Dani Molino: “Las canciones de Trails son doce estados de ánimo”

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Foto: Cristina Molino

Dani Molino nos recibe en su estudio de Madrid para hablar de música y de su segundo disco, Trails, que sale hoy a la venta. Dani mira a los ojos mientras habla de sentimientos, de recuerdos, de sueños, de ilusiones… de todas esas cosas que ha sabido mezclar con tanto acierto en este disco. El 25 de febrero lo presenta en directo en la sala El Sótano.

 

Pregunta: ¿De dónde viene el nombre del disco?

Respuesta: Hay una canción del disco que se llama Trails into the canyons, y se llama así porque hacia el final del viaje estoy por el Gran Cañón y hay una serie de rutas, unos senderos, que se llaman trails… de ahí cogí el nombre, porque esos dos días que estuve por esa zona fueron los más significativos del viaje, el estar ahí solo, perdiéndome por esos senderos, llegando de repente al Gran Cañón, sin nadie alrededor, porque no había ni dios, y estando delante de semejante barbaridad visual, me causó una enorme conmoción y cuando estaba pensando cómo llamar el disco, de pronto me di cuenta de que la canción que más significado tiene, porque es una conclusión de todo aquello era ésa. El nombre cobró sentido y encajó todo.

P: ¿Cómo ha sido el proceso de creación de Trails?

R: Ha habido canciones que han surgido durante el viaje y otras que se han compuesto de vuelta ya aquí.

P: ¿Tenías un itinerario prefijado?

R: Al principio del todo, antes de ir para allá, intentas tenerlo todo controlado. En realidad, lo único que tenía claro era que quería llegar a Nashville, era el único punto planeado desde Londres. A partir de ahí ya no había tanto plan.

P: ¿Y por qué Nashville?

R: Es la cuna de la música en EEUU… me habían dicho que me iba a encantar

P: ¿Y cumplió con las expectativas?

R: Sí, me encantó. No he estado nunca en una ciudad como ésa. El motor cultural es la música. Los museos son de música, los bares ofrecen música en directo a todas horas, hay hasta hilo musical por las calles… una de las calles se llama Music Road, una zona residencial de chalets, donde están todas las discográficas, una al lado de la otra… y todos los días música en directo, charlando con los músicos después de los conciertos, una pasada.

P: ¿Qué música es la que predomina por Nashville?

R: Country, blue grass… americana, sobre todo.

P: El estilo americana es el que suena en casi todo el disco…

R: Sí, yo creo que sí… el estilo que me sale al final sí es americana, pero no es algo intencionado… tampoco es lo que más escucho, aunque con los años sí voy ampliando la discoteca…

P: ¿Cuáles son tus influencias musicales?

R: Últimamente lo que más estoy escuchando es a Nathaniel Rateliff, Josh Ritter, Brandi Carlileel country puro-puro reconozco que tampoco me gusta del todo, son detalles de aquí y de allá los que me gustan

P: ¿Siempre ha sido este tipo de música la que te ha gustado?

R: ¡Qué va! (risas). De joven yo era un fan acérrimo de Metallica… con 14 años, melenas, pantalones pitillo… Metallica, Sepultura, Pantera… las primeras bandas en las que empecé a tocar con amigos, todo eran temas heavies… luego, con el tiempo me empecé a ir más hacia Springsteen, que siempre ha formado la banda sonora de mi infancia junto con Dire Straits… mis tíos y mis padres eran lo que ponían en todos los viajes… Ya de adulto regresé a esos sonidos, redescubriendo a Springsteen y Mark Knopfler y, a partir de ahí, ya me empecé a ir más a un sonido folk… pero la influencia de Springsteen es grande, me gusta muchísimo.

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Foto: Cristina Molino

P: ¿Cómo han sido tus inicios?

R: Desde pequeñajo siempre me he interesado por la música. Después, cuando empiezas a tocar instrumentos y a formar tus primeras bandas… recuerdo la primera banda que tuve, que tocábamos versiones, pero ya en el primer concierto, con 15 años, tocamos una canción que escribí yo… la composición siempre ha estado ahí. Después, en otras bandas en las que sólo era guitarrista, a partir de donde empiezo a cambiar mis gustos musicales hacia algo más moderado, digamos, fue cuando me empezó a apetecer cantar las canciones que escribía, y ese fue también el motivo por el que me fui a Londres.

P: ¿Cómo llegas a Londres?

