Cuando la electrónica se volvió espiritual

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La música electrónica no siempre ha sido espiritual, ni siquiera cuando era sólo un desmadre que se iba más allá de la psicodelia. La experimentación casi robótica de Kraftwerk, el acid house de los 80 presente en 808 State o los ritmos dance de Aphex Twin han alimentado la cultura del sintetizador de los 90, intensa, contundente y refrescante.

Es una fuente basada en el juego de los ritmos, las líneas melódicas y la integración de sonidos. No obstante, esto no quiere decir que sólo hubiera una corriente que se impusiera a todas las demás. Todavía hoy podemos decir que no hay un estilo muy definido en torno a lo que significa la música electrónica.

Fueron las diferentes interpretaciones musicales las que han alimentado a grupos que han sabido dar un paso más adelante. Cut Copy, Delorean o los propios Animal Collective han sabido interpretar las claves de la auténtica programación musical, convirtiéndose en verdaderos ingenieros de la música. Cada uno a su manera, han dado una vuelta a un género que parece tan inagotable como inclasificable. Y eso que son grupos que tan sólo tienen en común el uso del sampler y el sintetizador.

La aportación de Animal Collective pasaba por revolucionar el campo de la estructura tradicional de la música. Eso ya se llevó a cabo mucho antes que ellos, por estudiosos minoritarios de escuelas de música electrónica como la WDR de Colonia, fundada allá por los 40; pero nunca se había popularizado de forma que sacara la cabeza de la experimentación. El resultado fue una verdadera bocanada de aire. El ejemplo más claro es el de su Merriweather post pavilion, fiel a las bases puramente electrónicas, añadiendo diferentes influencias de otros géneros de música. El sonido Animal Collective comenzó a desdibujarse en la reiteración de líneas melódicas más allá de una estructura clara. Más allá del ritmo, más allá de la letra, surgía una esencia espiritual difícil de encontrar en un campo tan apático como el de la electrónica.

Es ese espiritualismo rejuvenecido el que ha ocupado también gran parte de la escena musical actual. Sin ir más lejos, grupos como Deerhunter Beach House ocuparon la parte más alta de las listas de los mejores discos del año pasado con propuestas de una espiritualidad casi religiosa. Esto es más claro en el caso de Deerhunter, cuyo último single “Helicopter” parece casi un rezo que comienza con las palabras “take my hand and pray with me”. Es difícil saber dónde comienza la aportación de Animal Collective y cuáles son sus influencias en la música actual, lo cierto es que hay una corriente espiritualista a la que es difícil ser indiferente.

Por su parte, Panda Bear, el proyecto en solitario de Noah Benjamin Lennox, uno de los fundadores de Animal Collective y representante de su verdadera esencia, lanzó un proyecto en solitario en el que se hacía más evidente este salto hacia algo más allá de la electrónica. Un salto que ha llegado al extremo en su último disco: Tomboy, y que puede llegar a dar dolor de cabeza si lo escuchas de una vez por lo abstracto y desfigurado de su música. Con unos discos previos como el de Younger prayer, en el que hizo toda una declaración de intenciones, y Person pitch, donde consolidó su estilo y definió lo indefinible, su último y cuarto trabajo reafirma al de Baltimore como un referente de la música electrónica actual. Solo o acompañado.

Cuando el 5 de diciembre Panda Bear estrenó algunas de las canciones de su último disco en un show de los californianos No Age, no fue por casualidad. No en vano, Tomboy es un trabajo de electrónica de garage con vistas al cielo y Everything in between una música garage con una ventanilla abierta a la electrónica de detalles y ruidos ambientales. La canción con la que comienza el disco, “You can count on me”, es una especie de oda platónica a la amistad. Lenta y pausadamente envuelve al que la escucha con esa espiritualidad que no va a abandonar ni un segundo del disco. Tal vez, en ese sentido, se agradece especialmente la aportación refrescante de una genial “Surfer’s hymn”, donde el artista estadounidense no abandona lo grandilocuente de su discurso, pero sí introduce al suave compás de las olas un ritmo diferente, una dinámica superior dentro de la aplastante monotemática. La espiritualidad llega a su máxima expresión en la canción que da nombre al disco: “Tomboy”, y en la genial “Last night at the Jetty”, en la que el sonido de la música y la voz melancólica y dulce de Lennox parece que se convierten en uno solo definitivamente.

Se trata de un disco excelente, en el que se echa bastante en falta algo que no forme parte de una linealidad tan marcada. Por esta razón hay excelentes temas que se pueden perder en el abismo enmarañado de un disco como el de este Tomboy de Panda Bear.

Valoración: 8/10.
Título: Tomboy.
Género: Electrónica / Pop psicodélico/ Experimental.
Discográfica: Paw Tracks Records.
Fecha de publicación: 12 de abril de 2011.

Imágen: Paw Tracks Records.

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