Cuando la Técnica se convierte en el propio Arte

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La Fundación Mapfre de Madrid presenta, en su tónica de grandes exposiciones, una muestra dedicada al Neoimpresionismo, movimiento que influirá más tarde en numerosos artistas. ‘El Neoimpresionismo. La eclosión de la modernidad’ está organizada en colaboración con el archiconocido Museo d’Orsay de París y cuenta con importantes préstamos de las más prestigiosas colecciones particulares y de museos internacionales, como  el Brücke Museum de Berlín, el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid y el Petit Palais de Ginebra. Con unos ochenta óleos y comisariada por Serge Lemoine y Josep Casamartina i Parassols, la exposición permite una revisión a fondo del movimiento por medio de la obras de sus principales representantes europeos, hasta el 10 de junio.

El Neoimpresionismo es un movimiento nacido de la preocupación científica de un grupo de artistas por controlar las propiedades físicas del color y el espacio. El crítico Félix Fénéon  fue el primero que empleó el término “neo-impresionista” en 1886 con respecto a las obras expuestas en el Salón de los Independientes. Su principal precursor fue Georges Seurat, que se propone que establecer un sistema racional para conseguir el tipo de efectos vibrantes de color que los impresionistas habían alcanzado de manera instintiva. Para ello sitúa sobre el lienzo pequeños toques de color sin mezclar unos con otros, lo que produce un efecto de vibración y luminosidad mayor al que proporcionan los colores cuando son mezclados en la paleta. A la muerte de éste, el liderazgo del grupo es tomado por uno de sus discípulos: Paul Signac. Éste con el tiempo, va apartándose de la precisión científica en busca de un estilo más libre y espontáneo. Obras de Camille Pisarro, Henri-Edmond Cross, Maximilien Luce, Henry Van de Velde, Theo Van Rysselberghe, Jan Toorop o Darío de Regoyos pueden contemplarse en la muestra.

El recorrido por la exposición ha seguido una serie de criterios estéticos y lenguajes técnicos, rompiendo las fronteras geográficas de las diferentes nacionalidades de los artistas. De esta forma, el espacio plano inaugura un itinerario que discurre entre el ritmo (un mismo motivo que se retoma regularmente para animar una composición), la geometría (la estructuración geométrica del espacio), la luz (efecto reflejado por medio de puntos que provocan en el ojo del espectador la sensación luminosa), o el color.

Sin duda alguna, lo mejor de la muestra se centra en el final. Aquí puede observarse la influencia de los neoimpresionistas en otros movimientos artísticos a través de nombres como  Kandinsky, Gino Severino, Luigi Russolo, Paul Klee, Picasso o la artista contemporánea Bridget Riley. El lado más negativo de la exposición son esos cristales, horriblemente seleccionados, que protegen la obra de arte pero no permiten apreciar sus matices más brillantes por el reflejo que se produce. Podrían haberse escogido cristales antirreflectantes o cuidar la luz para evitar este tipo de efectos.

Fuentes de las fotografías:
www.masdearte.com

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