Cuando El Quijote despierta en una carpa de Circo

0
410

En la entrevista anterior a Fernando Zevallos, uno puede darse cuenta del trabajo que ha realizado La Tarumba. Un despliegue impecable de sus actores, que se irá puliendo conforme pasen los meses. Cuando regresa la próxima temporada.

Sin embargo, El Quijote no está solo: lo acompaña su fiel escudero, Sancho Panza y Dulcinea; papeles que recaen en Carlos Olivera y Soledad Ortiz de Zevallos. Estamos a punto de disfrutar de la segunda parte de esta función.

Entrevista a Carlos Olivera

Un nombre bastante común…

Sí, hombre. Cada vez que viajo, hay un traficante de armas que se llama Carlos Olivera. Tengo problemas en migraciones por ello, es una joda…

Lo que no ha sido común, es tu preparación para El Quijote. Cuéntame un poco al respecto.

He estado en La Tarumba desde los doce años. ¿Bastante, no? Entonces he estado en las últimas veinte presentaciones; desarrollando muchas técnicas de circo. En la actualidad, además, trabajo con artistas y entreno. Cada año, con Fernando, discutimos sobre qué realizaremos para la temporada; por lo que mi aprendizaje tiene muchas aristas por analizar.

El año pasado me comentó para estar en El Quijote, pero tenía yo un proyecto; así que acordamos en realizar la historia de Cervantes este año. Me parece maravilloso estar en ese espacio, que haya una relación quijotesca con Fernando. Cualquier personaje tiene una responsabilidad y, aunque no se parece físicamente a mí, espero (ríe), entonces me hizo mucha ilusión ir descubriendo a este personaje para adaptarlo a nuestra historia. La historia de La Tarumba, haciéndola “tarumba”, con nuestro sello y bandera peruana.

¿Qué es lo que hay de Carlos Olivera en el personaje de Sancho Panza?

Un poquito de la barriga, un poco de la relación con Fernando. Él es el soñador, que piensa en el vuelo y en la magia… y yo estoy detrás, acompañándolo; poniendo los pies sobre la tierra. Pero, efectivamente, asentando los sueños para que se puedan hacer a todos niveles, incluyendo el técnico. Sancho y Carlos tienen una relación con Quijote y Fernando, una amistad: de años de cuidado y de cariño.

¿Cuál crees que ha sido uno de tus mayores aprendizajes desde que estás en La Tarumba?

Primero comencé como alumno, después como asistente, luego como parte del elenco, profesor, encargado de la escuela y asistente de Fernando. Todo eso se fue dando con el tiempo. Me siento más grande, sin duda, y siento que he crecido en la medida que he ido afrontando con responsabilidad muchos retos. Cuando era más joven, mis prioridades eran hacer las cosas bien técnicamente, ser un buen artista.  Ahora, sobre todo, ser una buena persona. Tener la capacidad y ganas de querer aportar algo a las personas que van a ver El Quijote.

¿Cuál es tu impulso vital para seguir desarrollando tu carrera como artista?

Querer que en este país exista un espacio cultura más grande. Que exista la posibilidad de desarrollar el circo a otros niveles. Mi impulso es ver cómo se van desarrollando las técnicas, cómo crece la institución y, sobre todo, cómo va creciendo este espacio circense en el medio.

Sobre todo, dar a conocer al público, buenas presentaciones que tienen un trasfondo social y que tratan a los animales como parte del equipo, sin maltratarlos.

A veces me parece terrible el oportunismo que no sólo se da en el circo, sino que tiene que ver con la formación de las personas… de cualquier país. Existen quienes intentamos hacer un buen trabajo que eduque a las personas. Entonces, me parece terrible a nivel cultural que el oportunismo esté presente en algunos espectáculos que no brindan valor y que pueden perjudicar a otros espacios. Personalmente, siento que hacer negocio para generar dinero no es circo, sino que hay que realizar una búsqueda entre todos, un desarrollo, un aprendizaje.

Qué consejo darías a los jóvenes…

Simplemente que vivan como quieran, que se desarrollen a plenitud y que sean valientes a la hora de decidirse; así sea circo, sea teatro… que sea lo que sueñen. Eso me parece muy importante para ser feliz.

 

Entrevista a Soledad Ortiz de Zevallos

¿Es cierto que eres peruano-belga?

Así es. Me fui a estudiar después de haber estado varios años en La Tarumba. Estudié tres años en una escuela superior circense, terminé hace un año y regresé justo para El Quijote. El año que viene pienso quedarme para ver qué pasa allá, pero con la idea de regresar en un año. Siento que mi país es este y que hay mucho en qué trabajar.

