CSKA de Moscú y Olympiacos se citan en la final de la Euroliga

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El Barcelona Regal cayó en semifinales de la Final Four de la Euroliga ante el Olympiacos (68-64) y tendrá que consolarse con la lucha por el tercer y cuarto puesto ante otro conjunto heleno, el Panathinaikos, que fue derrotado por 66-64 en un partido muy complicado y en el que el principal favorito al título, el CSKA de Moscú, llegó a temer una prematura eliminación ante el conjunto de Zeljko Obradovic, maestro de la máxima competición continental.

Wallace se fajó, pero no fue suficiente para el Barcelona

Los pronósticos sirven de poco cuando se disputa una Final Four. El Panathinaikos llegaba como un convidado de piedra a la fiesta del CSKA, la mejor plantilla de Europa con diferencia, pero el nombre no consigue victorias de manera automática. Con Sarunas Jasikevicius y Dimitris Diamantidis al mando, el conjunto griego mantuvo vivas sus posibilidades de dar la gran campanada hasta los últimos segundos de partido, todo para desesperación de Jonas Kazlaukas, que nunca tuvo en sus planes un duelo tan complejo.

Aleks Maric y Mike Batiste tuvieron un gran protagonismo en el primer cuarto del Panathinaikos, en el que el parcial fue de 15-29, disparando todas las alarmas en el banquillo moscovita. Cuando los rusos consiguieron cerrar el interior, los triples con la firma de Saras siguieron aumentando las diferencias, mientras Andrei Kirilenko y Nenad Krstic aún no aparecían por el pabellón Sinan Erdem.

Tener un jugador de la calidad de Kirilenko garantiza que, más tarde o más temprano, acabará apareciendo su calidad ofensiva, y así ocurrió durante el segundo cuarto, en el que Panathinaikos descendió abruptamente su rendimiento anotador y el CSKA se puso a sólo dos puntos. 

La igualdad fue la tónica dominante en la segunda parte. Ningún equipo conseguía despegarse lo suficiente en el marcador como para vivir los últimos minutos con más tranquilidad. Era el momento de buscar las manos calientes, los jugadores que acusan menos la presión que el resto. Milos Teodosic, Alexey Shved y Kirilenko tomaron la responsabilidad para tranquilidad de Kazlaukas, mientras Kostas Kaimakoglou y Jasikevicius eran las principales referencias helenas. Con mucha intriga y un último balón para Diamantidis que ni siquiera llegó a buscar aro, terminó la primera semifinal. El pronóstico se cumplió, pero el guión fue radicalmente distinto al esperado.

El Barcelona Regal, inferior al Olympiacos

La segunda semifinal estuvo dominada casi en su totalidad por el Olympiacos, que apenas dejó que el Barcelona gozara de superioridad en el marcador durante los cuarenta minutos. Con el liderazgo absoluto de Vassilis Spanoulis, los rojiblancos tuvieron un viernes soñado, sellando su billete para la final de la Euroliga tras ver como su eterno rival caía a manos de la poderosa maquinaria del CSKA. 

Juan Carlos Navarro y Boniface N’Dong fueron duda hasta el último momento, pero Xavi Pascual optó por poner en la cancha a su quinteto de gala, en el que volvió a aparecer Chuck Eidson, igual que ante el Real Madrid. Casi cuatro minutos tardaron los azulgranas en inaugurar su marcador, mientras que el Olympiacos ya había tomado velocidad de crucero. Las anotaciones de los griegos en cada cuarto fueron de 17, 16, 17 y 18 puntos, lo que da una idea del acierto constante que mantuvieron durante todo el partido, aprovechándose de los escasos once puntos del Barça en el primer cuarto.

La derrota del Barcelona se explica mejor desde lo anímico que desde lo táctico, ya que los rostros de los jugadores reflejaban, desde los inicios del partido, que no estaban concentrados al cien por cien en el objetivo de alcanzar la final. El cansancio de la temporada regular, la merma de algunos baloncestistas y el desacierto de otros (Marcelinho Huertas y Erazem Lorbek rindieron bastante por debajo de su nivel habitual) se conjuntaron en beneficio de Dusan Ivkovic, que tenía a todos sus jugadores entregándose al máximo de sus posibilidades.

En los últimos minutos, el Barcelona llegó a estar a dos puntos del Olympiacos, pero eso no resta mérito a un equipo que ha evolucionado de manera sorprendente desde que comenzó la Euroliga, hasta el punto de que ahora esperan asaltar al CSKA, que ya está prevenido sobre la dificultad de su empresa tras el susto del Panathinaikos.

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Fotografía: Euroleague.net

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