Cuestión de azar

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Una última oportunidad de ser agraciado. ACDC ha anunciado un nuevo concierto en España. Será en Bilbao, el 4 de abril, como cierre de la “Black Ice World Tour” en nuestro país. Está vez Ticktackticket y los cajeros BBK serán los encargados de repartir la suerte, ajena anteriormente a muchos de sus más fervientes fans, que vieron como la posibilidad de ver a uno de los grupos de rock más grandes de la historia en Madrid o Barcelona se convertía en una efímera ilusión.
El pasado martes 21 de octubre, Servicaixa puso a la venta a través de cajeros, Internet, El Corte Inglés y Halcón Viajes 20.000 entradas para ambos conciertos. 8.500 correspondían al directo de Madrid, que tendrá lugar en el Palacio de Deportes de la Comunidad, con una capacidad que duplica dicha cifra. ¿Dónde quedaron el resto de entradas? No es muy difícil adivinarlo si uno se da un paseo por la red.

Http://www.worldticketshop.com y  http://www.globalticketservice.com  ofrecen, aún hoy, entradas para Madrid y Barcelona. Servicaixa sólo vendía dos por persona, pero aquí uno puede llegar a reservar hasta 50 e incluso puede decidir hacer turismo y viajar a París, Milán o Londrés, a escuchar como suena la guitarra de Angus Young en el O2 Arena. Porque estas páginas pertenecen a otro mundo, un mundo paralelo en el que los sueños no son efímeros, en el que las entradas nunca se agotan y en el que ese capitalismo que ahora hay que reinventar disfraza la tan mal vista reventa bajo el bonito nombre de empresas privadas que operan libremente por todo el mundo.

Lástima que ese fantástico mundo esté un poco lejos, a unos 350 euros por entrada. Los ricos no necesitan la lotería, pero parece que siempre tienen suerte. Por eso ellos podrán ir a ver a AC DC, y por eso pueden reservar ya entradas para el Real Madrid- Atlético de Madrid del próximo marzo, mientras otros desconsolados no han podido gastarse sus 61 euros  ahorrados para esta ocasión – cifra desorbitada que ya no sorprende a nadie en un concierto de estas características.

Pero no todo son desgracias y como ese mundo queda tan lejano y los telediarios deben vestirse de forma más colorida, será mejor relatar esa bonita historia de unos pocos afortunados que lograron sus entradas a pesar de todas las adversidades. Este relato no comienza la noche anterior, con unos jóvenes o no tan jóvenes apostados frente a la entrada con la tienda de campaña acompañados de cerveza, música y cartas. Estamos en el siglo XXI, y esa justicia de “quien llega antes, la consigue” ha pasado a mejor vida. Sí, quizá hubiera sido una historia más romántica pero carecería de la épica que el azar impone.

Este cuento nace un poco antes de las 10.00 horas de ese martes 21 de octubre de 2008 y narra las hazañas de unos héroes que lograron evadir su puesto de trabajo- o sus estudios- en día laborable. Las aventuras de unos inconscientes que hacían cola en algún Corte Inglés o Halcón Viajes de este país, a la espera que abrieran sus puertas. Y las desgracias, porque todo buen relato debe tenerlas, de otros que- por obligación o por fe- confiaron en las nuevas tecnologías de este país.

Estocolmo, entradas agotadas en diez minutos. Dublín, en tres. Quien no lo supiera de antemano ya ha tenido tiempo de enterarse en la cola que espera en los grandes almacenes de La Castellana. ¿Cómo es eso posible? A través de Internet. ¿Por qué están aquí, entonces, pasando frío? Son héroes, son previsores, sus amigos guardan tras la red al acecho de las primeras entradas. La hora se cumple, la incertidumbre se apodera del lugar. Los móviles suenan. Internet no va. La página de Servicaixa está colapsada, la del Corte Inglés y la de Gamerco- promotor del concierto- también.  ¿Los de los cajeros las están consiguiendo? Unos aseguran que sí, otros están seguros de que es imposible. Por fin el Corte Inglés abre las puertas, pasan los minutos, 2 personas salen, enseñan sus entradas, se lo merecen, eran los primeros. Pasan los siguientes, sorpresa. Se han agotado. ¿Cómo es posible? Tranquilos, quedan para Barcelona. Bueno, tenemos dinero para un viajecito. La cola se desespera, se enfurece tímidamente y los que no desean un viajecito desaparecen con la esperanza de que sus conocidos hayan triunfado a través de métodos más modernos.  5 minutos más tarde tampoco quedan para Barcelona. Pocos afortunados. Muchos cabreados. ¿Se han agotado todas o sólo las del Corte Inglés? Los dependientes no saben, no contestan. La esperanza sigue en el ambiente, pero se hace cada vez más pequeñita. Internet sigue sin funcionar, ¿cómo cojones se van a agotar las entradas?

