Dalí, Lorca y su experiencia en la Residencia de Estudiantes

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Una exposición organizada por Caixaforum incide en la influencia que la Residencia de Estudiantes ejerció en la relación de amistad y en los trabajos de Dalí y de Lorca.

La Obra Social de la Caixa presenta en su sede madrileña una exquisita exposición sobre dos de las figuras más destacadas de la cultura española en el siglo XX.La muestra incluye innumerables dibujos, cartas originales, libros y pinturas que ponen de manifiesto la estrecha amistad que unió a Lorca y Dalí. Así como una generosa variedad de elementos que los vinculan a ambos con las distintas tendencias y vanguardias de la época con obras de Cezanne, Miró o Le Corbusier.

Dalí y Lorca se conocen en la Residencia en 1923, y mantendrán una relación especialmente intensa hasta 1929, cuando el pintor se muda a París y el poeta viaja a Nueva York. Los jóvenes estudiantes comparten mucho tiempo durante esa etapa. Hasta el punto que Lorca pasa varios periodos vacacionales en la residencia familiar de Dalí en Cadaqués (Cataluña).

Desde su fundación en 1910, afloran en la Residencia de Estudiantes distintas propensiones artísticas, y algunas de ellas pronto interesan a uno y otro. Dalí desarrolla un particular interés, y defiende la representación de elementos poco convencionales en su obra hasta ese momento: animales podridos, torsos mutilados o enjambres de moscas. Lorca definiría en 1928 cómo Estética Fisiológica esa faceta maligna, bestial en la que su amigo profundizaba por aquel entonces.

La correspondencia entre los jóvenes es constante. Dalí escribe a Lorca en febrero de 1926: “Queridísimo Federico, recibidas tus dos cartas, que como siempre harto me alegran, comprendo que no te gustase nuestra carta escrita en plena borrachera…”. Pero con el paso de unos meses, a la postre vitales en su relación, la admiración mutua se desvanece progresivamente dando lugar a diferencias finalmente irreconciliables. Las posibilidades de un recíproco enriquecimiento se agotan, y sus cartas revelan un distanciamiento conceptual primero, y personal después. Escribe el catalán a su amigo en julio de 1927: “Querido Federico, acabo de recibir tu concisa carta… Cómo no vengas enseguida me marcharé sólo. No puedo esperar más de tres o cuatro días y calcula lo triste que sería que nos fuésemos cada uno por su lado pudiendo ir juntos”. Y ya desde París en febrero del año siguiente: “Querido Federico, ¡Qué vergüenza el dejar que nuestra amistad se apolille por completo! En parte es tuya la culpa porque he visto que no tienes interés en saber de mí… Cómo arma defensiva te envío ese “nuevísimo” retrato…”.

El muestrario confirma la evolución de ambos artistas hacia parajes muy distantes. El lirismo expresivo lorquiano voluble, pero carente de excesos gratuitos, frente a la ironía voraz de un Dalí cada vez más experimental, cansado de lo profundo y trascendente. La poesía del granadino, según el pintor está “ligada de pies y brazos a la poesía vieja, convencional similar a la de aquellos que Dalí tilda de “perros putrefactos”.” Tú, sugiere el pintor a su amigo, eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo”, pero ya era tarde, los tiempos en Cadaqués ya no volverían.

Fuente de las imágenes:
Revista de Arte.com (http://www.revistadearte.com/2010/09/22/dali-lorca-y-la-residencia-de-estudiantes/)
Arte spain.com (http://www.artespain.com/29-10-2007/noticias/%C2%BFdali-y-garcia-lorca-enamorados-una-pelicula-hablara-de-esa-relacion)

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