R: Un poco como necesidad de escapar. Yo estudié Informática, algo que siempre he odiado (risas) y, entre el trabajo y una relación sentimental que también necesitaba cortar, vi en Londres la oportunidad. Pedí un préstamo y allí estudié Producción Musical, que siempre me había llamado la atención, pensando que haría muchos contactos y que ya todo vendría rodado (más risas) y que me iba a dedicar a la música de lleno. Y no fue así, claro. Al menos en la universidad conocí a los que luego serían compañeros en la primera banda que formé allí, aparte de los conocimientos que adquirí y que me permitían grabar mis propias cosas.

P:  Por cierto, el disco tiene un sonido espectacular…

R: Eso es todo culpa de Dany Richter, que es un fenómeno. A Dany lo conocí porque fue profesor de sonido del novio de mi hermana, que me recomendó ver un vídeo donde le entrevistaban hablando de su estudio, El Lado Izquierdo… Me impresionó mucho, así que le pegué un toque, le enseñé el proyecto, le gustó y se ofreció a producirlo. Ha sacado un sonido brutal.

P: ¿Cuándo entráis en el estudio por primera vez?

R: Hicimos una primera sesión en julio y otra en septiembre… habremos estado un total de tres semanas grabando… es que el disco tiene muchas colaboraciones, metales, cuerdas… desde Nashville nos mandaron el pedal steel, la mandolina y el banjo… porque inicialmente yo quería haber grabado el disco en Nashville. Cuando estuve allí conocí a un tipo que tenía un estudio y dije “yo quiero grabar aquí”, pero luego eché cuentas y no salían (risas), pero sí que quería que tuviera algo de allí y a este tío, que ya es mayor, que llegó a tocar con John Fogerty, le pedí que me buscara a alguien que pudiera tocar algún instrumento de allí. Y cuando nos manda el archivo a ver qué nos parecía, veo que el tipo que toca el pedal steel ha grabado con Dolly Parton (risas) y el que ha grabado la mandolina ha trabajado con todo el mundo allí, por ejemplo, en los primeros discos de Taylor Swift, cuando era más country… y, claro, cuando Dany y yo, en el estudio, vemos los archivos, por ejemplo, en Wanderlust, que hay un solo de mandolina, buff… ¡impresionante!

P: ¿Y el resultado final?

R: Hay una cosa que sí me gusta del disco y es que veo una historia, un principio y un final de ese viaje. Y las historias no pueden ser planas, no puede ser siempre el mismo estilo. Es más, me gusta que sea así. Salió así, hay canciones que son más folk, otras más rock, más blues, más pop… Estas canciones son sentimientos, son estados de ánimo.

P: ¿Se han mantenido esos estados de ánimo tras la producción?

R: Hay temas que sí han cambiado respecto a las demos pero, en general, está todo ahí. Hay canciones que han cambiado en cuanto a sonido o dinámica, pero los arreglos estaban ya muy cerrados y muy trabajados.

P: ¿Cuál fue tu primer instrumento?

R: El piano. De pequeño me apuntaron a piano, un par de años. Todo muy clásico, Para Elisa y tal… después empecé a escuchar a Metallica y dije, ¡dame una guitarra! (risas). Con el tiempo ya me pasé a la acústica y cuando compongo sigo tocando el piano también. Y ahora me he comprado un banjo y una mandolina, pero soy muy impaciente, querría saber tocarlos ya (risas).

P: ¿Y ese interés por aprender a tocar tantos instrumentos?

R: A veces estoy componiendo y pienso en el sonido que podría irle a la canción y, sí, podría incorporarlo con el ordenador, con un midi, pero prefiero que el sonido sea de verdad, por eso intento aprender a tocarlos, aunque sea de modo muy básico.

P: ¿Esta guitarra que tienes en el estudio es la que te acompañó en el viaje?

R: No, a ésta le tengo mucho cariño, es la que me compré nada más llegar a Londres. En Nueva York me compré una cuando llegué, una de segunda mano.

P: ¿Qué se ve desde el escenario?