Los héroes galopan rápidamente hasta los cajeros de La Caixa. Lástima que algunos jefes no hayan dejado a sus empleados convertirse en héroes. Lástima que algunos empleados siguieran confiando en la red, como si viviésemos en Estocolmo, Dublín o París.

Esto es Madrid, España. Y ha pasado una hora. Algunos jóvenes aguardan en un cajero cercano a La Castellana. Qué suerte, pueden faltar a clase. Qué desgracia, quizá ellos no tengan nunca la oportunidad de escuchar You shook me all night long en directo. Internet sigue colapsado y la esperanza vuelve. Quedan entradas, hace diez minutos le salieron a un afortunado. Es lógico, si todo estaba colapsado deben quedar… ¿Por qué respiran aliviados? Hay que seguir intentándolo. Espíritu de solidaridad, los jóvenes se van turnando, ¿quien será el rey Arturo de entre todo ellos? Nadie, él lo consiguió a la primera, esto tiene más merito, una y otra vez metiendo la tarjeta de crédito, una y otra vez el servicio colapsado. Pero esto, al fin y al cabo, era una historia bonita, un relato para sonreír entre tragedia y tragedia.  Y por eso finalmente salieron las entradas. Y el afortunado se fue. Y deseó suerte a los que se quedaron con la esperanza de llegar a ser héroes, aunque sabía que lo tendrían muy difícil y que, en cualquier caso, nunca sabría su destino. Las caras anónimas de disuelven en el tiempo, aunque durante unos instantes hayan compartido el mismo sueño.

Igual que en La Castellana, en todo Madrid y en toda España hubo esperanza tras los cajeros, las pantallas de ordenador y las puertas de grandes almacenes y agencias de viajes. Pero también hubo desilusión. Y mucha. Esa mañana miles de aficionados españoles supieron que no verían a AC DC en su próxima gira y desearon ser irlandeses, suecos o italianos. Porque en Milán la red sí funciona y te ponen en una lista de espera con un número, cual carnicería de toda la vida, y puedes ver como ese numero baja hasta que te toca. Y porque en Milán no están los empleados de El Corte Inglés, que aprovechan para apoderarse de entradas antes que el resto, ni se guardan otras para vender en paquetes con hotel incluido. Ya tienen suficiente con esas empresas de otro mundo. Un mal de todos, que parece no importarle a nadie. Quizá porque habrá una nueva oportunidad con destino Bilbao, o porque a lo mejor volverán en verano al aire libre pero, en cualquier caso, los villanos seguirán actuando. Y se harán más ricos aún, a costa de la ilusión de otros.

Fuentes de las imágenes:
Google

3 Comentarios

  1. I was caught
    In the middle of a railroad track (Thunder)
    I looked ‘round,
    And I knew there was no turning back (Thunder)
    My mind raced
    And I thought what could I do? (Thunder)
    And I knew
    There was no help, no help from you (Thunder)
    Sound of the drums
    Beatin’ in my heart
    The thunder of guns!
    Tore me apart
    You’ve been – thunderstruck.

    Una pena, la verdad. Me pasé todo el día colgado en Internet haciendo el imbécil y luego se me quedó cara de idem.

    Menos mal que me queda el Ipod y mi onanista imaginación que si no…

  2. Me siento muy identificado con lo que cuentas Carlos. No para un concierto,sino para un partido de fútbol muy reciente, he vivido algo parecido: no se sacan entradas a la venta pero todo el que va al partido es por “chanchullos”. Te deseo suerte,a ver si para Bilbao es posible

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