Cuba: 50 años de revolución contra el imperialismo

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A tan solo ciento ochenta kilómetros de EEUU se sitúa la República Socialista de Cuba. La historia de Cuba tal y como hoy la conocemos, nació a mediados de siglo, en un contexto marcado por la dictadura de Fulgencio Batista. La sociedad cubana prerrevoluconaria se caracterizaba por tener una cultura machista, donde la comunidad negra vivía sumida en una extrema pobreza y en una situación de esclavitud; donde el analfabetismo funcional alcanzaba el 60% de la población y la esperanza de vida no llegaba a los 50 años. Con el apoyo de norteamérica, Cuba se había convertido en un paraíso para la corrupción, el tráfico de drogas y la prostitución. La asistencia sanitaria caía en manos de mutualidades privadas y cubría casi exclusivamente las zonas urbanas. Primero el Movimiento 26 de Julio de 1953 en Moncada y más tarde el desembarco del yate Granma en 1956 encabezados ambos por Fidel Castro, posicionaron al pueblo a favor de la Revolución.

Es difícil pensar en Cuba y no imaginarse un país peculiar, diferente, con un sabor dulce y una sonrisa en los labios de sus gentes que contagia, con una cultura autóctona que embriaga y una fuerte personalidad como nación que cautiva. Con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, se escribía una de las páginas más importantes de la Historia; era necesario cambiar todo aquello que debiera ser cambiado, alcanzar la libertad y la igualdad plenas, tratar a las personas como seres humanos, perseguir unas ideas hasta las últimas consecuencias, conseguir la emancipación de un pueblo a través del esfuerzo y el trabajo común; luchar por valores como la solidaridad, el altruismo, la modestia, el desinterés. Si por algo se caracteriza el pueblo cubano, cuya voz está representada por Fidel, es por tener la “profunda convicción de que no existe fuerza en el mundo capaz de acabar con la verdad y las ideas”. En pro de esa afirmación comenzó en Cuba un proceso de nacionalización de los recursos que afectó a los sectores privados norteamericanos asentados en la isla y tras la Ley de Reforma Agraria y el posicionamiento pro-soviético del Gobierno, EEUU impuso en 1960 un embargo económico, comercial y financiero sobre Cuba que llega hasta nuestros días y que se conoce como el bloqueo. Dos recursos fundamentales para la isla; la exportación de azúcar y el suministro de petróleo, fueron restringidos desde el principio. Los diferentes presidentes norteamericanos establecieron medidas que ampliaron el embargo hasta llegar al Acta Helms-Burton de 1996, por la que las filiales norteamericanas en terceros países no podían establecer ningún tipo de relación comercial con Cuba y se podían aplicar sanciones a las compañías no-estadounidenses que comerciaran con la isla, lo que obligaría a las multinacionales a escoger entre Cuba y Estados Unidos (difícil decisión para las potencias capitalistas ¿verdad? ).

En estas circunstancias, la Revolución Socialista sigue luchando por su pueblo, convencido de que el orden actual es insostenible y necesita un cambio. Lo que se pretende desde el “Imperio” es extender una monocultura, destruir la identidad de las culturas. “Es imposible establecer un orden mundial basado en la fuerza, de este modo el mundo se hará ingobernable”. En palabras de Fidel y con el recuerdo siempre presente de las ideas del Ché Guevara, “hay que acabar con la corrupción, los abusos y la represión; conductas propias del colonialismo”. “La solución al problema no es militar” y a diferencia de lo que se pueda pensar, “el pueblo americano es fundamental para organizar un cambio más humano”. En esta línea, es un error por parte de las potencias Occidentales – para el líder cubano- seguir despilfarrando los recursos y destruyendo la naturaleza.

Los tres sectores que requerían un profundo desarrollo para el nuevo sistema socialista, eran la cultura, la educación y la sanidad. Siguiendo la célebre frase del también revolucionario cubano José Martí, “un pueblo culto es un pueblo libre”, se llevó a cabo una campaña de alfabetización que hoy en día coloca a Cuba como la nación latinoamericana más desarrollada en esta materia con un 97% de alfabetizados. La isla dispone a su vez, de un sistema educativo gratuito y con una elevada cobertura nacional; el número de universitarios alcanza los 800.000 ( por los escasos 30.000 en la etapa prerrevolucionaria). Cuba ocupa hoy el primer lugar en el mundo, por delante de países desarrollados, en varios índices relacionados con la educación, como son, por ejemplo, el número de docentes per cápita, el número de alumnos por aula y los conocimientos de Lenguaje y Matemáticas de los niños de Primaria. En cuanto al sistema sanitario, también gratuito, es uno de los más avanzados del mundo. Hoy se puede afirmar, como así lo constatan diversos organismos internacionales dependientes de Naciones Unidas, que la atención médica en Cuba no es superada en ningún país de Latinoamérica, e incluso en los EEUU.

