Cuento del alba

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En el vaivén de la vida
camina un ciego peregrino,
es aquel que se guía por el sonido de la noche,
es aquel que se guía por el vacío de la nada.
Mi peregrino camina sin rumbo,
capa negra, hombre oscuro,
mirada perdida
imaginando las copas de los pinares,
es aquel que no se engaña por perjuicios conocidos,
es aquel que no siente más allá de sus cuatro sentidos.

Hay estrellas caprichosas
que se niegan a guiarle,
indiferentes lo acorralan
y la oscuridad le envuelve.

Es aquel hombre que no encuentra su camino,
es aquel hombre que se hizo esclavo del olvido.

Llega a un claro del tupido bosque,
las ramas ya no oscurecen su recuerdo:
suspira por aquella época en la que no existía el dolor
y que, por desgracia, no ha vuelto.

Mil imágenes cruzan su cabeza
y, por si duelen, las deja escapar,
su llanto es la melodía de la noche,
quizá el sonido confuso que a alguien podría guiar.

Sí, es a ella,
es esa joven niña pagana,
espíritu libre con jaleadas faldas,
que siempre con una vela de esperanza
huye de la tenebrosidad.

Ella le vio y le dijo:
“depende de ti cabalgar a ciegas,
depende de ti dejarlo pasar.
No eres un peregrino, eres un caballero,
toma mi capa de cristal,
únete pronto a mi lamento:
juntos
podemos escapar”.

Cuando sus sonidos rompen el silencio,
una tenue luz ilumina el camino
y, entre paso y paso,
se esclarece el destino.

Ella le dio la luz,
él a ella la esperanza,
se fundieron en un destello
y, para ellos,
ese fue el comienzo del alba.

Fuentes de las imágenes:
IMAGEN 1. Peregrino (http://www.wutan.net/taichi/images/stories/peregrino.jpg)
IMAGEN 2. El beso_Rodin (
http://ekolojikyemek.com/ekolojikyasamportali/ekogaleri/upload/ekosanat/heykel/kiss_rodin.jpg)

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