Culto al cuerpo, alimentación y márketing

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De la barrita energética a la ortorexia.

La alimentación equilibrada y sana es abordada e integrada cada vez más por las empresas de alimentación como lo ponen de manifiesto las sucesivas mejoras en la leche con calcio y vitaminas, así como en los zumos, batidos, cereales, agua…

Y es que el más alto valor añadido que refuerza ese compromiso de calidad para empresas como el Grupo Leche Pascual reside en el gran paso que ha dado  en los últimos años yendo más allá de la alimentación para situarse al frente de un emergente sector cuya particularidad primordial es la aportación de valores nutricionales específicos para personas con necesidades como es el caso de las mujeres embarazadas, deportistas, niños, adolescentes, mayores… y también personas con determinadas intolerancias a algunos componentes habituales en los alimentos, como los llamados “bajos en azúcar” para diabéticos, la leche con calcio o con flúor…

En este sentido la trayectoria de la empresa ya permitía vislumbrar ese tránsito de la alimentación a la nutrición con diversos proyectos como el famoso “Vive Sano” para procurar buenos hábitos de alimentación en el futuro mediante el diseño de un programa educativo dirigido a los jóvenes en los colegios, donde se entregaban gratuitamente briks de leche y se realizaban actividades lúdicas y pedagógicas a modo de conversaciones, juegos y entretenimiento.

En los últimos 10 años se viene desatando una emergente y creciente tendencia entre los consumidores que destaca por la preocupación por el culto al cuerpo, las mejoras en la calidad de vida, algo que muchas empresas como Pascual o Danone han captado de forma eficiente vía especialización de productos perfectamente en consonancia con estas inquietudes, en la mayoría de los casos infundadas con un marketing, cuya metodología permite cada vez más mediante, Internet y estudios de mercado, localizar con más exactitud no sólo potenciales consumidores, sino también anticiparse a sus expectativas de cara a  aspectos específicos del producto, tales como el envase, tamaño, ventaja diferencial, aportación de nutrientes…

Esta tendencia que en un principio se contemplaba como un tanto exótica, se encuentra actualmente a la orden del día con un bombardeo publicitario constante de batidos, yogures, zumos, aguas, barritas energéticas… donde se nos intenta persuadir con argumentos aparentemente científicos de que su alto coste merece la pena para que estemos más sanos.  Es preocupante pensar que mucha gente, en su intención de llevar una vida más sana, de decante ciegamente por estos productos y a ellos dedique su dinero, cuando, en realidad ningún zumo de esos va a ser más saludable que la fruta, de igual forma que tampoco se encuentra la solución en alimentos dietéticos para adelgazar, sino en el ejercicio físico. Y es que el exceso de información e intereses publicitarios llegan a distorsionar aspectos tan simples de la vida común como que para lograr algo, por ejemplo llevar una vida saludable, se requiere  por supuesto, esfuerzo.

La fijación por la imagen corporal, en una sociedad en la que el aspecto se ha convertido en sinónimo de éxito, puede llevarnos a desarrollar este tipo de trastornos, a los que los adolescentes, por no tener todavía una personalidad formada, son especialmente proclives, enfrentados cada día a los modelos de perfección que constantemente nos presentan la publicidad y los medios de comunicación.

El problema con la comida no radica ya en su cantidad, como sucede en los casos de anorexia y bulimia, sino en su calidad. Los ortoréxicos se preocupan en exceso por ingerir alimentos sanos, de origen biológico, carentes de grasa, y libres de componentes transgénicos o de sustancias artificiales como pesticidas o herbicidas, llegando a no comer si no tienen la certeza de que el alimento que van a ingerir reúne todos esos requisitos. Los productos de origen animal también suelen estar excluidos de la dieta.

Ni que decir tiene que los medios de comunicación a través del cine, televisión y publicidad fomentan sobremanera todo esto…

Entre los dos extremos que serían el ser un asiduo al  “Big Mac XXL Extreme”  o pasarse 5 horas diarias haciendo pesas en un gimnasio delante de un espejo rodeado de pósters de tíos cachas, hay varios grados de llevar una vida saludable, pero no creo que ninguno de ellos se sustente tampoco en comprar Bifidus, Activia…

Fotografía:
http://revista.consumer.es/web/es/20011201/actualidad/informe1/

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