La tasa de mortalidad infantil se sitúa en un 5,8 por mil nacimientos y la esperanza de vida para los cubanos alcanza los 77 años (en ambos datos lidera en Latinoamérica).
En cuanto al criticado tema de las libertades en Cuba, debemos observar las raíces que mueven a la cultura Occidental capitalista, a mirar con temor y recelo la democracia popular existente en la isla. El sistema liberal exportado de norteamérica, con un modelo democrático insuperable, donde las libertades y las oportunidades son posibles e innatas para el individuo, supone un falso escaparate para los países en vías de desarrollo, donde muchos de sus habitantes sueñan con alcanzar ese nivel material, ese desarrollo tecnológico que hace del occidental, la persona más feliz y avanzada de la tierra. Nada más lejos de la realidad; se trata de un espejo desvirtuado en el que las carencias afectivas y el desarrollo humano de la persona se va perdiendo. Vivimos en un sistema impuesto, en el que los ciudadanos de a pie no tenemos nada que decidir; nadie nos pregunta si queremos monarquías, si estamos de acuerdo con la economía de mercado, a nadie se le explica porqué se disparan los precios en detrimento de su salario, por qué tenemos que resignarnos a un bipartidismo injusto e ineficaz, por qué no tenemos acceso los jóvenes a una vivienda digna. ¿Acaso alguien nos pregunta sobre lo que queremos para nuestro futuro? No tenemos la posibilidad de cambiar nada y sin embargo, vivimos en la opulencia, el materialismo, el gasto desenfrenado… ¡terrible paradoja! La realidad política de Occidente es que los ciudadanos han perdido el interés, se dejan llevar por la corriente ya que no existen alternativas reales de cambiar la situación. La abstención crece de forma imparable.

Muchos piensan que en Cuba hay una represiva dictadura, en la que el pueblo no puede decidir. Podrían fijarse en la situación de aislamiento del país, del terrible bloqueo al que se ve sometido que dificulta el desarrollo tecnológico de la isla. En Cuba existe una Asamblea Nacional del Poder Popular donde se eligen ciudadanos a través del voto libre, igual y secreto. Todos los ciudadanos cubanos tienen el derecho a elegir y ser elegidos. Como no hay lista de partidos, se vota directamente por el candidato que se desee. No existen las campañas electorales donde se engañe, manipule y despilfarre el dinero. Los ciudadanos elegidos, por cada 20.000 habitantes, son estudiantes, albañiles, carpinteros, intelectuales, abogados, médicos, etc. Pueden ser revocados en cualquier momento y son elegidos para un mandato de cinco años. Los miembros del Partido Comunista, el garante de la Revolución y fuerza que une a los trabajadores en la lucha por la igualdad y la libertad frente al Imperialismo, no pueden ser elegidos para la Asamblea. Las leyes se someten al voto mayoritario de los Diputados.  Para asuntos de gran relevancia no solo se somete a discusión en el Parlamento,  sino que se traslada a centros laborales, estudiantiles y campesinos, haciéndose realidad la democracia directa y representativa.

Resulta de gran complejidad elaborar una síntesis de los cincuenta años de Socialismo en Cuba; es cierto que es un proceso con errores y dificultades y en el que no tienen cabida oposiciones cercanas a los planteamientos yanquis (de nuevo haré mención al contexto histórico y a la situación de amenaza constante y bloqueo). Sin embargo, no me negarán el reconocimiento a una nación que supo plantarle cara a la mayor potencia del mundo, a través de la unidad de un pueblo avanzado, con un desarrollo sostenible y una de las vanguardias culturales que pasará a la Historia por llevar a cabo sus ideas. Cuba: una pequeña isla, una gran Revolución.

Fuentes texto:
www.cubanet.org
www.granma.cu
www.rebelion.org
es.wikipedia.org
Fuentes imágenes:
es.wikipedia.org
www.museosdemexico.org

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