Tudjman), castigos y filtraciones entre los protagonistas. Todo muy americano. El espectáculo final (incluyendo aquí el acuerdo Tudjman-Milosevic cuando Clinton y los suyos preparaban el comunicado del fracaso de las negociaciones) y la forma en que se recibió en Sarajevo la permanencia de Gorazde en la Federación de croatas y musulmanes se puede interpretar perfectamente como una muestra de la americanización del conflicto (y del comprensible cariño que muestran los bosnios no serbios hacia los Estados Unidos).

La directriz de la reunión era la consolidación del alto al fuego del 12 de octubre y las formas, una gran novedad para los Balcanes, acostumbrados a las chapuzas europeas desde 1821. Dayton también era una chapuza, pero todos eran conscientes de ello. Así, las solemnidades se dejaron para cuando se firmó el Protocolo en París, en diciembre de 1995. Europa quedó herida en su orgullo. Los hechos consumados funcionaron y la idea de Milosevic como un activo negociador que tuvo siempre claro (probablemente recordando los tiempos de la independencia de Eslovenia) el hecho de que la simplificación del mapa de la ex-Yugoslavia era el paso más importante que había que dar, fue la clave de esta victoria de la diplomacia norteamericana (acaso porque Madeleine Albright no había llegado al cargo de Secretaria de Estado). Pocos podían esperar lo que vendría apenas cuatro años después.

Clinton, Holbrooke y Hill lograron crear de una manera novedosa un ambiente que dio pie a soluciones efectivas. El objetivo de una posguerra sin ruidos de sables, a día de hoy, se ha cumplido, pero 12 años ya son muchos para una posguerra…

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