R: En conciertos en los que hay mucha gente no tengo problema, porque es todo una masa, sin embargo, los conciertos más íntimos, en los que se ve la cara de la gente, a mí me imponen más. Además, que en escena digo muchas tonterías (risas). Días antes del concierto siempre pienso en “voy a hacer esto, voy a decir aquello, tener esta actitud molona y tal”, y luego llega el concierto y con el subidón y el buen rollo se me olvida todo (risas), no puedes evitar estar feliz. En Londres, en un concierto… ya sabes que en España usamos muchas palabrotas al hablar, bueno, pues estaba presentando a la banda y todo el rato estaba con el fucking esto, fucking aquello (risas). Y allí el fucking no lo usan casi nunca, hacen un uso muy selectivo… y yo introduje a mi batería, que se llamaba Damien Thill, como Damien Fucking Thill, o sea, el puto Damien Thill (risas). Tengo que aprender a controlarme muchas veces, ese subidón que me entra en los conciertos… que luego llego a casa y pienso “Dios”…

P: ¿Qué tienen los conciertos íntimos?

R: Suponen un reto mayor, es como si les estuvieras contando la canción directamente mientras compartes un café. También notas que la gente te está escuchando. Un aplauso bien dado en un café, buff… lo otro es más rock and roll.

P: ¿Recuerdas algún concierto en especial?

R: En Londres, despedíamos al guitarrista que teníamos, que se marchaba a Nueva Zelanda, justo después de haber grabado el primer disco, tocando en The Troubadour. Fue un bolo muy intenso, la primera vez que estaba la sala llena… le guardo mucho cariño.

P: ¿Mantienes relación con el resto del grupo?

R: Sí, con Damien, que tocaba la batería. De hecho, se ha venido a grabarla para este disco. También con el guitarrista que se marchó a Nueva Zelanda. Con los demás, esporádicamente. Es normal al no vivir ya en la misma ciudad.

Foto: Cristina Molino
Foto: Cristina Molino

P: Imagina que tuvieras una máquina del tiempo y presupuesto ilimitado. Móntate una banda.

R: Janis Joplin a la voz. A la batería, me gusta el de Dave Matthews. Buff, me cuesta, ¿eh? ¿Sabes lo que pasa? Tampoco soy muy entendido de nombres ni me fijo en muchos músicos en particular… a veces me gusta el sonido que se consigue en una producción, los arreglos de guitarra… esos músicos de estudio. En Nashville estuve en un museo donde veías, por ejemplo, que los músicos de sesión que grabaron con Beach Boys eran los más punteros del momento. De ahí me vino la idea para esta disco, al no tener ya banda, contar con músicos de sesión. A medida que íbamos añadiendo capas, con los arreglos de guitarra, por ejemplo, se impregna del estilo de Amable, y eso también es muy bonito, que haya ese tipo de colaboración, de gente que no conoce tu estilo pero aporta su talento.

P: ¿Dónde te ves dentro de diez años?

R: Me gustaría seguir escribiendo lo que quiero, poder mostrárselo a la gente, seguir en la música…

P: ¿Se puede vivir de la música?

R: Sí, pero es complicado. Y va a ser más complicado aún, vivir de la venta de discos, como era el modelo de industria que había antes, ya no volverá. O sea, sí se puede vivir de la música, pero ya no como esas grandes leyendas de los sesenta y setenta, Bowie, Hendrix… Además, incluso los artistas que pudieran estar a ese nivel hoy, duran dos o tres años, no mucho más. La forma en la que se consume la música impide que puedan crearse nuevas leyendas, por eso no hay renovación, se nos mueren los mitos, Bowie, Lemmy, Frey… La propia industria no apuesta por ellos, no permite ese desarrollo. Y por otro lado está el modo de consumo. Yo sigo comprando música todos los meses, vinilos sobre todo. ¿Y las nuevas generaciones? No están acostumbradas a comprar ni vinilos, ni cedés. Creo que todavía no se ha dado con la clave para un nuevo modelo.

P: ¿Cómo vives los momentos previos a un concierto?

R: Fatal, estoy de los nervios (risas). Intento estar tranquilo la media hora antes, solo en el camerino, cuando lo hay. Hay gente que se toma un chupito, una cerveza… yo no puedo (risas). Pienso en lo que voy a decir en escena pero, claro, luego, con la emoción, digo lo que me sale (risas)…

P: ¿Has pensado ya en la actuación del 25 de febrero, la presentación del disco en El Sótano?

R: De momento estamos cerrando el set list, me gustaría tocar Trails entero, contar la historia de principio a fin, y luego tocar temas del anterior. Estamos organizando también el escenario, porque vamos a ser ocho o nueve ahí arriba, ¡no sé si vamos a caber! (risas) Pero va a estar muy bien, sin duda.

P: ¿Qué sientes antes del concierto?

R: Muchas ganas, estoy deseando que llegue ya. Me apetece celebrarlo por todo lo alto.

 

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