¿Cuál es la diferencia entre Perú y Bélgica en cuanto a la concepción de circo?

La oferta cultural es variada, uno puede vivir del arte. Aquí hay poco, pero de calidad. En realidad, en los dos escenarios puedes encontrar de todo. Como cualquier técnica, va evolucionando y el circo en sí, en Europa, ha cambiado desde el momento en que han existido escuelas que forman a las personas de circo. Antes se transmitía todo el conocimiento generacionalmente. La apertura de las familias ha significado que ambas formas de trabajo logren unirse y mejoren: mesclando técnicas, consultando códigos de teatro, danza o la introducción de la música en las presentaciones. La diferencia es que la gente dedica más tiempo al arte en Bélgica. La idea es que tengamos una visión más amplia de lo que es el circo como arte; no solamente como técnica corporal, como deporte.

¿Cómo fue tu formación como actriz en La Tarumba?

Estar en La Tarumba era mi sueño de niña. Quería ser trapecista desde los cuatro años. Mi mamá me matriculó en los talleres de niños casi a los siete años, y así estuve cada sábado aprendiendo en las clases de circo y teatro. Cuando terminé el colegio ingresé a los talleres más profesionales, lo que me hizo entrenar con mayor consciencia de mis actos y de lo que quería hacer de mi vida hacia futuro.

Después, La Tarumba compró su carpa de circo en el 2003 y me llamaron para ser parte de uno de sus espectáculos. Luego vino una trapecista belga, me habló de su escuela y como tenía pasaporte belga, me fue más fácil pensar en ir allá. A los dieciocho años partí, postulé y a la segunda vez ingresé.

¿Fue difícil decidirte por el arte a tan temprana edad? ¿Cómo te veían tus compañeros de colegio?

Como un bicho raro. Era más una chica del elenco “tarumbero”. El colegio me gustaba, pero no tenía ninguna vida social. Recién me he enterado que había un almuerzo de ex alumnos y me siento un poco mal por no haber ido. En cuanto a las relaciones con mis compañeros, no tenía muchas. No tenía mucho tiempo de pasarla con ellos pues luego del colegio me iba a La Tarumba y, a veces, me quedaba ahí hasta las once de la noche.

A veces no te has preguntado: “¿cuál es mi lugar en la vida?” A veces no sentirse “parte de” algo o de un grupo social, hace que uno tenga un movimiento interior fuerte. ¿Cómo ha sido tu caso?

Sentía eso: que necesito mi arte. Siento que no puedo vivir sin él. Mis ganas de hacer circo empezaron desde chica. He conocido gente que empieza a los dieciocho o veintidós años, pero en mi caso, mi arte vino de manera natural. Es crear un universo, darle sentido a lo que haces así los demás te vean como “rara”. Lo he ido asimilando con el pasar del tiempo. Estar en el trapecio es algo que es imposible dejar. Así esté lesionada de la rodilla, puedo estar parada de manos, trabajando alguna parte de mi cuerpo. Siento que es una necesidad, casi vital… luego viene la parte de hacer una buena presentación al público. Nunca estoy tranquila cuando me subo al trapecio delante del público. Siempre pienso que me puedo caer, por más que haya aprendido a no hacerlo… algo puede salir mal ¿no? Cuando estoy en el trapecio me pregunto por qué hago esto. Al final de la función digo: “ya sé por qué”. No sé cómo explicártelo, es hermoso.

Lo bueno del trabajo en El Quijote es que no sólo se trabajan las destrezas corporales sino que hay un trabajo de actor importante. En las acrobacias proyectas a Dulcinea del Toboso…

Tuve que aprender quién era Dulcinea, cómo era como persona e incluso cómo la veía Quijote. Fernando me motivaba a hacer cada secuencia con una sensación en el cuerpo. Es difícil proyectar eso en la técnica del trapecio, pues este no va a parar y tienes que estar concentrada para poder hacer ambas cosas bien. No puedo parar, hablar y correr. El trapecio es difícil en su naturaleza. El público sólo puede mirarte. Lo que me motiva durante mi papel es original y conforme al personaje. Siento que trabajar en El Quijote es algo mágico.

Gracias por la entrevista. Felicitaciones por tu empeño y talento, que sirve de inspiración para muchos jóvenes.

Gracias a ti. Creo que tenemos que estar comprometidos con el público o la gente que nos ve; tenemos que entregar algo más que arte. Quizás sea vida. Ser consciente de nuestra época, de nuestro país. Esforzarse en salir adelante. El arte es todo el tiempo ir de un lado a otro y aprender.

Fuente de la imagen:
Periosía

Dejar respuesta